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El subtítulo de la novela es Los perros vuelan bajo. Y la historia arranca con una caja recién llegada de la aduana. Todo extraño, misterioso, alucinado. Y más aún si su autor es un escritor de Bulgaria. Así, de una: ¿cuántos escritores búlgaros conoce usted, (des)contaminado lector? Ninguno, ¿verdad? Pues yo tampoco hasta dar con este tal Popov, que nació en Sofía en 1966. Y Popov tiene un estilo que tiende a las ligeras distorsiones, a las caricaturas y al humor, como si hubiese abrevado en las novelas de Coraghessan Boyle, que a su vez viene de Vonnegut, y vamos a dejarla ahí porque todo tiene un origen y esto es un miserable recuadro.
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Lo que Popov propone —notoriamente asqueado del comunismo y ahora también del capitalismo, lo que lo convierte en otro miembro del nuevo pesimismo— es una aventura que implica a dos hermanos búlgaros, Ned y Ango (todos los capítulos alternan sus nombres), en la Nueva York de las oportunidades. Su padre, que ha muerto y cuyas cenizas fueron enviadas a Bulgaria, era un destacado profesor de matemáticas en los Estados Unidos. Uno de los hermanos ya ha conseguido el éxito: es un yuppi con todas las cosas caras a su alcance. El otro va por una chance. Llega a la Gran Manzana a trabajar en lo que sea: lavar platos, vender hamburguesas en un equipo de empleados con síndrome Down o, que es donde se desata la verdadera trama, pasear perros. En Central Park, ventilando a un chucho para que haga sus necesidades, conoce a una atractiva muchacha que lo introduce en el gremio de los… paseadores de perros. A partir de ese momento no solo los personajes serán excepcionales y extravagantes, también las situaciones, que se van pareciendo cada vez más a una película de aventuras. Por allí tenemos a Kurtz, un empresario que ha perdido la chaveta —o se ha iluminado en contra del neoliberalismo— y ahora está con los huelguistas y ocupa una fábrica. Ah, los Kurtz de este mundo, un arquetipo legado por el gran Joseph Conrad. El asunto se va tornando cada vez más loco, y si bien no se sostiene con la misma calidad literaria, nunca abandona el entretenimiento. No sería extraño ver a esta novela convertida algún día en película. Tiene todo para ello.
La caja negra (2020) es de Automática Editorial, empeñada en darnos a conocer escritores del Este luego del deshielo comunista, una fascinante iniciativa. Hay gente que pasó las dos plagas: el estatismo y el liberalismo.