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“No debe haber cosa más desvalida en el mundo que un domingo sin fútbol”, dice el narrador del primer cuento, Ruido de tapones. Un lector desapasionado y poco futbolero podrá pensar que este libro no le interesa, que ya alcanza con la cháchara de los comentaristas deportivos. Sin embargo, ese lector sacrílego debe continuar leyendo porque en Razones de la pelota (Alfaguara, 2019, 149 páginas) el fútbol es una excusa para hablar de otros temas.
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En estos 14 relatos breves, Luis Fernando Iglesias (El hombre que despertaba, Todas las cosas deben suceder, Ideación/Psiglo) recurre tanto a sus recuerdos personales, como a ilusiones colectivas, sueños incumplidos o hechos de dudosa realidad que ubican al libro entre la biografía y la ficción. Con un poco de nostalgia y otro poco de ironía, va creando pequeños perfiles de figuras del ámbito deportivo o de su entorno.
“Es indudable que el apellido González tiene una sonoridad ideal para ser el último integrante de una formación”, dice el narrador de No es así, pibe, para presentar a Luis González, un jugador de Bella Unión que terminó jugando en Fénix. Un hombre que había nacido con “una habilidad impresionante y una picardía a toda prueba”, para ser puntero izquierdo, aunque hay patadas en la vida que llevan hacia el lado derecho.
Es 1974 y un grupo de niños sale corriendo del Elbio Fernández para ver jugar a Uruguay en el Mundial de Alemania. Muchos años después uno de ellos reflexiona sobre un sentimiento de pérdida y de derrota: “Como una atroz revelación, entendimos cuán lejos del mundo estábamos. A solas, con nuestro juego lento y nuestra dictadura”.
Es 1966 y en Colonia hay un niño fanático de Juventud que no puede ir a ver la final de su cuadro. Pero ese día de fiebre y rabia, su padre y los jugadores le dan una alegría que llega con ruido a tapones de cuero sobre el pavimento. Años después ese niño vive en Montevideo, se hace hincha de Nacional, como su padre, quien al morir recibió del club una medalla a sus 50 años de socio.
Y por allí están presentes otros “padres” futboleros y grandes narradores, como Osvaldo Soriano y Roberto Fontanarrosa, quienes a través del fútbol también supieron hablar de la vida.