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    Pese a una situación “inédita” que afectó a la educación en 2020, Secundaria logró “la patriada” de mejorar sus cifras, afirma Cherro

    “Mi susceptibilidad o lo que yo pueda pensar es una historia, pero los números son otros” y traen “buenas noticias”, dijo la directora general de Secundaria

    El lunes 6, el Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) presentó los resultados del monitor educativo liceal que no reflejan precisamente un panorama desolador, como podría esperarse ante una situación tan grave provocada por la pandemia del Covid-19.

    En palabras de Jenifer Cherro, quien este lunes cumplió 16 meses como directora general del Consejo de Secundaria, se logró “la patriada” no solo de capear la crisis  sino de “mejorar las cifras” del año anterior.

    “La estadística dice que el 85% de los estudiantes de Ciclo Básico pasó (de nivel) y que el 57% de Bachillerato también pasó, que el abandono interliceal bajó al 4,5% y al 11,2%, respectivamente, y que del total de promovidos absolutos solo el 5% utilizó el procedimiento de promoción asistida” para poder aprobar con seis bajas en lugar de tres, destacó Cherro.

    Frente a los cambios que se implementaron en la pandemia, como la no obligatoriedad de la asistencia y el dictado de menos horas de clase, lo que según docentes, alumnos y analistas impactó en la calidad de los aprendizajes, Cherro se aferra a los indicadores: “Mi susceptibilidad o lo que yo pueda pensar (sobre los efectos de la pandemia) es una historia, pero los números son otros”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista de Cherro con Búsqueda.

    —Los porcentajes de egreso muestran una mejora en 2020 en comparación con 2019. ¿A qué lo atribuye? 

    —Y bueno… transitamos por un año que fue inédito, inusitado. Tuvimos que hacer cambios drásticos en nuestra vida personal y dentro del sistema educativo, donde llevamos las aulas a la casa de cada alumno, de cada profesor y de cada director. Fue un año lectivo distinto, donde hubo presencialidad primero, luego retracción a los domicilios y regreso a las aulas. Secundaria resolvió que las comunidades pudieran contextualizar y ser flexibles, porque una casa pequeña como el Liceo 47 no es lo mismo que ir al Dámaso. Creamos un grupo asesor pedagógico y de gestión, fuimos produciendo documentos orientativos y finalmente hicimos un fin de curso diferente que se extendió hasta diciembre. Hoy el rector Rodrigo Arim destaca que aumentó la matrícula universitaria, y eso se debió al trabajo interinstitucional. Hay quienes dicen: “Sí, mejoraron las cifras, pero cambiaron las formas de evaluar”...

    De hecho los cambios resueltos por las autoridades implicaron que hubiera alumnos que pudieron pasar de grado con seis bajas y no con tres, la llamada promoción asistida. ¿Pudo haber una mayor permisividad de los docentes atendiendo a la situación de pandemia?

    —Ahí está... Hay quienes dicen eso: “Claro, pasaron más por la promoción asistida de los chicos que antes habrían suspendido por las seis materias”. Otros pueden decir lo mismo en Bachillerato. Pero lo que a mí me importa destacar es que el monitor muestra que del 100% de los alumnos promovidos en el sistema solo el 5% promovió asistidamente, tanto en Ciclo Básico como en Bachillerato.

    —Usted dice que no se facilitó el pase de año. 

    —No fue un “pase pase”. No hay ningún documento de Secundaria que diga eso. Los datos muestran un 12,3% de mejora, quítele el 5% de los supuestamente favorecidos por eso: sigue habiendo un 7% más de promovidos en el sistema con respecto al año anterior en cualquier nivel. En realidad eso obedeció a una estrategia. Y hay algo interesante que comentó la doctora Adriana Aristimuño (directora sectorial de Planificación Educativa del Codicen): teníamos una desvinculación del Ciclo Básico del 5,9% y pasamos al 4,5%, y en Bachillerato pasamos del 12,3% al 11,2%. Quiere decir que logramos promover más y también retener más alumnos. ¿Que los procesos fueron distintos? ¿Y cómo no van a ser distintos si es un año en que estamos en pandemia y en rojo?

    —¿Que mejoren los porcentajes de egreso de los inscriptos implica que aumentó la cantidad de alumnos que egresan en términos absolutos?

    —Sí, aumentó. Y le digo más, subimos un poquito en el sentido de que aquellos alumnos de Bachillerato que deben hasta tres materias, que son el 75%, ahora pueden egresar del sistema durante el año.

    —Según el monitor, parecen ser todas “buenas noticias”.

    —Es cierto. Realmente, hoy estamos ante un resultado que… Ya era una patriada mantener las cifras; mejorarlas es una buena noticia. Pero esto se da desde el trabajo en equipo colaborativo, de todos, desde las autoridades, los inspectores, los directores, los docentes y los funcionarios no docentes, las familias y los alumnos, cada cual cumpliendo su rol. Otro aspecto a destacar es que en 2020 duplicamos el número de tutorías en los liceos. Además captamos alumnos que habían quedado con materias dos años atrás, que de repente salvaron todo segundo, suponga, pero deben una de primero y no pueden hacer tercero. Ese alumno es un potencial desertor, está desestimulado porque no puede cursar. ¿Qué hicimos? Para retenerlo dimos un curso bimodal de acreditación para la protección de las trayectorias de estudiantes de Ciclo Básico y de Bachillerato con dos asignaturas pendientes de aprobación (alrededor de 1.300 alumnos). Otra novedad son las tutorías virtuales con acreditación para alumnos de primer año de Bachillerato, que es donde hay más deserción y más repetición.

    —Lo que llama la atención es que en un año tan complicado para la educación —donde la pandemia obligó a cerrar las aulas, a trabajar a distancia, a no pasar lista, a limitar contenidos y hasta a perder contacto con un porcentaje de alumnos—, estos resultados contrasten tanto con la realidad que describen docentes, familiares y alumnos que sufrieron el curso 2020…

    —Lo sufrimos todos, porque una como autoridad también lo sufre. Decía que son todas buenas noticias.... Y será de pura optimista que soy, porque acá trabajo 13 y 14 horas todos los días, resolviendo, tomando decisiones... y hay que mover todo este sistema. Ahora, le hablo de los resultados del monitor. Mi susceptibilidad o lo que yo pueda pensar es una historia, pero los números son otros. La estadística dice que el 85% de los estudiantes de Ciclo Básico pasó y que el 57% de Bachillerato también pasó, que el abandono interliceal bajó al 4,5% y al 11,2%, respectivamente, y que del total de promovidos absolutos solo el 5% utilizó el procedimiento de promoción asistida. Después podríamos leerlo desde otro lado. Y esto para nada nos deja conformes, ¿pero sabe por qué nos deja satisfechos? Porque, de verdad, desplegamos una serie de baterías pedagógicas para sostener el sistema educativo, nos adaptamos a las dificultades, y logramos sostenerlo. Hoy le digo que en 2020 los resultados fueron mejores que en 2019 a pesar de la pandemia.

    —En una reciente entrevista con El Observador, el presidente del Codicen, Robert Silva, también dijo que “los resultados no se vieron afectados por la pandemia”. ¿No hay algo de negación del impacto de la crisis?

    —No, yo no lo niego. Yo lo vivo cada día y cada día tengo que tomar decisiones, ¿ta? Nadie puede negar la pandemia porque yo hasta he tenido pérdidas familiares... y siento que vivir en pandemia es como vivir en guerra, porque te entregan el cuerpo de tu familiar y no lo podés ver y tenés que dar crédito de que está ahí... La verdad es que lo asumo y trato de preguntarme cómo mejoro, soluciono y tomo decisiones. Acá no hay casualidades. Y no hay magia, hay trabajo. Las comunidades aunaron esfuerzos, hubo profesores que ayudaron a otros profesores con la enseñanza a distancia y se dio todo el trabajo con Planeamiento Educativo, con Plan Ceibal… Acá uruguayos somos todos, en la pandemia estamos todos y tuvimos que recurrir a la solidaridad en acción, pero de verdad. Cuando el escenario se te hace más difícil tenés que trabajar en equipo y ser más creativo. Yo estoy contenta por mis estudiantes, y digo “mis” no por un sentido de propiedad sino con todo el cariño que me da ser docente desde hace 37 años. Pero no soy triunfalista, porque queda mucho trabajo por hacer. Y este año también ha sido duro, pero nos agarró ya con otra preparación.

    —Si bien mejoraron los resultados de egreso y retención de alumnos, ¿qué pasó con los aprendizajes?

    —Bueno, a ver, el año próximo será muy especial... Imagínese los alumnos que entraron el año pasado a primero de liceo en pandemia, en modo totalmente virtual... Creemos que los docentes son absolutamente honestos cuando evalúan y ven si sus alumnos tuvieron la capacidad de aprender sus asignaturas. Ahora, hay cosas que creo que se quedan; por ejemplo, las cifras de conexión de junio y de julio en Secundaria dan la pauta de la gran cantidad de alumnos conectados y en aumento.

    —¿Eso se tradujo en una mejora de los aprendizajes en 2020?

    —El 2020 ya fue, estamos en este…

    —Pero estamos comentando los resultados de 2020...

    —El año anterior ya lo tenemos evaluado en el monitor en cifras, ¿no? Y hemos tomado lo que resultó positivo y lo que no.

    —¿Y en cuanto a aprendizajes resultó positivo?

    —En algunos alumnos sí, por qué no. No todos fueron vulnerables. Usted quiere que yo le diga la verdad absoluta de alguna manera... Y sí, si los aprendizajes se traducen en números, hay mejores números. Siempre se puede aprender más y siempre podemos hacer las cosas mejor. Y este vivir en pandemia también nos ayudó a adelantarnos a los escenarios. Otra de las enseñanzas es que en pandemia y con números tan preocupantes no se pueden hacer planes a más de dos semanas, a corto plazo.

    —¿Y qué pasa con los planes de largo aliento, como la proyectada reforma del Bachillerato, con la reformulación de planes, la revisión del sistema de calificaciones, las repeticiones y otras políticas?

    —Bueno. Yo no he sido de las autoridades que saliera a hablar ni de reforma ni de transformación, ni nada por el estilo.

    —¿Por qué prefiere no hablar de reforma?

    —Creo en las mismas cosas que creen las autoridades educativas porque acá trabajamos en clave ANEP y así hemos salido adelante en el sistema educativo. Vamos a analizar nuestros propios planes con nuestros técnicos, vamos a participar en comisiones para ver cómo se transforman los planes y los contenidos de la currícula y cuáles serán esos programas. Pero estamos trabajando para que la educación sea una política de Estado, lo que está bien hay que dejarlo y lo perfectible, mejorarlo. Me parece que hay que cambiar puntos que esta pandemia ayudó a detectar.

    —¿Cuáles son sus planes concretos?

    —A mí me gustaría mantener en la administración el déficit cero, seguir administrando con mucha honestidad y transparencia como lo hacemos con más de 17.000 horas de tutorías en los 305 liceos, y los recursos se han volcado allí. Se han creado 149 grupos porque había que atender las nuevas inscripciones de alumnos. En este momento en Secundaria hay 16 planes operativos y a mí me gustaría tener dos planes adaptados al contexto, atendiendo las necesidades con nuevas formas de calificar y asignaturas cuyos contenidos tendrán que ser revisados para que sean operativos a las necesidades de los alumnos.

    —¿Está de acuerdo con ir a un Bachillerato común y que se elija una orientación en sexto año?

    —Sí, se está hablando de esa posibilidad... Todavía hay cuestiones para definir. Pero se hablaba de un Bachillerato en que en el último tramo se eligiera la orientación, porque a veces encontramos a alumnos que no están muy definidos en qué orientaciones tomar y un año más les permite ser un poco más dueños de sus decisiones… No le estoy negando información. Me gusta ser prudente. Yo quiero decir cuando salga de acá: “Misión cumplida. Atendí a los chiquilines, tuve un local propio para Secundaria que no lo lograron en 86 años, trabajamos por la educación inclusiva y en los planes de Ciclo Básico y Bachillerato para brindar herramientas que sumen”. Si logro todo eso, me sentiré muy satisfecha.

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