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    Pintado convocó a pelear contra el “neo-frenteamplismo”, integrado por quienes “quieren el poder por el poder mismo” y “a como dé lugar”

    El ministro de Transporte y Obras Públicas dice que el principal error que cometió respecto a Pluna fue llamar a una subasta, instrumento “típico del libre mercado”, y ponerle “condiciones” y “precio”

    Que construyó un despacho paralelo innecesario, que tiene campos y testaferros, que contrató un entrenador personal con dineros públicos. Esas y otras acusaciones provenientes de ámbitos políticos recaen sobre el ministro de Transporte y Obras Públicas, Enrique Pintado, desde hace más de un mes.

    Pintado, sin embargo, las refuta una por una. Dice que el nuevo despacho “era necesario” porque en el suyo no tiene “privacidad”. Pero lamenta, con ironía, que “capaz que tener buen gusto es un pecado”.

    Asegura que no tiene campo: “Si alguien me trae una prueba de que tengo un metro cuadrado de campo, yo renuncio inmediatamente; no al Ministerio: a la política”.

    Afirma que el profesor de Educación Física que contrató el Ministerio atiende la salud del “25% de los funcionarios” y “es un amigo de toda la vida”.

    En una entrevista con Búsqueda el ministro se refirió a lo que considera una “campaña” contra él y afirmó que se propone enfrentar al “neo-frenteamplismo”, que “es el espacio integrado por aquellos que, en la izquierda, quieren el poder por el poder mismo” y buscan obtenerlo “a como dé lugar”. Sostiene que esa forma de hacer política está “dentro de cada uno” de los sectores del Frente Amplio.

    Pintado admite que pensó en renunciar varias veces en los últimos tiempos pero que fue disuadido por el presidente José Mujica y por el vicepresidente, Danilo Astori, que le pidió “que siguiera, que no aflojara”, recuerda.

    Protagonista del “caso Pluna”, el ministro evalúa que “el principal error” que cometió es haber usado una subasta, instrumento “típico del libre mercado”, para “recuperar la totalidad del valor de las aeronaves” y salvar puestos de trabajo.

    “Cuando uno va a un remate, el que habla es el mercado”, afirma. “Y nosotros le pusimos condiciones. Le pusimos el precio. Ese fue nuestro error”.

    —Durante varias semanas en las cuales se han difundido informaciones sobre gastos presuntamente excesivos y supuestas inconductas suyas, usted se mantuvo en silencio. ¿Por qué decidió hablar ahora?

    —En 1971 yo tenía 12 años e iba con mi madre a los actos fundacionales del Frente Amplio y cantábamos: “hemos dicho basta”. Ahora yo he dicho “basta”, porque todo tiene un límite. Hay fronteras que se han cruzado y el Uruguay no merece que las crucemos. No me creo tan importante como para ser el objetivo principal de una campaña que yo considero difamatoria. Se trata de una forma de hacer política que hay que desterrar del Uruguay. Se cruzó una frontera; algunos le llaman “tinellización”. Yo no soy de confrontar, pero cuando me quieren presentar como un chanta y como un corrupto, yo no estoy dispuesto a tirar décadas de militancia en el movimiento sindical y en el Parlamento, donde siempre fui frontal pero siempre fui un tipo de diálogo. Y no me banco ni soporto a ese que te critica anónimamente, no da la cara y viene a darte un abrazo. Yo ya me enteré de algunos. A esos no los voy a abrazar y con esos no voy a dialogar nunca más. A mí me gusta la gente que va cara a cara. En el Parlamento tuve amigos de la oposición pero me parece que el Twitter les ha hecho mucho mal. Yo no puedo insultar a alguien y después abrazarlo. Con esa hipocresía no convivo porque esa hipocresía mata a la política.

    —¿Qué frontera cree que fue cruzada?

    —Que cualquier cosa sirve para obtener el triunfo. El debate de ideas pasa a un segundo plano y esto genera la siembra del recelo y la desconfianza en un país que tiene que cuidar esas cosas. Esto es muy malo para los uruguayos y para todo el sistema político.

    —¿Quiénes cruzaron la frontera?

    —No digo que el grupo “A” está de este lado de la frontera y el grupo “B” del otro. Es algo que cruza horizontalmente a todos. Si el trabajo y la gestión de las personas no interesa y lo que importa es el chusmerío y la sangre, eso me preocupa como uruguayo. Mucha gente me conoce, sabe de dónde vengo, sabe quién soy, a qué lugares voy, qué amigos tengo, qué gustos tengo, cómo ha sido mi conducta durante toda una vida en el movimiento sindical y en el Parlamento. E igual se cruzan las fronteras gratuitamente. Eso es un peligro para el Uruguay. Hay una forma de hacer política que se está instalando que es más de “Intrusos” (programa de chismes argentino) que del debate de ideas. Y yo me resisto, aunque parezca un conservador, a que ese país sea el que triunfe.

    —¿Pero a quiénes se refiere cuando dice que han cruzado la frontera?

    —Todos estamos cruzando la frontera. Un empresario me dijo: “Con ustedes (la izquierda) me está yendo muy bien. Nunca hice tanta plata como con ustedes. Sin embargo, voy a hacer todo lo posible para que ustedes se vayan porque ustedes son intrusos en una casa que nos les pertenece; nos pertenece a nosotros”. Eso es una cuestión de clase. Ahora, eso llevado al plano de que hay que evitar un tercer gobierno del Frente Amplio de cualquier manera y a como dé lugar, hay un paso muy pequeño. No excluyo que eso también nos esté pasando internamente.

    —¿“Internamente” en el Frente Amplio?

    —Sí, sí. No descarto nada. Astori creó Asamblea Uruguay como una organización que dejó de lado ofrecimientos personales y decidió recorrer otro camino porque vio la amenaza del “pos frentismo” en aquel momento entre quienes pensaban que había una idea superadora del Frente Amplio. Por eso fundamos Asamblea Uruguay hace 20 años con el planteo de la renovación en unidad de la izquierda. Estaba aquello del “Frente Grande”...

    —...esa era una idea de los tupamaros...

    —...era una idea de los tupamaros pero también había sectores renovadores de la izquierda que tenían una actitud rupturista respecto al Frente. Decían: “el Frente Amplio ya fue y hay que hacer otra cosa”. Hoy Asamblea Uruguay tiene un nuevo desafío desde el punto de vista ideológico: la pelea con el “neo-frenteamplismo”. El “neo-frenteamplismo” es el espacio integrado por aquellos que, en la izquierda, quieren el poder por el poder mismo y no el poder para transformar a la sociedad en un sentido determinado.

    —¿Usted se refiere a izquierdistas que anhelan conservar el poder a como dé lugar?

    —Sí, a como dé lugar.

    —¿Quiénes son?

    —Eso no tiene una definición de fronteras sectoriales. Es una cuestión ideológica y mental que está dentro de cada uno de nosotros, de los sectores. No se identifica con tal o cual sector. No es la competencia clásica entre tales y cuales. Se trata de que adentro de cada uno hay una mentalidad que aparece, hija del ejercicio del poder, que le puede hacer creer a alguien que, siendo inquilino de la casa, se crea el propietario de ella y pueda hacer cualquier cosa.

    —¿Esto está en todos los sectores del Frente Amplio? ¿También en Asamblea Uruguay?

    —Ah, sí. Todos lo tenemos adentro. Existe en todos lados, en mayor o menor medida. Yo sería muy soberbio si dijera “acá estamos los buenos y del otro lado los malos”. Esto es parte de lo que vive la sociedad. Y es lo que lleva a cruzar las fronteras. Yo pregunto: ¿cuántas veces pidieron mi renuncia? Desde el 2010, todos los eneros y febreros había un diario que decía que me iban a sacar. Era terrible. Después decían que la Presidencia me estaba investigando. Luego, 12 metros cuadrados de reforma de una oficina se transformaron en un bulín. Después, que tengo campos y testaferros. Si alguien me trae una prueba de que tengo un metro cuadrado de campo, yo renuncio inmediatamente; no al Ministerio: a la política. Y ahora contratamos a un profesor de Educación Física para atender al 25% de los funcionarios que están acá porque detectamos con los servicios médicos que había problemas óseos y articulares en una cantidad de personas por su promedio de edad y que había que tener una actitud preventiva. Y además, también, por qué no, una gratificación extraordinaria para que los funcionarios rindan más y mejor corrigiendo posturas. Por otro lado, tenemos a 3.000 niños de escuelas públicas de contexto crítico nadando gratuitamente en los mejores clubes del país, tenemos a miles haciendo gimnasia en otros clubes del país y necesitamos controlar que todo eso se cumpla. Para eso entendimos que lo más conveniente era un profesor de Educación Física, no un ingeniero o un arquitecto.

    —¿Uno solo atiende al 25% de los funcionarios del Ministerio?

    —Sí. En turnos de 15 minutos. No es una gimnasia común. Son 15 minutos para que corrijan posturas o para que se sienten como corresponde frente a la computadora. Uno adquiere vicios de posturas que se solucionan con correcciones. Los 230 funcionarios que se inscribieron voluntariamente son divididos en grupos de 20 o 30 y atendidos en turnos de 15 minutos.

    —¿Usted participa en esas clases o tiene un tratamiento personal?

    —No. Transformaron al profesor de Educación Física en un personal trainer, que no lo es. Es un amigo de toda la vida. En el 2007, cuando yo presidía la Cámara de Diputados, Santiago Valdez (el profesor de Educación Física contratado), a quien conozco no solo por ser el hijo de un gran amigo sino porque fue fundador de la juventud de Asamblea Uruguay, me dijo: “Tú tenés que ser el ministro de Turismo y Deporte”. Le pregunté para qué quería que yo asumiera esa función y me respondió: “Porque los niños de este país necesitan aprender a nadar. Aprender a nadar les da seguridades, les permite manejarse en un medio que no es el de ellos”, y me hizo todo un plan. No fui ministro de Turismo y Deporte, pero como ministro de Transporte y Obras Públicas, luego de racionalizar todos los convenios y ampliar muchísimo la infraestructura comunitaria y social, dije: “bueno, este sueño de Santiago se puede hacer”. Ahora hay 3.000 niños ahí.

    —¿Valdez es el jefe de todo eso y además se encarga de los ejercicios para los funcionarios?

    —No. Él lo que hace es controlar. Donde nos avisan que no están cumpliendo, que no hay profesores o que los gurises no concurren, allá va él y revisa los planes con los profesores de Educación Física.

    —¿Y cómo fue contratado? Porque usted tenía una relación previa a la contratación...

    —Sí. Fue contratado como adscripto. Este gobierno tuvo la valentía de transparentar las contrataciones de los asesores. En vez de disfrazarlas de otras cosas, los ministerios tenemos partidas, algunos más grandes y otros más chicas, para contratar adscriptos.

    —Son los cargos de confianza de toda la vida...

    —No. Estos entran y se van con el ministro. Si al ministro lo hacen renunciar en la mitad del gobierno, se van. No tienen derecho a despido ni a horas extras. Estos contratos molestan a cierta gente; eso está claro.

    —¿Por qué cree que pasa eso?

    —Y... molestan por los sueldos, porque están con el ministro... yo qué sé. Hay muchas formas de molestia. Los sindicatos, por ejemplo, se oponen a este tipo de cosas. Yo sé que hay funcionarios a los que no les gusta este tipo de contrataciones.

    —Está claro todo lo que nos ha informado sobre lo que hace Valdez. ¿Pero eso está dentro del giro del Ministerio de Transporte y Obras Públicas? ¿No es más bien para Turismo y Deporte?

    —Está dentro del giro porque es obra pública. Las obras por convenio para clubes, por ejemplo. Siempre existió eso. Pero antes no se pedían contrapartidas a los clubes. Desde el gobierno pasado, sí.

    —¿Usted realmente cree que era necesario reformar esa cocina para hacer un nuevo lugar para reuniones privadas? ¿No le alcanza con este despacho?

    —Transformar una cocina —porque era eso— inutilizada totalmente en una oficina que uso yo y también otros, 12 metros cuadrados de reforma... honestamente, lo pensé mucho porque no soy tan arrogante como para decir que no me equivoco. Pero eso para mí era necesario.

    —Pero usted explicó que lo hizo porque no tenía privacidad en su propio despacho. ¿Cómo es eso?

    —Es que no tenemos privacidad. Acá se escucha todo.

    —¿Pero cómo que se escucha todo? Cierre la puerta, selle las aberturas y gaste menos.

    —No, ya hicimos la cuenta de blindar, de poner cerraduras o portero electrónico. ¿Qué forma tengo yo de actuar? Acá todo el mundo entra como Perico por su casa.

    —Es problema suyo; ordene que no entren.

    —Sí, pero no se arregla así. El subsecretario no tiene sala de reuniones tampoco y también él usa ese espacio para sus reuniones. Pero, en fin: no creo que me haya equivocado en esto. Ahí se precisaba una oficina. ¿Qué hubiera corregido? Capaz que tener buen gusto es un pecado. Y el arquitecto que hizo eso, lo hizo con muy buen gusto. ¿Tendría que haber puesto baldosas? Quizá sí. Esta no es la oficina más suntuosa de las que hemos refaccionado. Tiene buen gusto. Es cierto que estamos en un problema donde el buen gusto no es lo que predomina. Pero esto no quiere decir que yo no me banco las críticas.

    —¿Y qué no se banca? ¿La puñalada trapera?

    —Ahí está. La frontera se cruza cuando se toca la ética o se toca una conducta. Y yo sé que hay cosas que operan en un Uruguay tradicional que no se fuma, todavía, que alguien que no es académico o que no tiene doble apellido, pueda estar conduciendo los destinos del país. Que piensen que alguien que no es de la academia o que no tiene doble apellido no puede conducir el país es malo para la democracia y peor para la izquierda. Eso es así. La izquierda es parte de esas lógicas que hay que romper. Pero yo hoy puedo exhibir resultados que se destacan. Nosotros invertimos solo en rutas, en cuatro años, más que todo el gobierno pasado, que fue una revolución: 900 millones de dólares en cuatro años frente a 778 millones de dólares en cinco años. Nosotros vamos a andar en más de 1.100 millones, solo en rutas. Los que apostaron a la patria financiera precisaban unas lindas sucursales de bancos en la ciudad y no precisaban carreteras. Nosotros hicimos una revolución productiva y por eso precisamos invertir en carreteras. Por supuesto que hay rezagos. Pero invertimos. Cien millones de dólares en puertos deportivos. Solucionamos los graves problemas del puerto de Nueva Palmira, donde hasta hace no mucho había filas interminables de camiones. Hicimos acuerdos con todos los empresarios viales para obras de gran porte.

    —¿Y usted dice que su gestión molesta?

    —Sí. Si uno exhibe estos éxitos, cuando se trata de un tipo que vino de vender caramelos arriba de los ómnibus, hay gente que se molesta. Y la gestión no tiene solo que ver con la formación —aunque uno estudia mucho—, sino también con la capacidad que uno tenga para formar equipos y para tomar las decisiones correctas de lo que sugieren esos equipos, que sí tienen que ser técnicos. Además nosotros hacemos las cosas con la gente. Hacemos asambleas con la gente en los lugares donde nos proponemos hacer obras. Una vez, en La Floresta, les pregunté a los vecinos: ¿ustedes recuerdan que alguna vez un ministro de Transporte y Obras Públicas haya venido a discutir una obra con ustedes? Ninguno. Era la primera vez. Y eso también molesta.

    —¿Puede ser más específico para señalar a quién molesta eso que usted dice?

    —Molesta a una cultura de un Uruguay que no asume, que no le gusta, que los que conducen el país no tengan doble apellido o no sean académicos. Es eso.

    —¿Pero a quién molesta?

    —A los que no obtienen los mismos resultados, teniendo más formación. Me parece que a esos les molesta. Hablo de una mentalidad del Uruguay que no perdona eso. No estoy hablando de personas específicamente, pero eso incluye a personas específicamente. Hay gente a la que le molesta que Mujica sea presidente de la República, ¿o no saben eso?

    —Sí, les molesta a los blancos y a los colorados...

    —...no, no solo a los blancos y a los colorados. Hay gente que es de izquierda y que no le gusta que Pepe sea presidente. Porque es parte de esa mentalidad. Y tenemos hoy al presidente con mayor impacto internacional que conoce la historia del Uruguay. Y eso hay gente que no le gusta. Gente en la izquierda que está en el gobierno, gente en la derecha. Si usted me lo quiere llevar a sectores, yo no le voy a decir cuáles. Yo, entre mis compañeros, tengo gente a la que no le gusta que Pepe sea el presidente.

    —¿Puede abundar un poco en eso del “neo-frenteamplismo”?

    —Hay un conjunto de compañeros dentro de la izquierda que conciben el poder por el poder mismo. No para usufructo y enriquecimiento personal, sino para usarlo, para estar, para perpetuarse, y terminan olvidando el fin último por el cual nosotros nacimos. Cuando nosotros nos olvidemos de la marca de origen, ahí empieza nuestro fin. Yo lo aprendí de los batllistas. Un día, uno de ellos me dijo: “¿Sabés por qué perdimos? Porque nos creímos que la casa que alquilábamos era nuestra propia casa”. A ellos les costó unos años aprender eso. Y nosotros estaríamos haciendo una gran traición a los que supieron romper las chacras, a pesar de que tenían enormes discrepancias, en 1971. En 1971 había debate de ideas. Hoy, el debate de ideas está sustituido por el debate de posiciones. Eso es el neo-frenteamplismo. Y esa es una lucha que está ocurriendo. Está ocurriendo ahora y nos atraviesa a todos. Si los neo-frenteamplistas triunfan y nos ganan la batalla, muchos frenteamplistas se van a sentir más que decepcionados.

    —¿Ha recibido el respaldo del presidente y del vicepresidente a raíz de lo que usted llama campaña difamatoria?

    —Con Danilo siempre tengo un respaldo. Y del presidente, mil veces. El presidente me ha dicho: “En estas cosas entramos juntos y salimos juntos”.

    —¿En estos últimos tiempos?

    —Sí, en estos últimos tiempos. Pero yo creo que en las cuestiones éticas y morales, si dependo de la defensa de otro, estoy en el horno. Yo duermo con la conciencia tranquila.

    —¿Está conforme con la defensa que hizo de su figura el Frente Amplio en general?

    —Yo no necesito la defensa del Frente Amplio.

    —¿No le hubiera gustado que saliera gente a decir algo?

    —No. Pero además acordé con Danilo exactamente lo contrario.

    —Por Lorenzo y Calloia, la Mesa Política emitió un comunicado.

    —Están en una situación distinta a la mía. Totalmente distinta.

    —Sí, están con un pedido de procesamiento.

    —Era una situación totalmente distinta y sigue siendo distinta. Acá lo que hay son sugerencias de que tengo testaferros, de que me enriquecí, de que hice un bulín, de que... A ver, son distintos.

    —En función de lo que ha pasado, de las cosas que se han publicado, ¿en algún momento pensó en renunciar para ahorrarle problemas al presidente, al Frente Amplio y a un eventual gobierno próximo?

    —En un momento llegué a pensar, sí, varias veces. Algunas veces Pepe me dijo “no, hay que seguir peleando”, y otras veces fue Astori. Con Danilo yo tuve una conversación un día y le dije “no aguanto más”. Y tuvimos una conversación muy linda donde, sin hacerlo directamente, me hizo el repaso de todas las injurias y las difamaciones de las que él fue objeto para pedirme que siguiera, que no aflojara, que no estaba bueno para el país que éste fuera el método de cambiar un gobierno. Porque hay métodos constitucionales, pero si el método de sacar ministros es por campañas de difamación o de inventarles cosas, el sistema democrático está complicado. ¿Sabe cuál fue la conclusión a la que llegué? Que Danilo tiene razón y que yo no tengo derecho a estarme mirando el ombligo. No soy tan importante como para creerme el centro del mundo. Tengo que seguir para adelante.

    —¿Qué opina de lo que dijo Lucio Cáceres y de la respuesta de la directora general?

    —Eso fue cruzar la frontera. Y yo no voy a entrar en eso. La respuesta de la directora general fue muy buena, con altura, sobrellevando una situación personal complicada. Porque lo que dijo Lucio tiene que ver con un machismo, con una concepción de que las mujeres parece que ascienden y llegan a responsabilidades de la manera que Lucio cree. Y eso pone en tela de juicio a la propia directora general que tuvo Lucio Cáceres, y no me parece bueno.

    —¿Por qué?

    —Si él dice que las directoras ascienden o dejan de ascender por razones no profesionales...

    —Él habló de este caso puntual.

    —¿Qué caso puntual? Él no tiene un solo dato. Eso no es verdad, están dañando una familia al santo botón. No quiero dar por Lucio Cáceres más que lo que Lucio Cáceres vale. Yo creo que debe haber sido un error. Se equivocó o lo agarraron en un mal día.

    —¿Cómo es su relación con los empresarios del sector? Se ha comentado de vínculos con algunos, como el empresario Eduardo Álvarez, y reuniones organizadas por otros, como Walter Zeinal.

    —La misma relación que tienen todos los ministros y todos los presidentes con todos los empresarios. Yo no tengo más remedio que conversar con los empresarios; si no, no tengo posibilidades de trabajar en el Ministerio. También converso con los trabajadores. Así como hago asados con la Cámara de la Construcción, los hago con el Sunca la misma cantidad de veces. Un gobernante tiene que relacionarse con todos. Ahora, de ahí a ser amigo es otra cosa. No hay nada que implique ninguna ilegalidad, máxime cuando el ministro no tiene absolutamente nada que ver con las adjudicaciones ni con las licitaciones. Yo no intervengo en las adjudicaciones ni en las licitaciones.

    —Pero usted tiene la última decisión en todo.

    —Yo firmo, no tengo la última decisión. No hay un solo ejemplo de alguna decisión que haya tomado la Comisión de Adjudicaciones que yo haya cambiado. Si no actúo es porque soy amigo del empresario. Y si actúo es porque los estoy persiguiendo porque soy amigo de otros. En realidad, gana el que tiene que ganar. Y almuerzo con mucha gente. Pero eso no es ilegal ni ilegítimo ni anti ético.

    —Hubo un almuerzo que salió en una foto que dio mucho que hablar.

    —Yo no me voy a meter en almuerzos en los que no participé.

    —¿Fue invitado a ese almuerzo con Lorenzo y López Mena en el restaurante Lindolfo por la cuestión de Pluna?

    —Esa pregunta no la voy a responder.

    —¿Usted se equivocó cuando dijo que “se acabaron las especulaciones” en aquella conferencia de prensa sobre Pluna?

    —Sí, fue un error, sí. Yo estaba convencido, pensé que se habían acabado las especulaciones. Si no, no lo hubiera dicho. Me apresuré; no tendría que haber emitido ningún juicio. Pero estaba solo. Hubo dos conferencias de prensa que di yo solo. La de la suspensión de la subasta la di yo solo también.

    —Hace dos semanas un empresario fluvial, el dueño de Colonia Express, dijo que Juan Carlos López Mena es el verdadero ministro de Transporte en los hechos. ¿Cuál es el rol que usted cree que tiene López Mena?

    —Es un actor. No es tan preponderante como parece acá en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

    —Calloia reclama a López Mena que pague el aval que el BROU dio a la empresa Cosmo. ¿Usted también cree que tiene que pagar?

    —Yo no vi el contrato. Calloia sostiene que el contrato dice determinadas cosas, lo ha dicho públicamente, y yo creo que Calloia lee bien los contratos. No me gusta opinar sobre las cosas en las que no fui protagonista y no tuve participación. Pero creo que si Calloia lo dice tiene sus razones. Entonces estoy tranquilo con Calloia.

    —¿Cuál es su evaluación en general como ministro de Transporte sobre lo que fue el caso Pluna?

    —Yo tengo una evaluación muy crítica, más allá de que estuve en todos los lugares que había que estar. En algunas estuve solo por una cuestión de especificidad. Al Parlamento fui muchas más veces solo que acompañado. Nunca se controló tanto a Pluna SA como en nuestro mandato; le hicimos juicios civiles. Tuvimos una relación de tensión-distensión, entre otras cosas porque los roles en una sociedad son distintos. Yo siempre tuve la duda de si teníamos que tener ese porcentaje de acciones, o si dejarlo 100% en el privado.

    —¿Era favorable a eso?

    —Sí.

    —¿Lo propuso?

    —No, no lo propuse porque uno también es político y hay que tener un olfato para hacer ciertas cosas. Creo que a la luz de las cosas... no se puede dirigir una empresa en competencia yendo al Parlamento todas las semanas porque en definitiva los que te cuestionan se supone que lo hacen para no beneficiar al competidor. Pero poniendo todo en las actas terminan beneficiando al competidor. ¿Por qué Antel tuvo que recurrir a una ley que le permitiera no estar anunciando qué tipo de celular iba a comprar? Porque la competencia se enteraba y lo hacía antes. Uno hace muchos aprendizajes. Antes creíamos que la soberanía aérea se defendía teniendo una aerolínea estatal. Porque lo otro era el sueño de los yanquis. Pero tenía una razón de ser ese pensamiento: cielos cerrados en todas las partes del mundo. El problema es que los cielos se empezaron a abrir. El único que se mantiene con una política de cielos cerrados es Argentina. Eso también influyó en el fracaso de la acción de los privados. Confundíamos defensa de la soberanía y de la conectividad con empresa estatal. En realidad lo que hay que defender es la conectividad, que es lo que hicimos. Cuando Iberia nos dijo “no volamos más de Madrid a Montevideo”, nosotros, en vez de asustarnos, nos juntamos acá, llamamos al Aeropuerto de Carrasco y les dijimos: “Tenemos que trabajar juntos. Ustedes hicieron una inversión millonaria y para que esa inversión sea redituable tiene que haber aviones volando. ¿Qué hacemos?”. Nos dijeron “conocemos a un señor Hidalgo, que está en República Dominicana, que es dueño de Air Europa, al que le puede interesar”. Mandé una carta, después conocimos a Hidalgo y junto a los ministerios de Turismo y Economía, y Ancap, alineamos los precios de combustibles a la región, cosa que tendríamos que haber hecho antes, pero bueno, se hizo en el momento que se hizo. Y con eso dijimos: “este es el camino”. Air France se arrimó y nosotros la atrapamos. Ahora Air France vuela todos los días, siete veces a la semana. Air Europa aumentó a cuatro y tenemos que hacer un convenio con España para que pueda hacer Montevideo-Salvador de Bahía-Madrid, pero va a tener cuatro frecuencias Montevideo-Madrid directas. Es el tramo más rentable que tiene Air Europa. Y vamos a ir a Turquía por dos cosas: para que Turkish Airlines venga y haga la aerolínea o para una escuela de pilotos regional en Punta del Este para preparar personal de cabina y pilotos de todo tipo de aeronaves con simuladores, obviamente asociadas con Turkish. Y vamos a Qatar a ver si podemos tener una conectividad con Asia.

    —¿De modo que aquello de salvaguardar la “línea de bandera” para “defender la soberanía nacional” es algo del pasado?

    —Tener una aerolínea de referencia no es fundamental para la soberanía; lo importante es la conectividad. Esa es la lección que aprendimos de Pluna. El principal error que cometí es haber querido en una subasta resolver dos problemas que no se pueden resolver. El primero es recuperar la totalidad del valor de las aeronaves que debíamos. Y si eso no se podía, otro que era más caro: vender aviones que salvaran 250 puestos de trabajo como mínimo, utilizando un mecanismo que es típico del mercado, de la oferta y la demanda. Cuando uno va a un remate, el que habla es el mercado. Y nosotros le pusimos condiciones. Le pusimos el precio. Ese fue nuestro error.

    —¿Cree que, con la persona que se presentó a la subasta, López Mena quiso engañar al gobierno?

    —No sé si al gobierno, no sé si quiso engañar a alguien. López Mena a mí me dijo el día antes de que suspendiéramos la subasta que no se iba a presentar. Y en la segunda también nos dijo que a él no le convenía. Le dijimos: “¿Pero no podés invitar a nadie?”. Dijo: “Voy a intentar entre mis conocidos invitar a alguien”. Después, qué pasó, no sé. Seguramente sí fue el resultado de su invitación, pero nada más que eso. Ahora, ¿a quién quiso engañar? Yo qué sé. Si le cuesta 13 millones...

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