Para Argentina que lo mira por tevé

Con la serie Un paseo por…, Néstor Montalbano narra la historia de su país en imágenes

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Nº 2121 - 6 al 12 de Mayo de 2021

escribe Javier Alfonso

“En 1990 el costo de vida aumentó un 1.350 por ciento”, reza la leyenda. “Compatriotas, hoy los argentinos tenemos una moneda que no se devalúa ni se devaluará”, dice Domingo Cavallo. “Cabe recordar que durante el día de ayer, y por pedido del señor jefe del Estado Mayor”, declara a cámara un soldado, vocero de una sublevación militar en Villa Martelli. Suenan dos balazos y se ve un cuerpo tirado boca abajo, con un agujero de bala en la espalda. “22/2/58 Fangio corre el Gran Premio de Cuba”, dice otra leyenda. “Dios quiera que Argentina, lo necesitamos todos, lo necesita el país y lo necesito yo y lo necesita Bilardo”, responde Diego Maradona a la pregunta “¿quién gana el mundial?”. “El carnaval de La Rioja huele a algarroba y chancada, mientras crece pecho adentro la sombra de la vidala”, recita Carlos Menem, presentador de un concierto de Los Chalchaleros, y aparece con camiseta, short y medias de la selección argentina dominando una pelota, rodeado de fotógrafos.

Estas escenas están contenidas en la serie publicada en YouTube Un paseo por... El título de cada episodio se completa con el año en cuestión. Estos anuarios compilan material audiovisual producido en Argentina desde los inicios del cine y la televisión hasta el presente. Hay fragmentos de películas, programas de televisión, publicidades, transmisiones especiales de partidos de fútbol, recitales, actos políticos como el caótico regreso de Perón a Argentina en 1973, que dejó decenas de muertos en una auténtica batalla a tiros entre bandos del peronismo en Ezeiza.

El autor de estos videos que acumulan varios millones de visualizaciones es el cineasta, guionista y productor argentino Néstor Montalbano, quien cuenta en su currículum con éxitos como Cha Cha Cha, ícono de los años 90, con Alfredo Casero, Diego Capusotto y Fabio Alberti, y Todo por dos pesos, la popular serie encabezada por Capusotto en los 2000. En 2018 Montalbano estrenó No llores por mí, Inglaterra, filme rodado mayoritariamente en Uruguay que vincula en tono paródico las invasiones inglesas con el origen del fútbol en el Río de la Plata. Luego se embarcó en esta empresa titánica, cuyas realizaciones, totalmente artesanales pero impecables desde el punto de vista narrativo y comunicacional, se pueden encontrar en el canal de YouTube Néstor Montalbano con denominaciones como Un paseo por 1966 o Un paseo por 1991 (también se puede buscar, por ejemplo, por Año 1966 o Año 1991).

Tras un año y medio, Un paseo por... lleva más de 40 episodios publicados. El metraje de cada capítulo es muy variable. Los más breves rondan los 25 minutos, la mayoría dura unos 45, y algunos superan los 80, según el material de archivo al que accede Montalbano, quien además de editar esta serie también es su productor y diseñador gráfico. Cada episodio registra entre 200.000 y 500.000 visualizaciones y, luego de Argentina, como no podría ser de otra manera, Uruguay es el segundo país con más audiencia.

El confinamiento fue clave para que este proyecto, iniciado a fines de 2019, tuviera un desarrollo mayor al previsto por su autor. Pero además de faraónico, este emprendimiento audiovisual es absolutamente incompatible con cualquier tipo de negocio. Tal como ha expresado Agustín Ferrando sobre su Tiranos temblad, Montalbano define su creación como “un hobbie” y subraya que no le interesa monetizarlo. “Es un trabajo que me apasiona y me entretiene durante mis horas libres”, cuenta a Búsqueda a través de una llamada de WhatsApp, desde su apartamento en el barrio porteño de Almagro. Las horas libres de Montalbano ocupan algo de la tarde y toda la madrugada. “Por lo general paso desde las once de la noche a las cinco o seis de la mañana editando, y después duermo hasta el mediodía”, dice. Trabaja con una PC vieja que tiene instalada una de las primeras versiones del programa de edición de video Premier.

Nacido en la localidad bonaerense de 9 de Julio hace casi 60 años y radicado en la capital desde su juventud, Montalbano explica que esta serie solo es posible si no tiene fines de lucro, por el factor derechos de autor. “Si no la monetizás, YouTube te permite la publicación por los convenios que tiene vigentes, pero si quisiera comercializar esto no podría por los copyright. Siento que a la gente le gusta mucho, me lo hace saber y ahora me siento con la responsabilidad de avanzar en el rigor documental. Por eso paré en los 90 y estoy mejorando los primeros que hice, de los años 40 a los 60”. Cuenta que en los últimos tiempos ha recibido ofrecimientos para llevar sus paseos a la televisión, pero los ha rechazado sistemáticamente. “Tampoco me quiero arrogar ser un historiador. Lo que hago es presentar y entrelazar hechos con mi sensibilidad particular, desde un punto de vista artístico, buscando provocar una emoción. Es un producto que provoca y remueve cosas, sin dudas, porque uno habla de cosas del pasado que a cada uno nos tocaron de manera distinta. Pero es solo eso, y así tengo toda la libertad de hacerlo como quiera. Me interesa tener las riendas y elegir qué imágenes uso y cómo. Humildemente, lo hago con un sentimiento artístico”.

A diferencia de Tiranos temblad, que prescinde expresamente de algunas pasiones populares como la política y el deporte por la controversia que despiertan, la vida política, social y deportiva argentina son protagonistas centrales de estos videos. “Los argentinos vivimos muy motivados por la política. Somos un pueblo de pasiones y oscilaciones constantes. Y eso hace que en cada anuario se genere una especie de película, con todos los ingredientes: el conflicto y los personajes. Cada año está sostenido por dos o tres conflictos fuertes. Y eso ayuda a que sean narraciones”, explica el autor.

Revolver y revolver.

Gran parte del atractivo de estos videos está en la riqueza documental a la que accede Montalbano. Hay desde piezas en celuloide producidas para las pantallas, como aquellos viejos cortometrajes que ilustraban la vida ciudadana o rural, que eran proyectados en los informativos y que también se proyectaban en salas, a grabaciones caseras en VHS. Resulta deslumbrante ver imágenes del Obelisco porteño enjardinado y rodeado de autos de los años 40 y 50. También es increíble presenciar una batahola política en la plaza de Mayo en los 70. Del mismo modo, un melómano puede hacerse un festival con los abundantes videos de conciertos de estrellas de rock internacionales como Prince, Joe Cocker, Billy Idol e INXS que se acumulan en los anuarios de principios de los 90, cuando Argentina, con el famoso uno a uno, se convirtió en la nueva tierra prometida de las principales figuras del mainstream musical. Sin embargo, Montalbano, que no trabaja en Uruguay, lamenta la escasa cultura de conservar archivos audiovisuales que, a su juicio, padece su país. “Revuelvo mucho en todos lados, hablo con amigos y desconocidos que pueden tener algo valioso. La mayor parte está en el Archivo General de la Nación. También hay mucha cosa desperdigada en Internet. Busco en muchas páginas y en YouTube. Ahí viene lo del copyright. Me hice ducho en buscar afuera, en archivos de imágenes internacionales. Hay muchos archivos que se han abierto, liberando material. A esos lugares hay que ir con información precisa de qué estás buscando. Si no, no encontrás nada”.

Vendidos, quemados y acelerados.

Montalbano ratifica que la vieja práctica de borrar casetes valiosos para grabar notas para el informativo, tan extendida en la televisión uruguaya, también afectó a los archivos argentinos. “Acá también pasó, es una pena que no haya habido un criterio de preservación. Y el problema más grave está en los 80. Yo pertenezco a esa generación. Laburábamos en u-matic pero el casete era caro y cada tanto te salía una nota, no tenías uno nuevo y no tenías más remedio que borrar uno. Por otra parte, en Argentina algunos privados compraron o se apropiaron de archivos muy valiosos de los canales de televisión y comercializan ese material como mercadería. Venden carísimas las imágenes. Hay famosos que han comprado mucho material de Telefé, por ejemplo. También se quemaron archivos a propósito en Canal 7. Desgraciadamente, salvo lo que preservó la TV Pública, que está todo publicado online, y yo uso mucho de ahí, lo que nos queda de los 80 son grabaciones particulares en VHS. En cambio, en el Archivo de la Nación hay mucho material antiguo porque era fílmico, que no se borra y tiene mejor calidad. Hay cosas increíbles de los 50 y 60. En vez de evolucionar, atrasamos”.

El trabajo que está haciendo Montalbano incluso revaloriza este patrimonio documental porque en gran parte de sus paseos mejora el sonido de las copias. “Me lleva muchas horas mejorar la imagen y el sonido. Es lo que más me gusta y me entretiene de todo este trabajo. Agarro un noticiero fílmico todo acelerado y le bajo el pitch de la voz para que suene natural. Entonces en vez de escuchar a Evita gritando todo agudo como en un dibujito, escuchás un audio mucho menos estridente que lo que hemos escuchado siempre, más parecido a su voz original”.

El tratamiento gráfico de Un paseo por... es simple y directo. Titulares en clave Crónica TV que dicen “Panamericana: Un tanque chocó un colectivo” o “Inflación febrero: 61,6%” en letras celestes, bien grandes. “La verdad es que edito con muchas limitaciones técnicas, y hago lo que este software viejo que uso me permite. No me interesa actualizarlo porque lo que me da me sirve. Lo hago con una máquina que echa humo, pero el concepto estético de la gráfica viene más del corazón que desde lo académico. ¡Esto se merece un título a lo Crónica! y ¡fa, se lo mando! Ahí aparece el humor y esa búsqueda de desacartonar, sacarle esa solemnidad que muchas veces tiene este material documental viejo”.

Con la música, Montalbano opera igual: la usa con un criterio emocional. “Creo que todos sabemos más o menos lo que pasó, y si uno entrelaza estos anuarios en una cronología lo dejo al espectador para que con su libre pensamiento saque sus conclusiones. Siempre hay un lugar donde aparece mi subjetividad, es verdad, y muchas veces eso está dado por la música. Este tipo merece atención, pero también merece una audiencia conmovida por este tema. Este no, este es un hijo de puta. ¿Entendés?”. Así, reconoce que no le interesa la imparcialidad o la neutralidad. “No, está claro, no me lo creo eso de la objetividad. Una vez, cuando empecé a hacer los años 90, me escribió un tipo y me dijo: ‘Yo hasta los de los 90 lo disfruté mucho, pero ahora sospecho que usted es antimenemista, y yo con Menem la pasé muy bien, así que no podré disfrutar más de sus videos, me doy cuenta de su intención’. ¡Y era verdad! (ríe) De todos modos creo que los hechos están cantados y no hace falta subrayar nada. Lo que sí uno puede es caricaturizar, puede hacer un poco más grotescas determinadas situaciones. Y eso no lo resolvés con la ideología punzante. Lo que te salva ahí es el humor”.

El otro gran valor que Montalbano pretende defender es lo cotidiano, lo mundano. “Me interesa que la historia quede más alrededor nuestro que alrededor del relato político, que siempre te lleva a tomar definiciones sobre tu pasado, como: ‘Y… yo en esa época de la dictadura pensaba esto, la concha de su madre, fue todo un horror’. No sé si fue todo una mierda: te enamoraste también. Ibas a un boliche a bailar y te quedaron los Bee Gees en la cabeza. Qué sé yo. La vida está hecha de esas pequeñas cosas. No todo es la inflación y quién es el hijo de puta del ministro de Economía”.

Vida Cultural
2021-05-05T23:01:00