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“El Maestro se dio vuelta para salir de la habitación, pero antes de retirarse, giró, volvió hacia mí y me dijo: ‘Mirá que te conocemos como una persona muy seria y confiamos en vos’. Nada más. Estaba claro el mensaje”. El que habla es Diego Lugano y se refiere al momento en que perdió definitivamente la titularidad en la selección uruguaya de fútbol, en el Mundial de Brasil 2014. “Me estaba diciendo que tenía que decidir pensando lo mejor para el grupo, no pensando solo en mi deseo personal”, dice el futbolista en Maestro. El legado de Tabárez, editado por Ediciones B. Lugano se había lesionado contra Costa Rica y no se quería perder el partido frente a Inglaterra. Pero no podía practicar. Le pedía al técnico que le diera dos días para recuperarse y volver a entrenar. No era cualquier jugador. Era Lugano. Pero el técnico era Tabárez: “No, Diego, si no entrena, no juega”. Lugano levantó la voz: “¡No me da dos días de descanso!”. Sus 10 años en la selección y su cinta de capitán no le daban ningún privilegio. “Pinchame que voy a entrenar”, le dijo al doctor Pan. Mientras practicaba sentía el murmullo. “Me daba cuenta de que mis compañeros cuchicheaban que me arrastraba. Y era la verdad. Pero no me decían nada”. Más tarde, el kinesiólogo Walter Ferreira le dijo que los otros jugadores comentaban que no podía con esa pierna. Y Lugano se confesó: “No puedo jugar, Walter”. De inmediato se lo dijo a Tabárez, quien le respondió: “Estaba esperando que me dijera eso. Vaya tranquilo, mañana un compañero suyo va a dejar todo en la cancha”.
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La anécdota acapara el capítulo inicial de este libro que los periodistas Luis Eduardo Inzaurralde y Jorge Señorans dedican a analizar el proceso que llevará al entrenador a ser el primer DT en la historia en dirigir a la misma selección en cuatro mundiales.
Esta dupla de periodistas con más de 30 años de trayectoria, principalmente en la sección deportiva de El Observador, ha publicado una veintena de libros sobre fútbol, básquetbol, natación y vóleibol. Esa experiencia y oficio se plasman en un trabajo muy bien escrito y nítido en su concepto: no se trata de una biografía de Tabárez ni un repaso por su extensa carrera profesional, sino de un completo reportaje sobre sus 12 años como seleccionador de la celeste. Los autores no ocultan su posición favorable al desempeño del seleccionador y enfocan el trabajo desde ese lugar, sin necesidad de explicitarlo todo el tiempo con adjetivos, sino con sólido fundamento argumental y documental. Y con especial énfasis en el relato minucioso de cómo era la estructura de la selección nacional antes de 2006 y cómo se edificó la actual, sobre tres pilares: un perfil muy definido de “jugador de selección” (que conjuga aspectos deportivos y humanos), la integración orgánica entre todas las selecciones, desde la Sub-15 a la mayor, y una infraestructura técnica de nivel internacional en el Complejo Uruguay Celeste.
Además del prólogo del DT argentino Marcelo Bielsa (lúcido y elocuente como siempre), en estas 380 páginas están las voces de los principales jugadores que han participado en la selección, como Diego Forlán, Diego Godín, Fernando Muslera, Sebastián Coates y el propio Lugano, junto a la de otros entrenadores, dirigentes y colaboradores de la selección. La investigación se nutre además de un completo material de archivo y del testimonio de Tabárez. Los autores han aclarado que, fiel a su estilo, el técnico los atendió en igualdad de condiciones que a los demás medios de prensa.
Al principio, el libro describe el Proyecto de institucionalización de los procesos de selecciones nacionales y de la formación de futbolistas, tal como se denominó el documento que Tabárez presentó ni bien asumió su cargo, en marzo de 2006 (es el técnico con más años en el cargo en la historia celeste). Cuando recuerda los preparativos para la primera gira, el Maestro describe la realidad que imperaba hasta 2006: “Fuimos a la AUF y no había ningún teléfono de los jugadores. Y tuvimos que llamarlos desde la sede de Tenfield, que era la que tenía los números registrados. Aun así, algunos jugadores no fueron localizables”. Celso Otero, uno de sus laderos, cuenta que para acceder a los futbolistas debía contactar a Edward Vela Yern, de Tenfield, quien tenía la agenda con los teléfonos. “Yo hablaba con él y él me conectaba con el jugador a través de una triangulación. Estaba establecido así”. La falta de previsión que pinta el libro era tal que en la primera práctica de esa gira, en Estados Unidos, fue necesario llamar a dos jóvenes hinchas uruguayos que presenciaban el entrenamiento para poder completar dos equipos en un “táctico” de 11 contra 11.
El libro también describe la dimensión humana del proceso Tabárez. Un integrante del cuerpo técnico cuenta cómo una noche vio a Forlán retirarse de una práctica en el complejo; su figura se perdía en la oscuridad y desaparecía totalmente debido a la falta de luz, hasta que en la penumbra se encendieron los focos de su vehículo. En la siguiente citación ya estaba instalada la nueva iluminación del estacionamiento. También se cuenta cómo se creó una biblioteca en la concentración.
Cada pocas líneas, Tabárez pronuncia la palabra “respeto”. Maestro lo condensa en dos imágenes: los adolescentes que hacen sus primeras armas en una selección y son recibidos por un integrante de la mayor, y la contraseña que todos manejan en ese lugar: “Buen día, muchas gracias, hasta mañana”. Este libro prueba cómo la buena planificación da sus frutos y puede ser un adecuado aporte para que los clubes uruguayos de fútbol puedan comenzar a aplicar un modelo de liderazgo y conducción que tienen en sus narices y que por lo general es ignorado. Y pensar que en buena medida todo esto ha sido posible gracias a la mano de Suárez contra Ghana. Es que a veces, para alcanzar la recompensa, el camino es sinuoso, misterioso y contradictorio.
Biblioteca celeste.
En los últimos años el fenómeno de la identificación popular con la selección ha originado un cúmulo de libros sobre la selección nacional que justifica una etiqueta en los estantes de las librerías. Luego de Sudáfrica aparecieron La fiesta inolvidable, de Tato López, Vamos que vamos, de Ana Laura Lissardy, y Más cerca del cielo, de Marcelo Singer, entre otros. Luis Prats aprovechó el momento para actualizar su Crónica celeste, editada en 2000. Poco después de Brasil 2014 el investigador franco-uruguayo Pierre Arrighi publicó 1924. Primera Copa del Mundo de Fútbol de la FIFA, contundente alegato a favor de que los oros olímpicos de Colombes y Ámsterdam cuentan como mundiales. Y ese mismo año el periodista uruguayo Andreas Campomar, radicado en Inglaterra, publicó Golazo, una crónica de la historia del fútbol latinoamericano “de los aztecas a la Copa del Mundo”. En 2015, poco después de su muerte, se editó Ghiggia: biografía oficial (Planeta, 2015), escrita por un joven diseñador gráfico de Progreso (Canelones) llamado Fernando Soria, que contiene la última entrevista que dio el héroe de Maracaná.
Ahora, la ola celeste incluye Uruguay en los mundiales, de Ricardo Piñeyrúa, Gerardo Caetano y el equipo de 13 a 0 (Planeta), un repaso de las 12 participaciones celestes en los mundiales, y Nuestra generación dorada (Aguilar), de Diego Muñoz, con reportajes a Óscar Tabárez, Luis Suárez, Edinson Cavani, Diego Godín, Josema Giménez y Federico Valverde.