—Con alivio. Se había anunciado que el estudio de factibilidad iba a estar a fines del año pasado y no fue así. Yo temía que la imagen del gobierno quedara afectada, desairada. Recién ahora se abren las tratativas y comienza la negociación por un TLC.
—Usted sabe que varios dirigentes oficialistas señalaron que su carta a Búsqueda podía servir como excusa para esa demora. ¿Escuchó eso?
—Algún comentario escuché, sí. Pero yo siempre asumí que esto se iba a concretar.
—¿Alguien del gobierno le hizo un cuestionamiento por eso?
—Algún tiempo después recibí una llamada del canciller, Francisco Bustillo, para que fuera a su despacho. Estaban él y la subsecretaria, Carolina Ache, conversamos en el mejor tono, sin reproches. Yo expliqué las connotaciones de mi carta y el canciller, los motivos por los cuales era correcta la iniciativa del gobierno uruguayo. Yo le manifesté que sería bueno que fuera a explicar esos fundamentos a la bancada del Partido Colorado. Él manifestó su disposición a hacerlo.
—¿Lo hizo?
—No todavía, pero eso va a pasar con todas las bancadas a medida que se desarrollen las negociaciones.
—Primero sintió alivio, ¿y ahora?
—Yo mantengo los comentarios que hice en esa carta. Creo que en el actual contexto internacional hay que analizar la conveniencia de un TLC con China. Las tratativas van a llevar tiempo, cuando llegue el momento habrá que evaluar. Pero hay que tener presente que no es solo un tema de cómo nos vamos a beneficiar porque nuestros productos no tengan que pagar aranceles para entrar ahí. Acá hay un escenario geopolítico distinto al que existía cuando se inició ese estudio de factibilidad. Los hechos de febrero obligan a pensarlo. Está la invasión rusa a Ucrania, pero también previamente el acuerdo sino-ruso del 4 de febrero, donde esos países manifestaron estar prácticamente de acuerdo en todo. Eso es un giro infrecuente en política internacional. Con ese contexto, con China negándose a condenar esa invasión, creo que tendría que llamar la atención no solo apuntar a un TLC sino lo que se acostumbra a firmar antes, un acuerdo estratégico integral, que el canciller Bustillo se manifestó dispuesto a rubricar en cualquier momento. Yo creo que tendríamos que analizar a fondo qué significaría ese acuerdo en el contexto político internacional.
—Usted teme que Uruguay quede mal parado.
—No sé si ese es el término, pero eso implicaría un apartamiento de lo que ha sido la trayectoria histórica de Uruguay desde siempre. Por eso mismo merecería un debate profundo, en el Parlamento, que hasta ahora no ha existido.
—¿Podemos perder más que ganar con un TLC con China?
—Bueno, esa evaluación no está hecha. El estudio económico no es conocido porque se dijo que se mantendrá en reserva. Se dice que nuestras exportaciones dejarían de pagar aranceles para entrar a China, unos US$ 200 millones al año. ¡Eso no es preciso! El que paga aranceles no es el exportador uruguayo; es el importador chino. No pagar aranceles podría beneficiar al importador o al consumidor chino, pero no necesariamente al exportador uruguayo. Sí paralelamente la Aduana uruguaya dejaría de cobrar los aranceles a los productos chinos que hoy ingresan al país. Pero ese producido se vuelca en definitiva a Rentas Generales.
—¿Sabe cuánto es?
—No. Voy a pedir el dato a través de un pedido de informes. Pero de cualquier manera, yo no pongo en tela de juicio que económicamente beneficie a Uruguay. Ya hay una balanza comercial favorable con China. Pero hay que considerar otras cosas; no creo que China haga un acuerdo de estos pensando en acceder al mercado uruguayo.
—¿Por dónde lo ve?
—¡Eso es lo que no está claro! El gobierno uruguayo nos tiene que decir qué es lo que le vamos a dar realmente a China a cambio de acceder a su mercado sin restricciones.
—¿A qué piensa que nos podríamos atar?
—No quiero jugar a las adivinanzas. Pero tendríamos que hacer concesiones… Mañana nos dicen que, aunque no esté planteado en el TLC, quieren un puerto de aguas profundas para los pesqueros chinos que están operando en el Atlántico Sur. Aclaro que esto es solo un ejemplo. Yo ya sé que estaban circulando grupos de inversores, no sé si chinos, con la idea de instalar acá un puerto de aguas profundas. Podría ser otra cosa. Son cosas a considerar. Lo que no creo, insisto, es que China nos conceda el acceso a su mercado a cambio del acceso al mercado uruguayo. ¡Estamos comparando una hormiga con un elefante! Preguntarnos qué nos van a pedir a cambio es una pregunta elemental. Eso no implica descartar nada, porque quizá lleguemos a la conclusión de que son cosas que estamos dispuestos a acceder. En todo caso, hay que saberlo. Yo rechazo la postura que dice que lo único que está en juego es la posibilidad de venderle más a China y que ahí termina el tema.
—¿Qué condiciones tendría que poner Uruguay?
—Uruguay negociando por sí solo no está en condiciones de imponer nada. A Uruguay le van a hacer una oferta, o la toma o la deja. Ahora, si se fortalece el intercambio, vamos a quedar de hecho, independientemente de lo que digan los textos jurídicos, en una situación de dependencia. Porque si usted le vende la mayor parte de sus exportaciones a un solo país, va a depender de la voluntad de ese país, especialmente si en ese país el comercio no es desarrollado libremente como en el mundo capitalista, sino que es un país donde el gobierno dirige el comercio exterior hasta donde cree necesario y conveniente. ¡Yo no creo en la tesis que una cosa es el gobierno y otra la política! Una y otra están profundamente vinculadas y si no, véase lo que le pasó a Australia. Un primer ministro (Scott Morrison) reclamó una investigación internacional a fondo sobre el origen de la pandemia del coronavirus. Esto molestó a los chinos y la réplica a ese planteo fue recortar las exportaciones australianas y las importaciones chinas de carbón, vino, cebada, carne y alguna otra cosa. Eso es un ejemplo clarísimo de cómo la medida política de un gobierno, Australia, que molestó a otro, China, tuvo sus repercusiones en el plano comercial. Entonces, si mañana Uruguay en el ejercicio de su independencia soberana toma alguna medida que moleste a China, y tiene a China como parte importante de su comercio, puede sufrir consecuencias. Esto no es porque los chinos sean malos ni porque el régimen sea perverso, no es una cuestión ideológica. Esto puede pasar con Estados Unidos u otra potencia. Si usted depende mucho de un mercado para colocar sus exportaciones, después, bueno…
—Es obvio que más allá del alivio, no lo entusiasma la idea del TLC con China. ¿Le hubiese gustado que fuera bajo el paraguas del Mercosur?
—Claro. Sería mucho mejor tener la capacidad negociadora del Mercosur, con Brasil sentado a la mesa. No depende de nosotros, pero no tengo dudas de que sería mejor tener esa espalda que negociar individualmente.
—¿Usted siente que los pasos que ha dado la Cancillería reflejan la postura de los distintos socios de la coalición de gobierno? La vicecanciller es colorada y de su sector, Ciudadanos.
—Sí, pero… no ha habido consultas previas en las decisiones que se toman o están en vías de ejecución. No estoy haciendo un reproche ni me quejo, simplemente digo que nosotros nos enteramos después de los hechos.
—¿Cómo espera que nos vaya en esta Cumbre del Mercosur?
—Veremos. Ya ha trascendido la molestia de Argentina, el desacuerdo de Paraguay y la posición de Brasil, que es menos clara. No podemos hablar de habilitación.
—Eso lo resaltó el presidente en la conferencia, refiriendo al acuerdo alcanzado en la Cumbre de las Américas.
—Las señales no son claras, pero no vale la pena hacer conjeturas. La reunión empieza el jueves (hoy) y cada país dirá lo que tenga para decir.
—¿Esta jugada fuerte será una buena manera de empezar la presidencia pro tempore?
—Uruguay tiene que tratar de mejorar su inserción internacional. Durante mucho tiempo pensamos que el Mercosur era la plataforma, pero los hechos nos han venido demostrando que no es así, que hay países en el Mercosur que no apuntan a la apertura sino que lo utilizan como un cerco para protegerse del mundo y permanecer encerrados en sus esquemas. Uruguay tiene que buscar su propio camino, lo cual lo va a llevar muchas veces a jugar al borde del reglamento. Se requiere todo el tacto de la diplomacia para saber hasta dónde se debe tirar la piola. Tampoco nos parece que Uruguay se pueda ir del Mercosur.
—El presidente dijo que la normativa del Mercosur lo habilita a Uruguay a negociar un TLC con China. ¿Usted está de acuerdo?
—Mire, en esto yo digo que apoyo la posición del gobierno uruguayo. El Partido Colorado integra al gobierno y yo lo apoyo. A ver, el problema con China no es ideológico, yo no estoy rechazando el TLC. Si lo fuera, nos tendríamos que haber opuesto al crecimiento del comercio en todos estos años y no fue así. El punto es que hay una situación internacional que no se había dado antes, hay quienes hablan de una segunda Guerra Fría, que se forman de nuevo dos bloques en el mundo y no sabemos hoy cómo va a terminar de configurarse la situación con Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. Hoy se habla de la fragmentación o balcanización de Internet. Antes era una red mundial abierta a todos y hoy Rusia, China e Irán tienen sus propias redes y ningún prurito de cortarla cuando es necesario para que no interfiera con las directrices que ellos imparten. Si este fenómeno de la balcanización se profundiza, si mañana hay distintas Internet, y los países detrás de esos grandes fragmentos intentan presionar para que los países más pequeños se acoplen a uno u otro, nos podemos enfrentar a situaciones complejas que hoy ni siquiera nos planteamos. Yo insisto en que no podemos seguir actuando y pensando en un mundo que quedó atrás en febrero de este año.
—No rechaza el TLC, no lo ilusiona tampoco.
—No me entusiasma, no creo que sea el momento. El análisis que hoy hacemos, en base solo a aranceles, peca por reduccionista. En este momento, por la situación internacional, con la Unión Europea revisando su inserción mundial luego de lo de Rusia y pensando en un TLC (con el Mercosur) para el año que viene, ¿cómo mira a Uruguay? No lo ve como un mercado fuerte ni una usina de materias primas, sino como a un Estado de derecho sólido, con una democracia como pocas e instituciones firmes en un continente expuesto a turbulencias políticas a diario. Yo creo que ese es un diferencial que hay que poner en valor.
—¿Eso se vería lesionado con un TLC con China? ¿Se nos vería distinto?
—Una cosa trae la otra. La separación de lo comercial y lo político es artificial. Si mañana a cambio de la posibilidad de exportar sin aranceles a China tenemos un puerto de aguas profundas impuesto, tecnología china para el desarrollo 5G, que genera un problema grande de compatibilidades (con la UE) y la fragmentación de Internet, creo que estaríamos desdibujando ese perfil de sólida raigambre a los valores occidentales y al Estado de derecho que a mi juicio tenemos que cultivar y mantener.