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En junio de 2014, a semanas del Mundial de Fútbol de la FIFA, la Policía Federal de Brasil inauguró en su sede de Brasilia el Centro de Cooperación Internacional (CCPI), pensado para dar seguridad al evento con policías de los 32 países participantes del torneo, y miembros de Naciones Unidas, Ameripol e Interpol. En ese ámbito las agencias compartieron datos sobre terroristas, narcotraficantes, explotadores de menores e hinchas violentos. En agosto de 2016, días antes del comienzo de los Juegos Olímpicos, una segunda sede del CCPI fue abierta en Río de Janeiro con el mismo objetivo. Costó casi US$ 10 millones. “El centro tiene todos los elementos más modernos en materia de seguridad y es el mayor de cooperación internacional jamás instalado en Brasil”, valoró en la inauguración Alexandre de Moraes, entonces ministro de Justicia brasileño.
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Pese a que el CCPI siguió en funcionamiento bajo la órbita de la Policía Federal, Uruguay dejó de integrarlo. Ahora la situación cambió: el poder de las organizaciones criminales con base en Brasil determinó que el gobierno decidiera aumentar la cooperación internacional y formar parte permanente del organismo a través de un representante de la Policía Nacional. El agente, que todavía no fue designado, pertenecerá a la Dirección General de Información e Inteligencia Policial. “Desde Río de Janeiro se controlan las grandes organizaciones delictivas de Brasil. En nuestra política de lucha contra el narcotráfico estamos coordinando acciones con inteligencias de la región”, señaló el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, el miércoles 3 en la Comisión de Presupuesto integrada con la de Hacienda.
La decisión del Ministerio del Interior fue impulsada por una preocupación interna y tras pedidos personales de Heber al ministro de Justicia y Seguridad Pública de Brasil, Anderson Torres, para generar mayor inteligencia en la lucha contra el narcotráfico radicado en Brasil que actúa en Uruguay, dijeron a Búsqueda fuentes del Ministerio del Interior. “Es parte de una línea estratégica de profundizar la interacción con otras Policías, sin las cuales no podemos combatir ciertas organizaciones”, dijo una de las fuentes. El 23 de junio AFP informó de una alianza estratégica en la lucha contra el crimen organizado transnacional, que a instancias de Torres y del secretario general de Interpol, el alemán Jürgen Stock, fue aceptada por Uruguay, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú y Surinam. El acuerdo se cerró ese día en Brasilia durante el Primer Encuentro Ministerial contra el Crimen Organizado Transnacional en Sudamérica convocado por Brasil. Allí Torres promovió un acercamiento entre los países para expandir la vigilancia policial y ampliar el intercambio de inteligencia.
Como miembro del Centro de Cooperación Policial Internacional, Uruguay compartirá información propia y será principalmente beneficiado de la información proporcionada por otras agencias. La Policía Nacional confía en que el intercambio sea más efectivo que con otras instituciones con fines similares, por la cercanía geográfica y por el apoyo concreto de Heber y Torres. A corto plazo se espera alcanzar con la Policía Federal de Brasil un nivel de confianza parecido al que se forjó con la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) de Paraguay, que incluye una relación directa con su ministra Zully Rolón, colaboración en la megaoperación A Ultranza PY del año pasado y visitas a Pedro Juan Caballero, una ciudad paraguaya fronteriza con Brasil desde donde sale la mayoría de la droga desparramada en la región. Hasta allí, incluso, se han intentado desplazar clanes narcos de barrios de Montevideo que quieren expandir su negocio a la distribución para abandonar la venta en bocas de droga, menos redituable económicamente y más violenta.
Desafío
La influencia de Brasil sobre el narcotráfico uruguayo es determinante. Desde la frontera seca ingresa la mayoría de la pasta base, la cocaína y la marihuana con origen en Paraguay, Bolivia y Perú. Parte queda para consumo interno mediante el narcomenudeo en bocas metropolitanas y parte se envía a Europa y África usando a Uruguay como escala del tráfico marítimo. Las fuentes señalaron que al reintegrarse al CCPI se tendrá información más detallada sobre las jerarquías, estructura, logística y funcionamiento de grupos como la mafia calabresa ‘Ndrangheta, que tiene células asentadas en Brasil y cuyo accionar desde allí hacia Uruguay quedó en evidencia con la detención, el escape y la recaptura del italiano Rocco Morabito, uno de sus líderes. La Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) sospecha que el grupo está detrás de muchos de los envíos de cocaína que salen en contenedores del Puerto de Montevideo.
Aunque este sea el objetivo específico del acuerdo, la unión de Uruguay al CCPI se da en un contexto de fortalecimiento de organizaciones puramente brasileñas en el país. Os Manos y Tauras, dos pandillas originarias de Río Grande del Sur, se enfrentan territorialmente en Rivera, donde la lucha dejó un paso atrás a Bala na Cara, otra pandilla que contribuyó a la escalada de violencia en ese departamento desde 2010. La presencia de integrantes de estas bandas también se da en cárceles de Montevideo, adonde son trasladados desde Rivera. La Policía investiga la posibilidad de que el Primer Comando Capital (PCC) también opere en el país. “Hasta ahora nosotros no tenemos confirmación de esa presencia. Es un tema que nos aumenta el desafío, porque estamos frente a una organización realmente poderosa”, dijo Heber en el Parlamento.
Con origen en San Pablo, el PCC es la organización criminal más fuerte de Brasil. Desde 2017 tiene vínculos con Os Manos para el tráfico de drogas y armas, aunque la relación disminuyó últimamente. Además, presos brasileños en cárceles uruguayas han admitido ser integrantes de la banda en el rol de soldados, la escala más baja de la organización. La Policía, sin embargo, no tiene claro si esas afirmaciones son ciertas o simplemente usadas para dar prestigio carcelario a los delincuentes. La situación es difícil de dilucidar por el tamaño del PCC —tiene más de 20.000 miembros—, sus numerosas alianzas y su ramificación nacional en Brasil y global en América Latina, Asia y Europa. Una de sus asociaciones más conocidas es justamente con la ‘Ndrangheta.