Hasta el momento, existen cuatro plantas clasificadoras de residuos en Montevideo (Durán, La Paloma, Géminis y Burgues) que funcionan en el marco del Plan de Gestión de Envases implementado con la Ley Nº 17.849. El plan involucra a las empresas —a través de la cámara—, a los gobiernos departamentales, al Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y al Ministerio de Ambiente. La normativa dispone que todas las empresas productoras de envases tienen que hacerse responsables de su posterior gestión. Son alrededor de 2.400 empresas que realizan aportes mensuales a un fideicomiso administrado por la CIU.
“El que contamina, paga”, explicó Jorge Ramada, secretario de Salud Laboral y Medioambiente de PIT-CNT y representante de los trabajadores en la Comisión de Seguimiento de las plantas, una mesa compartida con los organismos administradores del plan. Pero cuestionó que “nunca se dice cuánto se paga”, y señaló que los aportes de las empresas son $ 0,10 por envase, lo que a su juicio es una “miseria”. Desde la cámara no quisieron precisar a Búsqueda cuánto aportan por envase. Ramada también cuestionó la falta de proactividad de la cámara para resolver diversos problemas que limitan la efectividad de las plantas, y afirmó que sus representantes han faltado a varias reuniones de seguimiento. En ese sentido, aseguró que la cámara ha escatimado en seguridad, limpieza e inversiones en general.
Más allá de las eventuales responsabilidades, los trabajadores de las plantas reclaman que los sueldos que perciben son bajos, que falta compromiso en la población para separar y disponer de forma adecuada sus residuos, y que no se apuesta a la innovación.
El secretario de la Comisión de Medio Ambiente de la CIU, Agustín Tassani, dijo a Búsqueda que las plantas se encuentran en “excelentes condiciones”, aunque informó que la cámara contrató una consultora para que estudie las posibilidades de implementar un nuevo plan que cumpla con los objetivos planteados por el ministerio. Según afirmó, será presentado a fines de febrero.
La IM hizo un relevamiento de las necesidades de cada planta. Entre ellas destacaron el pedido de nueva maquinaria y la necesidad de explorar nuevos caminos de comercialización, además del interés de los clasificadores en que se los considere como agentes para educar a la población. En el caso de la planta Géminis, por ejemplo, se reclamaron reformas. Los galpones “están quedando chicos” y no tienen ventilación, contó a Búsqueda Virginia Cardozo, coordinadora de la planta.
Guillermo Moncecchi, director de Desarrollo Ambiental del IM, dijo a Búsqueda a principios de febrero que la inversión que se requiere para mejorar las plantas y poder acercarse a los objetivos que fijó el ministerio está incluida dentro del préstamo que se gestionó ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y que aún espera por la aprobación de la Junta Departamental. Por eso insistió en que es “desconcertante” que no consiga el apoyo de los ediles de la oposición y afirmó que, de lo contrario, tendrán que buscar “alternativas”.

Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS
La población es una de las principales responsables de la baja productividad de las plantas. La calidad del material que ingresa a las clasificadoras depende de su lugar y tratamiento de origen; el material reciclable seco no debe mezclarse con residuos orgánicos, por ejemplo.
Camiones especializados de la intendencia recolectan lo vertido en los contenedores naranjas del Municipio B y en los identificados con el programa Tu Envase Sirve, que están ubicados en la puerta de grandes superficies, así como también en los bolsones del plan Montevideo más verde de la IM. Mientras el contenido de los contenedores en supermercados y bolsones resulta entre un 70% y 80% reciclable, 60% de lo que se recoge de los contenedores naranjas en la vía pública se desecha y solo 40% es reciclable.
Una vez lo recogido ingresa a las plantas, el material reciclado se amontona en fardos (commodities) que se venden a empresas privadas y vuelve a la industria, donde se le da un segundo uso con valor de mercado como fibra textil, láminas para fabricación de blisters, cajas, nuevos envases, etc. Los porcentajes no reciclables se descartan, aunque existen algunos proyectos para poder utilizarlos como residuos de valor energético en el futuro.
Núñez aseguró que para el trabajo en la planta es fundamental que la población esté educada en reciclaje, aunque asumió “un gran debe” en la comunicación. En este sentido, el plan de bolsones de la IM —al cual ahora se le sumarán nuevos contenedores— resulta más efectivo porque a cada edificio o cooperativa de vivienda que accede al servicio se le brinda información, folletería y capacitación para su uso. “Cuanto más cerca de la población están los programas, mejor funcionan”, señaló Núñez.
El plan presentado al BID para obtener el préstamo incluye una inversión de más de US$ 15 millones para incorporar más camiones y contenedores. La idea es que se extienda lo que hoy “funciona” en Ciudad Vieja hacia otros barrios de alta densidad poblacional, como Pocitos o Cerro, explicó Clara. De esta manera la población tendrá cada vez más a su alcance los mecanismos para una correcta clasificación de origen, indicó.
Según Tassani, el problema es que la población no tiene “el más mínimo respeto” por lo que coloca en los contenedores y si se tira “cualquier cosa”, va a ser un trabajo cada vez “más duro”.
Tanto lo reciclable como la basura orgánica y hasta residuos hospitalarios terminan en las plantas, aseguraron los trabajadores consultados, lo que los deja expuestos a riesgos biológicos y enfermedades infecciosas o parasitarias. Desde Géminis aseguran que el trabajo que realizan es insalubre, y reclaman que no reciben partidas adicionales por eso. Sin embargo, en la medida que haya un cuidadoso tratamiento de los envases desde el origen, el del clasificador pasa a ser un trabajo “mucho más limpio” y hasta “no debería ser considerado insalubre”, dijo Tassani.
Para Cardozo, en cambio, “el sueldo es muy bajo” y el riesgo “bastante”.

Foto: Nicolás Celaya /adhocFOTOS
Condiciones de trabajo
Cada planta se dedica al tratamiento de desechos de uso doméstico, como plástico, bolsas, espuma plast, latas, aluminio, cartón y papeles. Cuentan con alrededor de 30 clasificadores que trabajan 40 horas semanales por un sueldo mensual aproximado de $ 20.000 líquidos.
Antes de entrar en funciones, tuvieron una preparación de tres meses y al día de hoy destinan cinco horas semanales a capacitación. Sin embargo, 15% de la planilla estable de Durán, por ejemplo, no sabe leer ni escribir. Núñez contó el esfuerzo que fue enseñarles nociones básicas de química para poder diferenciar los materiales para clasificar los residuos.
La planta clasificadora de Durán está en funcionamiento desde 2014, pero recién a finales de 2020 sus trabajadores se cooperativizaron y ahora tienen la posibilidad de autogestionarse. Los primeros seis años de la planta se dieron en el marco del programa de Trabajo Protegido del Mides, y la Cooperativa de Servicios Sociales El Abrojo acompañaba en la gestión y formación de los clasificadores en hábitos de trabajo.
El Abrojo también apoyó parte del crecimiento de los 35 trabajadores de la planta Géminis, que hoy también es una cooperativa.
Según Humberto Agnese, presidente de la cooperativa Durán, “solos es mejor que acompañados” porque “abrimos los ojos”: ahora el trato con los compradores de las industrias privadas es más frecuente y ellos mismos pueden encargarse de negociar los precios de los commodities que se arman en planta.
De la calle a la planta
La Ley de Envases obliga a las plantas a contratar y formalizar el trabajo de clasificadores que antes se dedicaban a la recolección de residuos en la calle o canteras.
Agnese, que se dedica a la clasificación desde los 11 años, contó a Búsqueda lo difícil que fue la adaptación al trabajo formal. Es decir, pasar de trabajar en la calle, “donde hacés plata todos los días”, a una fábrica a cobrar por mes, lo que implicó “cambiar la ficha de la cabeza” y “tironear”.
Los clasificadores trabajaban de recoger cartones hasta monitores para “hacer feria”, detalló Agnese y destacó que la calle “da mucha oportunidad”. Tanta, que “podés hacer en un día más que acá en un mes”. Por esta razón, algunos de sus compañeros después de cumplir con su jornada en las plantas, todavía trabajan en la recolección informal.
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Información Nacional
2022-02-16T19:11:00
2022-02-16T19:11:00