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    Pese a una mayor capacitación de los jueces, la calidad de las sentencias “ha bajado”, advierte ministra de la Suprema Corte

    Asumió como ministra de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) en febrero de este año, pero hasta ahora se mantuvo lejos de los focos. A Doris Morales no le gusta la exposición ni tiene redes sociales. Cree que los jueces tienen que ser “centrados”, mostrar siempre equidistancia y evitar ser “estrellas” de los medios.

    Igual, se atreve a una primera entrevista, quizás ya preparándose para el rol más visible que tendrá el año que viene, cuando le toque presidir la Corte. No parece resultarle difícil. Aclara que no tiene apuro, bromea y responde de forma espontánea. Cuenta que escucha rock —“nací en el 59, la época de los Beatles, no me puede gustar otra cosa”—, que hizo teatro, que le gusta el cine y la literatura. Pero esos son sus hobbies. Su vocación, desde sus años como estudiante de Derecho, es la de “ser juez”.

    Fue docente en la Facultad de Derecho estatal y en la Universidad de Montevideo. Le costó dejarlo, pero en 2006 una operación en el cerebro y seis meses de licencia médica le hicieron replantearse si valía la pena la sobrecarga de trabajo. “Yo estaba perfecta, haciendo gimnasia, y caí con convulsiones. Eso te transforma”, cuenta. En todo caso, le terminó de confirmar sus certezas: su prioridad era ser juez.

    Se siente especialmente orgullosa de haber llegado a la Corte por antigüedad y no por designación política. Lo ve como un reconocimiento a su carrera, a los años de sacrificio. Aunque con su ingreso la Corte tuvo por primera vez una mayoría de mujeres, le quita trascendencia. Opina que era algo que inevitablemente iba a pasar con el tiempo, y que no debería implicar ningún cambio.

    En otros asuntos de género, también se muestra pragmática. Incorporar la perspectiva de género no es fallar de forma “flechada”, es aplicar la ley. Y los jueces tienen que aplicar las leyes, les gusten o no, dice.

    Aunque hoy parece haber mayor consenso sobre las ventajas de concursar para ascender en la carrera judicial, ella se permite dudar. “No es tan clara una cosa ni otra”, dice, y reivindica la subjetividad que a su juicio debe formar parte de la evaluación de un magistrado. Además, teme que el juez “se transforme en alguien que en lugar de estar pensando en los problemas de sus expedientes y de las personas que están atrás, esté pensando siempre en función de su carrera”. Dice que añora los tiempos en que la búsqueda del conocimiento era por el puro interés de aprender.

    También, nota que pese a que cada vez hay más capacitación, eso no se refleja en una mejor calidad del trabajo. “Lamentablemente he visto que ha bajado la calidad” de la Justicia, afirma.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —Asumió en la Corte en febrero, pero hasta ahora no había dado entrevistas y siempre mantuvo un perfil bajo. ¿Por qué?

    —Los primeros meses fue por razones de tiempo; tenía muchas cosas para hacer y para aggiornarme. En segundo lugar, fui de una época de la facultad, de nuestros grandes profesores y jueces a los que admiré, en la que el juez tenía que hacer las sentencias y exponerse lo menos posible. El juez tiene que explicar lo que hizo pero no ser una estrella que está todo el día en los medios. Esa era la visión cuando empecé. Y por otro lado, tampoco he tenido temas que hayan generado atención periodística, los periodistas no me llamaban. No es que me negara.

    —¿Tiene redes sociales?

    —No, nada. Nunca fue algo que me atrajera y, además, como es tiempo perdido, prefiero perderlo en mis hobbies, mirar una película, leer algo. Ni siquiera conozco el mecanismo, no me interesa.

    —El uso de las redes sociales por parte de los jueces ha generado problemas, ¿cómo observa ese fenómeno? ¿Le gustaría que fueran más cautos?

    —Me parece que es casi lo mismo que antes. Son cosas que siempre han existido. Como juez tampoco te podías parar en el club deportivo a hablar de tu vida privada o dar opiniones... Siempre existieron estos problemas, personales o sociales, las cuestiones tecnológicas le van dando otro giro.

    —Los amplifican...

    —Los amplifican. Se supone que un juez tiene que ser alguien centrado. Siempre en cualquier ámbito tiene que comportarse más o menos igual, mostrar equidistancia. Y bueno, si lo hace en las redes sociales es porque es lo que ahora se usa, pero antes lo podía hacer en otros ámbitos. Ahora se amplifica y se conoce por todos, pero la esencia de los seres humanos no ha cambiado, lo que ha cambiado es la tecnología.

    "Cada vez hay más capacitación. Ves un currículum y no hay nadie que no tenga un doctorado, algo en una universidad de no sé donde, y no lo ves traducido en cómo se actúa en un proceso. Es extraño, no sé cuál es la causa ni sé cómo resolverlo. A mi modo de ver, lo que falta son conocimientos básicos que creo que uno los adquirió en la facultad y los fue aumentando luego. No sé dónde está el problema, si en facultad, antes, o después"

    —Trabajó en la justicia laboral durante más de dos décadas. ¿La legislación y la aplicación que hacen los jueces es equilibrada en Uruguay?

    —La legislación, sea cual sea, yo la tengo que aplicar. Nuestra legislación laboral desde los años 40 fue muy avanzada y con más razón tendría que serlo después. No voy a negar que pueda haber jueces que sean más protrabajador o más proempleador, pero en el fondo termina siendo una leyenda urbana para el que es buen juez. Los juicios son resueltos de manera objetiva. Puede haber excepciones. Pero uno se tiene que dejar llevar solo por lo que surge del expediente. No puede ir con prejuicios a resolver.

    —Fue docente universitaria. ¿Por qué lo dejó?

    —Me gustaba, pero es bastante sacrificado, fundamentalmente por el tiempo que lleva. Estuve hasta que tuve un angioma cavernoso en el cerebro y tuve una operación en 2006, que puede dejar secuelas pero por suerte no tuve. Pero me llevó a pensar si quería seguir sacrificándome tanto.Yo estaba perfecta, haciendo gimnasia, y caí con convulsiones. Eso te transforma. Empezás a ver todo con otros ojos. Pensé qué es lo que quiero seguir haciendo, y es ser juez. Me costó decidirme a dejarlo. Después el tiempo fue pasando y no llegó el momento de volver.

    —Cuando asumió en febrero, mencionó en su discurso que se crio en Bolívar, Canelones, y que fue creciendo de a poco hasta que llegó a la Corte. ¿Por eso dijo que para usted era un orgullo haber entrado por antigüedad y no por designación política?

    —Sí. Hoy todo eso está envuelto en aspectos políticos, porque el hecho de que la Asamblea General tenga que tener una mayoría especial podría dar la pauta de que es bueno que haya un consenso sobre esa persona. Pero desde mi punto de vista, para mí significó más orgullo por mi antigüedad que porque me votara la mayoría. Es muy personal lo que digo, pero yo sé lo que hice, sé lo que trabajé, sé lo que estudié.

    —Fuera de lo personal, ¿cree que es mejor que los ministros ingresen por antigüedad?

    —A mi modo de ver, casi todas las cosas pasan por las personas. Puede haber casos que sí, que están bien, y casos que están mal. Pero vaya uno a saber cuál está bien y cuál está mal. Para mí, fue un orgullo haber ingresado de esa forma, pero tal vez los demás lo ven como “qué horror, ingresó ella por antigüedad, debieron haber elegido a fulanita”. Y puede pasar en otros casos que sea negativo que alguien ingrese de esa forma, pero la Constitución lo ampara. Es desde el punto de vista desde el que se mire y de la persona que sea justo la más antigua en ese momento. También cuando se elige por mayoría pueden equivocarse.

    —Es conocida por ser muy buena técnicamente, detallista, rigurosa. Desde esos estándares, ¿cómo ve la calidad de las sentencias?

    —Lamentablemente he visto que ha bajado la calidad. Cuando empecé a ser ministra de tribunal, casi no me costaba hacer la lista de jueces que están en mejores condiciones para el ascenso. Y últimamente me costaba. Se fue empeorando.

    —¿En qué cosas ve que bajó la calidad?

    —Fundamentalmente en las cuestiones procesales, de cómo se lleva a cabo el trámite. Cuán justo es un proceso depende de las oportunidades que tuvieron las partes durante el proceso. Y eso lo dan las herramientas del derecho procesal, que a veces las veo como desconocidas o inaplicadas. Quizás es porque a mí me gusta mucho el derecho procesal.

    —¿Cómo se mejora eso? ¿Falta capacitación?

    —La capacitación es importante, no hay dudas. Ahora, cómo se logra la mejor capacitación es una cosa sobre la que tengo dudas. Cada vez hay más capacitación. Ves un currículum y no hay nadie que no tenga un doctorado, algo en una universidad de no sé donde, y no lo ves traducido en cómo se actúa en un proceso. Es extraño, no sé cuál es la causa ni sé cómo resolverlo. A mi modo de ver, lo que falta son conocimientos básicos que creo que uno los adquirió en la facultad y los fue aumentando luego. No sé dónde está el problema, si en la facultad, si está de antes, o después.

    —¿Hay algún tema que le inquiete particularmente, en el que le gustaría incidir desde su posición en la Corte?

    —Esto de la capacitación. Tratar de encontrar el método eficaz para eso, que es lo que no sé exactamente cómo lograr. Porque cursos hay, y ahora la gente además tiene la obligación de hacerlos. Pero no se refleja en el trabajo. Uno ve que falta ese olfato jurídico, que es parecido al ojo clínico de los médicos. Antes de que existieran tantos análisis, había médicos que lo veían. En el derecho hay algo parecido, cierto olfato jurídico, que se ha perdido.

    —Durante un evento en la Facultad de Derecho dijo que los temas de género no son “cuestiones de ideología”, sino de “leyes”. ¿Nota que hay rechazo a incorporar la perspectiva de género en la Justicia porque se asocia a la militancia?

    —A veces me parece que es hablar desde la ignorancia de las cosas. Porque parecería que una perspectiva de género es algo totalmente flechado, ir con el prejuicio. Y que vas a resolver en tal sentido. En los hechos no es así. Además, la perspectiva de género es de hombre o de mujer, tiene dos visiones, porque también tenemos prejuicios sobre determinadas cosas de los hombres. Por otro lado, la ley existe y hay que aplicarla. Si alguien cree que es inconstitucional, lo planteará y se resolverá. Si no se declara inconstitucional la ley hay que aplicarla. No es cuestión del gusto del juez. Es un poco lo mismo que con las normas laborales. Porque si no, a todo aquel que no le gusta una ley no la aplicaría.

    —Un reciente caso de femicidio que posiblemente pudo prevenirse dejó en evidencia problemas en la protección de las víctimas. ¿La Justicia está fallando en su respuesta a la violencia contra las mujeres?

    —Todo es necesariamente mejorable, y todo requiere presupuesto. Si el problema está en el número de jueces, se necesita presupuesto para que haya más. Y también desde el punto de vista del juez, se necesita cierta dosis de sacrificio para esas materias que especialmente lo requieren. Si bien el juez es funcionario público, desempeña una función que es muy diferente a las demás. Va alguien a pedir que le protejan sus derechos. Tiene que aprender que su función no es tan comparable con las demás funciones públicas.

    —¿El área de género debería ser prioritaria en términos presupuestales?

    —Sí, porque están previstos en la ley muchos más juzgados de género. Tenemos un presupuesto limitado, pero hay cosas que podrían resolverse mejor. Cuando alguien va a reclamar sus derechos, siempre le parece que el tiempo es mucho. Y es verdad, el otro día vi un expediente civil, doloroso, que trataba sobre la muerte de una persona a raíz de una operación quirúrgica. Era de 2015 y recién ahora está resuelto en casación. Es mucho tiempo. Atrás de un expediente siempre hay personas, para quienes ese asunto es su asunto. Para los jueces es uno en un montón de cosas que hay para resolver, pero esas personas hace 10 años que están con ese problema.

    —En los temas de violencia de género, una decisión que se demora puede implicar que el agresor mate a la víctima.

    —Claro, el tipo de caso requiere premura. Los casos que involucran niños también.

    —La Corte declaró inconstitucional la ley que reformó la carrera judicial. Usted no estaba en la Corte cuando los ministros decidieron presentar el recurso, ¿qué opinión tiene sobre el tema?

    —No tenía demasiada opinión en su momento y lo dejé librado a ver qué decidía la Corte integrada, si bien podía pensar que sí, que ciertos rasgos de inconstitucionalidad tenía. La separación de poderes es básica en la democracia, y creo que la Constitución da determinadas facultades que de pronto esa ley minimizaba.

    "Parecería que una perspectiva de género es algo totalmente flechado, ir con el prejuicio. Y que vas a resolver en tal sentido. En los hechos no es así. Además, la perspectiva de género es de hombre o de mujer, tiene dos visiones, porque también tenemos prejuicios sobre determinadas cosas de los hombres. Por otro lado, la ley existe y hay que aplicarla. Si alguien cree que es inconstitucional, lo planteará y se resolverá. Si no se declara inconstitucional la ley hay que aplicarla. No es cuestión del gusto del juez"

    —La carrera judicial ha sido objeto de largos reclamos desde el gremio de jueces, que piden criterios más objetivos y transparentes para definir los ascensos ¿Piensa que es bueno que se incorporen los concursos?

    —Como todas las cosas, tienen más de un punto de vista y de cosas a analizar. No es tan clara una cosa ni otra. Soy hija del antiguo régimen de las formas de calificación, en el que una comisión creaba la lista de ascensos. Por eso no necesariamente le veo los problemas que parecen encontrar. Y tengo temor de que el juez se transforme en alguien que en lugar de estar pensando en los problemas de sus expedientes y de las personas que están atrás, esté pensando siempre en función de su carrera. Para mí, los estudios y cursos que haga el juez tienen que estar en función de lo que tiene que hacer para el expediente. Me genera resquemor estar en constante búsqueda, doy el concurso, hago esto, hago lo otro, en función de mi ascenso. Me parece un poco egoísta… no sé si es la palabra, es estar muy centrado en la carrera, que está bien, yo lo estuve en parte. Pero el sistema anterior te permitía algo más libre en cuanto a buscar el conocimiento. Prácticamente todos los de esa generación nos conocimos porque íbamos a todos los cursos habidos y por haber. Pero no eran obligatorios. Y los que hacíamos la facultad sabíamos que tampoco podíamos perder tanto tiempo frente al trabajo en sí. Lo primero era la función del juez. A veces veo que se rodea todo de demasiadas cosas que no sé si terminan redundando en función de la mejoría de la calidad de los jueces.

    —Entonces no ve que los concursos sean necesariamente algo positivo.

    —No sé si positivo o no. Es casi como el examen en el que te jugaste en dos horas tu destino. Te pudieron haber preguntado justo lo que sabías o te fue bien, o estuviste iluminada en ese momento y lo salvaste, y en otro caso te pasó lo contrario y lo perdiste. No digo que no sea importante, pero no le veo tanta magnitud como se pretende. Esto es muy personal. Muchos dirán: “porque te viste favorecida”, pero tengo la convicción de que la lista de ascensos era objetiva. Hubo casos en los que podías decir: “este fulano cómo está en la lista”, pero en términos generales era confiable. Cuando estuve el año pasado en la Comisión de Ascensos, que integra el Colegio de Abogados, la AMU, la Corte, la facultad, me pareció que se trabajó de forma tan transparente, oyendo a todos, que cuesta verle tantos bemoles a ese sistema. Siempre está la leyenda urbana de que hay jueces del interior que los ponen en la lista para que los saquen. No sé si es una leyenda urbana o es verdad, espero que en mi caso no haya sido (ríe). Pero salvo eso, que nunca lo comprobé, creo que cuando se busca tanto tanto la perfección, el mejor sistema, el porcentaje, se saca lo subjetivo, que en cierta medida debe existir. Porque puede haber alguien excelente profesor, con conocimiento en la materia, pero al momento de ser juez no ser bueno. Determinar cuándo alguien es buen juez es muy difícil. Hay cosas de las audiencias que las observan los abogados. Es bastante difícil saber cuál es el método para determinar quiénes son los mejores y cuál es el que realmente refleja la bondad del juez.

    —¿Cuál es su posición sobre los delitos de lesa humanidad? ¿Pueden aplicarse para castigar hechos ocurridos antes de 2006, cuando fueron incorporados a la legislación nacional?

    —Hasta ahora todos los expedientes que he visto han tenido un aspecto formal y los he resuelto desde ese punto de vista. Sobre el fondo no he resuelto nada. No puedo dar una opinión sobre algo que no estudié a fondo. Me parece una falta de respeto. A veces uno puede tener una opinión determinada, pero cuando la analiza sobre un expediente, hay mil cosas que surgen que llevan a que la cuestión se resuelva por otras cuestiones fundamentalmente procesales, que no importa lo que uno piense sobre el fondo.

    —¿Cree que sería conveniente crear un Ministerio de Justicia?

    —En principio, no me parece correcto. Pero no lo he pensado a fondo, y no tengo miedo a cambiar de opinión. Yo era estudiante durante la dictadura, no es por haber aprecidado desde el Poder Judicial lo que fue el Ministerio de Justicia de esa época. Pero tendría sus bemoles y no creo que sea adecuado.


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    2022-08-17T23:09:00