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    Para Verónica Alonso, es “un hecho” el tercer espacio en el Partido Nacional y cree “necesario” que de ahí surja un nuevo candidato

    Tiene el discurso y la pose de candidata. Está en ese plan y lo comunica en cada gesto. Sin embargo, esquiva una y otra vez la pregunta. La senadora Verónica Alonso acaba de anunciar la formación de un nuevo espacio dentro del Partido Nacional, que la tiene como cara visible junto al intendente de Cerro Largo, Sergio Botana, pero no quiere hablar de su candidatura. Esquiva. Dice que en el 2018 se verá quiénes de los que integran esta tercera vía blanca saltarán al ruedo electoral para competirles a Luis Lacalle Pou y a Jorge Larrañaga. Pero mientras tanto, Alonso se mide. Mira las encuestas, marca perfil, busca asesoramiento con los mismos que le manejaron la campaña a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, consulta cada tanto al especialista ecuatoriano Jaime Durán Barba aunque “tenga números que no son de Uruguay”. Y además propone un discurso descentralizador, con una impronta “federal y popular”, para ganarse la complicidad del grupo de intendentes que amagan con alejarse del paraguas de Larrañaga.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    ¿Por qué cree que es necesaria una tercera vía en el Partido Nacional?

    —Porque necesitamos hacer crecer al Partido Nacional. La realidad nos muestra que si uno mira los resultados para atrás, no muy lejos, da al Partido Nacional con un 30%, 31%, y hoy empieza a haber distintos grupos que pretenden hacer crecer al partido, alcanzar un 37%, 38% que permitan ganar y gobernar. Y con distintas improntas, además. Si algo me confirmó el 2017—que fue un año en el que aprovechamos para escuchar y recorrer—, fue que muchos nos dijeron que están muy bien las precandidaturas que existen, pero se necesita algo más. Hay como una especie de sensación, me cuesta traducirlo en palabras, como una necesidad de generar algo…

    —¿No basta con la oferta tradicional del herrerismo y el wilsonismo, o con los mismos precandidatos?

    —Exactamente. Capaz que no sé desde lo conceptual, pero sí desde las figuras. Y esto no es contra de nadie. Por supuesto que están muy bien las precandidaturas de Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga, dos líderes afianzados en el partido, pero yo sentía la necesidad, y se me confirmó la necesidad de muchos, de generar esta otra pata. Sobre todo con ese norte de ayudar a crecer al partido y pensando a favor del partido y no en contra de nadie.

    ¿De esta tercera vía va a salir sí o sí una precandidatura?

    —Sí. Lo que queda claro es que el tercer espacio es un hecho, que busca ayudar a crecer al partido, y que más allá de las precandidaturas que existen se necesita otra. También está claro que esto no es un proyecto individual y no está basado en una precandidatura. Este no es el proyecto de Verónica Alonso, ni de Sergio Botana o de Pablo Iturralde. Es un proyecto colectivo que va a resolver el tema de la candidatura en 2018. Y que lo hará entre todos los que estén conformando este espacio, que estoy convencida van a ser muchos más. Hoy la realidad es que este tercer espacio está basado en temas y no en figuras.

    Pero hay algunas figuras más visibles que otras.

    —Está bien. Eso se va a resolver en el 2018 con los que estemos, entre quienes quieran asumir esa responsabilidad y entre quienes interpreten lo que dice la gente, que en el día a día dice muchas cosas. Y eso lo van a decir también los números, las encuestas, es un gran combo.

    Igual llamaría la atención que de este espacio salga otra candidatura que no sea la suya: es la cara más visible.

    —Bueno… En estas cosas no hay que apurarse ni apurar al resto de los compañeros y los dirigentes. Insisto, lo más importante es que esto no está basado en un proyecto individual.

    Muchos de sus compañeros en esta agrupación provienen de Alianza Nacional. ¿Cree que eso puede conspirar contra la suerte de Larrañaga?

    —La idea no es sacarle gente a nadie, no es un roba montón, es tratar de sumar.

    Por supuesto que adentro del partido, el sector que hoy está más afectado es Alianza, pero ojalá que esto sea bueno para todos. Hay que sacarse esos miedos de mantener todo quietito como está, mantener el statu quo.

    ¿En que se diferencia su espacio con los otros sectores del Partido Nacional?

    —Que justamente esto está basado en temas y no necesariamente en figuras. Con una impronta federal y popular. Y para mí ese es el tema más importante. Se ha instalado, por ajenos y por propios, que el Partido Nacional es enemigo del Estado y de las políticas sociales. Hay como una cosa instalada, una especie de, no sé si llamarla leyenda urbana, quizás por algunas cosas que pasaron en los años 90. Nosotros en este espacio lo que planteamos es que somos amigos del Estado y somos amigos de las políticas sociales. No somos amigos de este Estado ineficiente y burocrático de los últimos años, somos amigos de un Estado presente que hoy, en muchas casos, está ausente, basta recorrer el interior del país. Cuando nosotros decimos un Estado moderno, eficiente y presente nos basamos en muchos casos de gobiernos departamentales, que es el que termina resolviendo los problemas cotidianos sin tener los recursos que tiene el gobierno central. En el caso de la educación, la realidad es que el diseño institucional educativo fracasó. Yo sé que hay temas que pueden ser intocables, como la autonomía, pero estoy convencida de que se necesita un debate y cambiar el diseño institucional: sobre todo en el tema de la administración y los recursos, no en los contenidos, que va por otro lado. Lo que planteamos es la descentralización: descentralizar las decisiones y federalizar los presupuestos.

    ¿A qué se refiere con federalizar los presupuestos?

    —Hablo desde la infraestructura edilicia, que si a una directora de liceo se le llueve el techo, tiene que pedir respuestas al centralismo capitalino y muchas veces ese pedido significa meses, años o nunca. Y en ese tiempo los gurises pierden días de clase. Lo que planteamos es descentralizar la toma de decisiones en los gobiernos departamentales. Es que, al final, los intendentes son los que terminan resolviendo los recursos para esa escuela, o los que resuelven una policlínica o los que resuelven si hay una inundación.

    Son los que van apagando incendios.

    —Exacto. Y yo voy a la práctico: una escuela en Tambores es difícil que pueda pedir a Montevideo que tenga la capacidad de ver sus problemas concretos. No se conoce la realidad del día a día. Descentralicemos la toma de decisiones en estos temas y federalicemos los presupuestos. Yo sé que en educación hay una palabra sagrada que es la autonomía, pero hay una autonomía mal entendida. Yo quiero una más eficiente, más concreta. Cuando vos vas al interior y preguntás quién es la ministra de Educación, yo qué sé, te dicen. No tienen la menor idea. Ahora, saben quién es el intendente y que muchas veces resuelve los problemas. Bajemos y demos poder y toma de decisiones para que el gobierno departamental termine siendo ese Estado presente que hace falta. Esto lo digo en el tema de la educación, pero también aplica para la salud y la seguridad. ¿Por qué no podemos ir a un modelo mucho más federal? Sabiendo que no somos Argentina, pero deberíamos, en algunos temas, descentralizar las decisiones y la ejecución de los presupuestos. Lo que resume todo esto es un Estado presente.

    ¿Cómo se para el espacio en cuanto a las políticas sociales?

    —En alguna campaña decían que cuando asuma el Partido Nacional, se van a acabar. Nosotros creemos en las políticas sociales. Por supuesto que hay que medir, evaluar y establecer objetivos. Creo que ha habido una mala focalización, y territorialmente no está bien manejado. No solo no hay que sacar las políticas sociales, sino tratar de establecer que durante dos años no se les saque el plan a los que buscan y consiguen un trabajo formal. Porque a esa persona le damos una seguridad y un respaldo para dejar sus changas. Lo más duro de la pobreza no es no tener un plato de comida, lo más duro es creer que nunca se va a poder salir de ella. Nosotros podemos vivir en un país donde la pobreza no se herede, y ese es el objetivo más grande que tiene que tener una política social: que hay que ayudar para transmitirles a las generaciones que la pobreza no se tiene que heredar, no se debe heredar. ¿Se puede? Estoy segura que se puede. ¿Cómo? Ahí es donde creo que hay que poner el foco en la primera infancia, parece de Perogrullo hablar de esto, pero hay que hacerlo. Hay que poner el foco donde hay que ponerlo. Lo que siento muchas veces, hablando desde ministros para abajo, es que en algunos casos han tirado la toalla. Han perdido esa capacidad de decir que esto lo podemos cambiar.

    ¿Quién cree que tiró la toalla?

    —No le pongo nombre, pero siento que en varios referentes del gobierno hay una especie de resignación. Y también desde la oposición hay una suerte de idea de que esto no lo cambia nadie. Señores, somos tres millones. Si nosotros no tenemos la capacidad de cambiar la realidad de tres millones, teniendo los recursos y gente dispuesta… yo estoy convencida de que podemos cambiar esa realidad. Por supuesto que hay que hacer determinados cambios que son profundos. Pero lo que siento es que ninguno se anima a salir de su zona de confort. Para mí, los cambios que el país necesita implican coraje. Y no todos están dispuestos a pagar costos políticos; quedó demostrado con esto de los “cincuentones” y el sistema de seguridad social. Ninguno está dispuesto a pagar costos políticos. Y hay que pagarlos para encarar tres reformas que son muy necesarias: la de la educación, donde hay que tocar algunos conceptos como la autonomía, la reforma del Estado y la de la seguridad social. El país necesita que se aborden profundamente estos temas. Y para eso no hay magia, implica animarse, tener coraje y tener la capacidad de diálogo con todos.

    ¿Le ha traído dolores de cabeza su vínculo político con los pastores evangélicos?

    —No; a ver. No lo pienso como dolores de cabeza. Podemos tener posturas distintas. No pensamos todos lo mismo. No somos una tribu donde todos pensamos igual. Tenemos miradas distintas y no por eso dejo de compartir otras cosas que me parecen importantes, y por eso trabajamos juntos.

    O sea que esa es una alianza que seguirá funcionando.

    —Si ellos entienden que soy la referente o la persona que quieren apoyar, no me niego a que me quieran apoyar. Y seguiré marcándoles las cosas que creo que están mal.

    ¿Cree que tiene que haber sí o sí una mujer en la fórmula del Partido Nacional?

    —Si es por la sociedad que quiero, me gustaría. Si es para ponerla para que quede linda para la foto, no me gusta nada. Una mujer tiene que estar si la gente lo entiende así en las urnas. Con votos y no en fórmulas digitadas.

    ¿Y piensa que en el Partido Nacional se han bajado las barreras del machismo?

    —(Piensa un rato) Quiero creer que sí. Creo que en los partidos políticos hay mucha más resistencia a las mujeres que en el resto de la sociedad. Y en el Partido Nacional sigue habiendo resistencias. Y esas barreras las tenemos que ir rompiendo hombres y mujeres.

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