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    Pese a la ley de cuotas, participación política de mujeres aumenta a ritmo “muy lento” y sobre todo en cargos de “bajo estatus”

    Hay departamentos sin intendentas ni alcaldesas; el partido con menos porcentaje de edilas es Cabildo Abierto

    Era la segunda vez que las elecciones nacionales y departamentales se regían bajo las reglas establecidas por la denominada ley de cuotas. Y sus resultados, muy a pesar de las impulsoras del sistema, fue el esperado. La igualdad de géneros en política, medida por el porcentaje de cargos lectivos que obtienen las mujeres sigue “lejos” de concretarse. “Es un debe para Uruguay”, dice Magdalena Furtado, representante de ONU Mujeres en Uruguay, a Búsqueda.

    Un estudio elaborado por la politóloga Verónica Pérez Bentancur a partir de las últimas elecciones muestra que la tendencia a la incorporación femenina ha aumentado a un ritmo “muy lento” y que no han habido cambios sustantivos a nivel departamental.

    Más allá de que aumentó el número de intendentas (hasta 2005 no había ninguna), las mujeres representaron el 15,9% del total de candidatos a ese cargo y fueron el 10,5% de los electos. De hecho, hay dos intendentas mujeres: Carolina Cosse (Montevideo) y Ana Bentaberri (San José). “Es que para ser intendente no podés establecer la cuota. Es una persona que aspira al puesto. Estamos muy lejos de llegar a una sociedad con un sistema paritario. No hay una forma de que ocurra a menos que se legisle”, señala la politóloga.

    Hay departamentos que ni siquiera cuentan con mujeres alcaldesas. Así es el caso de Soriano, Durazno, Rivera, Flores, Rocha y Soriano. En el resto la división es desigual. En Canelones, por ejemplo, hay cuatro mujeres, en Colonia la cifra es de dos sobre 11 y en Montevideo, tres de ocho.

    “Lo que pasa en Uruguay se replica en otros países que no tienen leyes como la ley de cuota o la paridad, o donde no siempre convive bien con el sistema electoral”, señala Pérez a Búsqueda. “En las Juntas Departamentales funciona muy bien, pero para intendentes y alcaldes no. Deberían de encabezar las listas y pocas mujeres lo hacen. El problema es cómo está planteado” el mecanismo, agrega.

    En 2010 el 18,8% de los ediles eran mujeres, un porcentaje que trepó al 32% en 2020. Ese crecimiento no fue uniforme entre los departamentos. Los departamentos con menor participación femenina en las juntas son Artigas, con ocho edilas, y Rivera y Tacuarembó, con siete. Mientras tanto, en Florida, Flores y San José la cifra trepó a 11 y en Canelones llegó a una docena.

    Un camino lento

    Por ley, los partidos políticos tienen la obligación de incluir personas de ambos sexos en cada terna —tres lugares sucesivos— de candidatos (titulares y suplentes) en las listas presentadas en todo el proceso electoral. La obligación incluye las elecciones nacionales, departamentales y municipales. El problema radica en que, en la mayoría de los casos, las ternas están compuestas por hombres en los dos primeros lugares y recién en el tercero hay una mujer.

    En las últimas elecciones nacionales hubo un cambio que fue visto como un “avance” por el sistema político: tres partidos propusieron fórmulas presidenciales mixtas y, por primera vez, el Frente Amplio aplicó la paridad junto con la alternancia en sus listas. “Ese aspecto, además de la ley de cuotas, fue un cambio positivo para el sistema”, indica Pérez.

    Según los últimos datos regionales de participación de mujeres en la Cámara Baja de los Parlamentos en América Latina, el país ocupa el puesto 16 en la lista. Tiene una representación femenina del 19,2%, un símbolo que politólogos concuerdan que refleja la subrepresentación en relación con la ciudadanía. Solo el 26% de las bancas entre senadores y el 19% en diputados fueron ocupados por mujeres el día en que fueron electos.

    Además, en marzo asumió la líder nacionalista Beatriz Argimón como la primera vicepresidenta electa, después de que la frenteamplista Lucía Topolansky ocupara el cargo por la renuncia en 2017 de Raúl Sendic. Pero las señales son claras: las mujeres aún tienen una incidencia baja, su presencia se concentra en las Juntas Departamentales y como concejalas.

    La literatura internacional indica que la tendencia se explica por la accesibilidad a cargos de “bajo estatus”. Pero tampoco se cumple con la paridad en las listas presentadas, al menos hasta las últimas elecciones.

    En el caso del Frente Amplio, el 60,6% de los ediles son hombres y el 39,4% son mujeres. En el Partido Nacional son 70% hombres y 30% mujeres; entre los colorados el porcentaje es 75% y 25%, mientras que el Partido Independiente tiene una proporción peor (solo el 15,4% de sus ediles son mujeres). En el caso de Cabildo Abierto solo 12,5% de sus legisladores municipales son mujeres.

    La tendencia

    En los últimos 10 años, la aproximación de las mujeres a la política —más allá de la militancia— fue lenta y escalonada, dice Pérez Bentancur. Bajó el número de alcaldesas 5%, aunque las concejalas aumentaron hasta llegar al 34,5% de participación. “Y ahí hay que notar que no son cargos ejecutivos, como las intendencias o las alcaldías en menor nivel. Esa configuración territorial es una vieja tendencia; el crecimiento existe pero está suavizado”, agrega.

    “De una vez por todas, Uruguay tiene que avanzar hacia la paridad”, dijo la vicepresidenta Beatriz Argimón en más de una ocasión. “No hay democracia auténtica si en lugares de decisión falta la mitad del 52% de la población”, agregó en el Toque de Campana por la Igualdad de Género en la Bolsa de Valores. Líderes políticos y de colectivos feministas concordaron en que el camino será largo y el cambio en la “matriz” de la sociedad aún mayor. Para lograrlo, el oficialismo prevé impulsar un proyecto de ley que fije que las listas deben estar integradas de manera paritaria.

    Los politólogos observan un fenómeno que podría complejizar la efectividad práctica de la ley de cuotas: la fragmentación en más sectores y partidos políticos. “Si vos tenés 30 sectores, 30 bancas, y gana uno, sabés que tenés menos posibilidades”, explica Pérez Bentancur. “Y las mujeres suelen ocupar el tercer puesto en las listas”, sentencia.

    Pérez Bentancur explica que el nivel subnacional es “más amigable” para las mujeres porque se trabaja en ámbitos más cercanos a su cotidianidad y permiten ganar experiencia. “Pueden ser un trampolín en sus carreras para alcanzar otros cargos”, dice en el informe Las mujeres en los territorios: Elecciones subnacionales en Uruguay.

    El acceso es más abierto, hay menos competitividad —y candidaturas— y son lugares “poco” valorados en las carreras políticas. “Estamos muy lejos y vamos a estarlo a no ser que ocurra como en países nórdicos, donde se aplicó la ley para alcanzar la paridad y luego se quitó por el cambio en la sociedad”, opina Pérez Bentancur. “Falta, falta”.

    Información Nacional
    2020-12-29T22:48:00