Un termómetro de esto es la baja en la superficie de permisos presentados ante la Intendencia, que en 2011 se había triplicado y alcanzaron a 53.700 metros cuadrados, pero en 2012 cayó a 35.700.
En la rambla costanera de Colonia del Sacramento en algunos edificios en obra se trabaja sin prisa pues los negocios se enlentecieron y el mercado de viviendas a la venta y en alquiler está “cada vez más trabado”, según operadores. Las trabas de Argentina, el cambio que no favorece y los altos precios explican el “semiachate”, afirmó el director del Departamento de Arquitectura de la comuna de Colonia, Manuel Odriozola.
“La fiebre de Montes del Plata ya pasó” y se están terminando los alquileres de U$S 4.000 al mes, aseguró.
La actividad turística también se vio afectada. Desde el restaurante La Pasiva, Mario Peirano, presidente de la Asociación Turística de Colonia, señala al cajero de uno de los tres bancos principales: una fila de más de 10 personas que esperan, y esperarán más de una hora sin siquiera moverse. Buscan acceder al “dólar Colonia”, un escape a las restricciones cambiarias argentinas (aunque los retiros con tarjetas de crédito en Uruguay quedaron topeados a U$S 50 mensuales por una nueva medida de la Administración Federal de Ingresos Públicos). Los operadores lo llaman el “turismo que no es” porque los argentinos “se traen todo, hasta el agua mineral, y vienen por el día. Vienen con un fin muy específico y especulativo”, comentó Peirano.
Los servicios acusan la merma. Los dueños de restaurantes dicen que, a veces, vuelven a verse fines de semana con mesas completas. En una parrillada con capacidad para 300 personas, un mozo mostró el jueves 23 un monitor lleno de cuadrados en verde: todas las mesas estaban vacías.
“Debemos haber bajado un 30% de lo que trabajábamos otras temporadas. El gran problema es que hay gastos fijos y el negocio ha bajado pila. Los fines de semana sigue viniendo algún turista, pero entre semana es muy difícil de sostener”, comentó Andrés Sobrero, presidente de la Cámara Gastronómica del departamento.
Hoy en su restaurante trabajan con la misma mentalidad que en la crisis económica de 2002: “Esto es un equipo, hay que arremangarse” y cuando se va personal, no se repone. “Si sigue este panorama, muchos de los que pagamos alquiler vamos a quedar en el camino. Ya han cerrado cuatro o cinco restaurantes”, aseguró Sobrero.
El restaurante del Hotel Mirador está vacío, con la excepción de una única mesa. Gustavo Silvera presidente de la Cámara Hotelera de Colonia y encargado del emprendimiento, dice que le está costando mantener algunos servicios como el de restaurante, la piscina climatizada y la cancha de tenis. Los números del negocio le están dando justo.
En la última temporada de verano la hotelería de Colonia no llegó a una ocupación plena; algunos sábados y domingos rondaron el 90%, y entre semana fue bastante menos. El sector afirma que perdió entre 30% y 35% de su rentabilidad y que para llegar a una ocupación de 50% regalan noches o late check out. Los turistas que bajan del barco y se quedan en un hotel hacen todos la misma parada: el supermercado más cercano, para gastar poco.
Silvera aseguró que no han cerrado hoteles, pero algunos propietarios piensan en eso. Para que haya una crisis en el sector no hay que esperar a la próxima temporada, dijo; los números darán en rojo ya en el invierno.
Hasta ahora algunos hoteles lograron sortear las dificultades gracias a la ocupación que les generaban los operarios que construyen la fábrica de Montes del Plata, del consorcio conformado por la chilena Arauco y la sueco-finlandesa Stora-Enso. Eso daba un 20% de ocupación fija, aunque a una tarifa “corporativa” según Silvera.
Pero el efecto de esa obra —con una inversión cercana a los U$S 2.000 millones— se está acabando. Para todos.
En una tienda de electrodomésticos céntrica dos vendedoras esperan. Es mediodía y no entró ningún cliente. Antes, dicen, “los de Montes del Plata” estaban equipando sus casas. Ahora eso se cortó.
La “ciudad” en obra.
El movimiento es continuo en “la ciudad” de Montes del Plata —señales de tránsito, puestos de ambulancia y calles con alumbrado, una terminal de ómnibus— donde confluyen unos 5.000 obreros trabajando en la construcción; en la fase inicial, en 2011, llegaron a trabajar otros mil más.
Ahora, la obra civil está casi terminada y el montaje mecánico se realiza durante las 24 horas del día, aunque a las seis de la mañana el trajín se multiplica. El predio donde se desarrolla la construcción ocupa unas 300 hectáreas.
Una luz roja centra la atención: proviene de la grúa principal que se levanta en lo que se asemeja a un gran edificio y que funcionará como la caldera de la nueva fábrica.
Al caer la tarde, en dirección a Conchillas por la fina ruta 21, un continuo desfile de vehículos que transportan a los obreros se precipita rumbo a Colonia del Sacramento, Juan Lacaze, Tarariras, Ombúes de Lavalle, Rosario y otras localidades colonienses.
El nuevo emprendimiento —que se espera que en 2014 empiece a producir pasta de celulosa con destino a la exportación y empleando a unos 500 operarios— revitalizará el sector fabril del departamento, que históricamente estuvo localizado en Juan Lacaze pero en años recientes perdió vigor.
Buscando competitividad.
Avanzando por la ruta 54, la actividad de la Fábrica Nacional de Papel (Fanapel) sobresale con sus chimeneas humeando vapor al ingresar a la ciudad de Juan Lacaze.
Esa papelera es hoy la principal industria de esa localidad y una de las mayores del departamento, aunque está en discusión medidas para atacar sus problemas de competitividad (ver nota aparte).
En el pasado la textil Campomar y Soulas daba trabajo a más de 2.000 trabajadores; hoy en el mismo predio del viejo edificio se estructura un “parque industrial”, donde operan una decena de empresas.
El monumento “Los brazos de Campomar” hace homenaje al empresario que fundó aquella industria y cuya chimenea —edificada en 1906— contigua a la caldera de leña sigue activa hasta hoy con una textil en reestructura, que emplea a algo más de 100 operarios: Agolán. Esa fábrica, que pertenece a la Corporación Nacional para el Desarrollo, busca “llegar a ser competitiva” tras haber reducido su plantilla de personal, concretado inversiones en maquinaria y concentrado el proceso productivo en unas pocas naves del antiguo edificio, explicó su gerente de producción, Jorge Antúnez. La planta industrial tiene varias cuadras de largo.
Desde su gran portón —donde la cercanía del Río de la Plata hace sentir un aire fresco que recorre los altos muros de ladrillo blanqueados— hasta los amplios galpones donde funcionan telares, máquinas de carda, teñido, centrifugadoras, continuas, urdidoras y otros equipamientos, un puñado de obreros realizan tareas.
A la intemperie, algunas máquinas viejas se oxidan; es que nuevos telares tejen frazadas, mantas, tela de camisas y tapados que se venden a mercados regionales y a Estados Unidos.
La materia prima en fardos está apilada y algunos vellones sueltos sobrevuelan el piso del depósito.
Impulso logístico.
Una realidad mucho más dinámica muestra el polo logístico en torno al puerto de Nueva Palmira, impulsada por una cosecha de granos que colma los silos y las bodegas de los barcos.
Un grupo de trabajadores de una empresa naviera acaba de almorzar en un local de comidas ubicado a unas cuadras del puerto y se apresta a ingresar a ese recinto. En el recorrido desde el centro de esa ciudad hasta las instalaciones portuarias, y casi enfrente a las mismas, se observan algunas casas que quedaron rodeadas por varios cruces de caminos. Por allí pasan unos 400 camiones diarios en este momento de plena cosecha de soja.
El intenso movimiento tiene efectos variados que provocan un “conflicto de intereses” en una población que no llega a los 10.000 habitantes, según el último censo. Por un lado, da trabajo y desarrolla los servicios. Por otro, el paso de los camiones crea una “nube de polvo” que cuando cae la tarde puede divisarse desde varios kilómetros, causando “problemas respiratorios” cada vez más frecuentes entre los lugareños, dijeron vecinos.
De las 2.481 explotaciones agropecuarias que en Uruguay tienen como principal fuente de ingreso la producción de granos, 538 están en el departamento de Colonia, conforme con registros oficiales.
Hace unos 10 años el puerto movía solamente mercaderías en tránsito provenientes de Paraguay y Bolivia, y a medida que creció la producción agrícola en Uruguay tuvo un aumento incesante de actividad. “De mover cero producto uruguayo en 2002 Nueva Palmira pasó a cargar casi ocho millones de toneladas en 2012, principalmente de granos”, destacó el gerente de planta de la compañía Navios, Wilde Schenck.
En la terminal de esa empresa, que canaliza cerca del 60% de los commodities agrícolas del país, se observan inmensas instalaciones metálicas que contienen cintas transportadas de granos que sirven de puente entre los depósitos repletos de soja y las bodegas de los barcos.
Schenck adelantó que entre fines de este año y principio de 2014 Navios invertirá unos U$S 22 millones para instalar una segunda cinta transportadora que permitirá incrementar la capacidad de embarque de las actuales 400.000 toneladas mensuales a 600.000. La nueva cinta incrementará la velocidad de carga a 1.200 toneladas por hora.
El ejecutivo de Navios consideró que para entender la necesidad de inversiones en la cadena lógistica es importante dimensionar el crecimiento de la producción agrícola, que en el caso del principal cultivo —la soja— este año superará los tres millones de toneladas.
En ese puerto, ubicado a pocos kilómetros del límite con Soriano, el jueves 23 eran cargadas casi en simultáneo tres embarcaciones, principalmente con ese grano y en menor cantidad con pasta de celulosa. Y a pocos metros otros buques esperaban su turno para pasar por el mismo proceso.
En el entorno del puerto de Nueva Palmira, donde se concentra una gran cantidad de palomas que buscan los granos caídos de los camiones, una cuadrilla de obreros realiza obras de la instalación de cañerías que transportarán fertilizantes líquidos desde centros de abastecimiento construidos por empresas privadas del sector. Esta es una novedosa actividad que se sumará al puerto a partir del mes próximo, señaló el capitán de puerto de Palmira, Álvaro Llanes.
Navios tiene 140 empleados directos y 100 contratados para obras y tareas en puertos. Para Schenck, “el efecto multiplicador más importante está en la cadena logística por el movimiento de camiones, servicios que se prestan a los barcos, que muchas veces no se tienen en cuenta como gastronomía, informática, repuestos” y otros.
Cada año “crecen como hongos” las plantas de acopio de granos pertenecientes a las empresas exportadoras que en los silos pueden administrar la entrada y salida de los productos, a medida que se levanta la cosecha esos depósitos se cargan con lo que traen los camiones y de ahí la mercadería va hacia los barcos, comentó.
Y estimó que el 90% de la economía de Nueva Palmira está vinculada al movimiento portuario.
Cada día que pasa el barco amarrado frente al puerto tiene un costo de entre U$S 20.000 y U$S 25.000, informó el gerente de logística de Cereoil, Sergio Gasagoite.
Esa empresa es la mayor exportadora de soja de Uruguay, con 184.000 toneladas por un monto de U$S 97 millones, según datos desde el 1º de enero al jueves 23 del Instituto Uruguay XXI.
“Venimos creciendo entre 15% y 18% anual en base a producción propia y la compra de granos a 500 productores de diferentes puntos” del país, contó.
Gasagoite, que nació en Nueva Palmira, resaltó que “faltan casas” para la gente que llega a trabajar en actividades relacionadas a la agricultura y al puerto.
Economía
2013-05-30T00:00:00
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