Un joven abogado bajito y rechoncho recibió la orden de formar un ejército. Comenzó con 34 soldados desarrapados, pero tuvo tanto éxito que un tiempo después hizo claudicar a 10 batallones franceses, entre ellos algunos temidos legionarios y compañías paracaidistas.
El nombre del general vietnamita Vo Nguyen Giap, que formó al Ejército de Liberación Popular, más conocido como Vietcong, pasó a la historia de los más brillantes militares del siglo XX. Giap derrotó primero a los franceses y después a los estadounidenses sin haber estudiado en una academia de oficiales más que cursos breves.
Destacado en guerra de guerrillas, la estrategia defensiva que se imaginan los militares uruguayos si no actúan contra el enemigo interno, siguió al chino Sun Tzu, que recomendó anular la voluntad de lucha del enemigo y que proclamó que “mejor que alcanzar cien victorias en cien batallas es vencer al enemigo sin tener que combatir en ninguna.”
Salvo los combates puntuales en misiones de paz de Naciones Unidas, los militares uruguayos no conocen la guerra como los vietnamitas o los afganos, pero la estudian y se preparan para ella.
En El arte de mandar, un manual escrito en 1899 por el capitán francés André Gavet, que aún se usa en la Escuela Militar de Toledo, se explican los conceptos básicos para la formación de un oficial.
El arte de la guerra, sin embargo, está cambiando. En un artículo publicado el mes pasado en la Revista Naval, el capitán de navío retirado Francisco Valiñas recordó que, en algunos aspectos, el típico espíritu de cuerpo de los militares está siendo reemplazado en parte por nuevas estructuras que se adaptan mejor a los “guerreros digitales” con mentalidad individualista, quienes toman parte de las nuevas batallas antes de que desembarquen las tropas.
¿Dónde está el enemigo?
Un análisis producido por el Estado Mayor de la Defensa (Esmade), al que accedió Búsqueda, concluyó que la probabilidad de un conflicto armado en Uruguay “en el corto y mediano plazo es baja”, aunque podría producirse una guerra por recursos naturales en el largo plazo.
La parte buena de la “noticia” no significa que el país deba descuidar la vigilancia de la soberanía, en especial en el espacio aéreo y en el mar, y mejorar dentro de lo posible la capacidad de disuasión de las Fuerzas Armadas, explicaron fuentes militares.
Coincidiendo con el principio de Sun Tzu, un estudio del Esmade sobre disuasión sostiene: “Mientras mejor y más profundamente logremos convencer al eventual agresor de que la fuerza no es un argumento válido para obligarnos a hacer algo contra nuestra voluntad, menos posibilidades de conflicto armado existirán”.
Pero no es ningún secreto que las cosas no están bien, sobre todo a nivel de recursos materiales. A juzgar por la descripción que realizó el senador blanco Javier García durante la inauguración de un curso en la Escuela de Comando de la Fuerza Aérea en abril pasado, Uruguay está “al borde de la indefensión como país”.
El senador de la oposición sostuvo que las Fuerzas Armadas “están viviendo un momento crítico (...) caracterizado por un proceso de postergación, desinversión, desmantelamiento por la vía de los hechos que lleva a la desmotivación y a la fuga de capital humano” y destacó “la situación terminal” que tienen las plataformas aéreas y marítimas.
El factor humano.
Cuando Luis Lacalle llegó a la presidencia en 1990 afirmó que se proponía dotar al país de unas Fuerzas Armadas “pequeñas pero tecnificadas”.
Aunque muchos de sus sucesores de diferentes partidos siguen repitiendo esa idea, en la práctica el alto costo del armamento se presenta como un obstáculo insalvable.
La brecha tecnológica y una especie de seguro de paro encubierto, sobre todo en pequeñas localidades del interior, han llevado a que las Fuerzas Armadas, si bien han bajado respecto a 1985, todavía mantengan alrededor de 24.000 personas ocupadas.
El envío de un proyecto de ley para reformar los retiros militares, que comenzó a ser discutido esta semana por la comisión de Asuntos Laborales del Senado, reavivó el postergado debate sobre qué Fuerzas Armadas necesita el país.
En el oficialismo aparecieron dos visiones. Por un lado, el senador José Mujica se colocó como heredero de su exministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, planteando que antes del nuevo sistema de retiros se deben votar las nuevas leyes orgánicas.
Por otro, la senadora Constanza Moreira dijo a Búsqueda que se debe descartar “unas Fuerzas Armadas preparadas para la defensa ante un ataque convencional” y por lo tanto se necesita “un número pequeño de efectivos, con alta preparación, flexible y una gran capacidad técnica y operativa”, dejando a los civiles las catástrofes naturales y a Interior misiones como las cárceles y los puertos y costas.
La senadora de Casa Grande, que se ha ganado el rechazo corporativo de los militares, concluyó que la tasa de efectivos per cápita “está disparada con respecto a la región” y que las Fuerzas Armadas deberían llegar a unos 11.000 efectivos. Eso debe ir de la mano, dijo, de una redefinición de roles con un probable recorte del Ejército, además de evitar que se dupliquen inútilmente recursos “como la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico”, que son responsabilidad del Ministerio del Interior.
Moreira se manifestó en contra de los liceos militares: “Es inaudito en pleno siglo XXI”. Tampoco está de acuerdo con que la formación de oficiales sea “enclaustrada en las academias militares” y propuso “doble titulación” que permita integración a la sociedad.
El politólogo Julián González opina que si bien “hay que tener en cuenta que las Fuerzas Armadas son impermeables y refractarias al cambio”, cualquier modificación que se produzca debe ser basada en “un acuerdo político amplio” y no “entre cuatro paredes del Ministerio”.
Mujica, por su parte, dijo a Búsqueda que está dispuesto a aceptar el impuesto a las jubilaciones militares mayores de $ 50.000, pero que prefiere ir más despacio tanto en los retiros como en el análisis general de la regulación de cuadros.
Durante la masiva asamblea de retirados que se realizó el miércoles 5 en el Club de la Fuerza Aérea, se escucharon opiniones muy críticas hacia la política militar del Frente Amplio al que acusaron de “poner la carreta delante de los bueyes” con “una finalidad ideológica y de venganza más que economicista” que busca “la estocada final para eliminar las FF. AA. en el Uruguay”.
Esta visión apocalíptica, sin embargo, no es compartida por los mandos, que si bien han enviado señales tanto de respaldo a “la barra” de retirados —como hizo el comandante del Ejército Guido Manini el día del Ejército—, también tomaron distancia del discurso “radical” de los retirados afectados por el anuncio de un nuevo impuesto que consideran “confiscatorio e inconstitucional”.
Mujica quiere abordar el tema “sin apurar ni demorar” para no cometer los mismos errores de la década de 1990. Mientras los militares consideran esas decisiones un asunto de los políticos, otros actores las ven como “responsabilidades compartidas”.
Información Nacional
2017-07-13T00:00:00
2017-07-13T00:00:00