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    Por temor a perder la independencia el PIT-CNT no debe caer en una “operación desmemoria” y subestimar cambios neoliberales

    El gobierno cede por “complejo” a las observaciones de la OIT y las modificaciones que propone a la negociación colectiva son “inadmisibles”, pero hoy el sindicalismo tiene que “pelear contra las cámaras empresariales”

    El presidente del PIT-CNT es un aficionado a recorrer ferias para comprar antigüedades. El hallazgo más reciente fueron cientos de cajas de fósforos viejas, que todavía le dibujan en el rostro una sonrisa novelera. Tiene ya tantos objetos que su madre se malhumora cuando lo ve aparecerse con alguna caja por su casa, que utiliza como depósito. Fernando Pereira es consciente de que en algún momento tendrá que empezar a venderlas porque no tendrá dónde guardarlas.

    Por ahora las conserva con recelo. Lo demuestra mientras baja las escaleras de la sede del PIT-CNT y se encuentra con un veterano dirigente. Jorge Voituret —otro aficionado a las antigüedades— le dice con tono pícaro que quiere algo que vio en su despacho. Pereira en seguida se pone a la defensiva y le recuerda que todavía no le devolvió aquella película sobre el acto en el obelisco de 1983, una joya con la que se topó por casualidad en la feria de Tristán Narvaja y que compró por $ 100.

    Ese mismo recelo muestra al meterse en la campaña electoral, un tema en el que entra de lleno, sin dar ningún rodeo. En el primer centro, no duda en poner una “motosierra” en la mano del candidato colorado Ernesto Talvi y en tildarlo como la encarnación del neoliberalismo, “mucho más” que el blanco Luis Lacalle Pou. Varias de sus propuestas le dan “pavor” o lo “asustan” y entiende que lo mismo debería pasarle a cualquier trabajador.

    “Aunque seas trabajador periodista, tenés que sentir temor, o pavor, o resistir como sea. ¡Esto habla de vos, loco!”, dice.

    No le da temor, en cambio, que lo acusen de perder la independencia por ese tipo de pronunciamiento. Para Pereira, las propuestas que “subestimaron” en los 90 hoy son una “lección aprendida” y no puede haber una “operación desmemoria”.

    En el Frente Amplio no siempre ve tanta determinación para defender algunas conquistas. Por ejemplo, cuestiona los “complejos” que llevaron al partido de gobierno a ceder ante las observaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y proponer modificaciones a la ley de negociación colectiva. Aunque algunos de esos cambios le resultan “criticables” y hasta “inadmisibles”, evita entrar en una polémica mayor. Lo hizo la semana pasada en la Mesa Representativa oponiéndose a la moción de un sindicato que pedía rechazar esos cambios propuestos por el Ministerio de Trabajo en una declaración.

    “Lo que defino es con quién me voy a pelear. Hoy me voy a pelear con las cámaras empresariales porque están en la otra punta del pensamiento”, argumenta.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que Pereira concedió a Búsqueda.

    —Las relaciones laborales están más presentes en el debate político en esta campaña que en las anteriores. Los Consejos de Salarios son centro de discusión y esta última semana Ernesto Talvi machacó con esos miles de empleos públicos que entiende que sobran...

    —Sí, motosierra se llama, ¿no? Cambió el dueño. El heredero neoliberal es bastante más Talvi que Lacalle Pou. Plantea que va a construir 136 liceos. ¿Cuánto personal llevan 136 liceos? Y al mismo tiempo va a reducir 6.000 funcionarios públicos por año. Cree que sobran en el entorno de 100.000 funcionarios en el Estado. Uno se pregunta, ¿cuál es entonces la concepción? Un Estado mínimo y que el mercado resuelva los problemas de la gente. En mi país eso se llama neoliberalismo. No se llama ni progresismo a la uruguaya, ni batllismo. Talvi hoy encarna al candidato del neoliberalismo.

    —¿Más que Lacalle Pou?

    —Mucho más. (Luis Alberto) Lacalle fue quien se embanderó más con la receta neoliberal, a tal punto que intentó privatizar Antel. Fracasó porque los uruguayos tuvieron la resistencia suficiente para llevarlo a un plebiscito. ¿Qué pasaría en Uruguay si Antel no fuera nuestra? ¿Habría fibra óptica en los hogares pobres, en las plazas, en las escuelas públicas? ¿En qué país del mundo las empresas privadas garantizaron este servicio a los sectores más débiles de la sociedad? Lo mismo si pensamos en UTE. El problema es qué sociedad querés construir. Yo quiero una sociedad donde todos tengamos fibra óptica, electricidad, agua, libros, acceso al teatro, al deporte, a la recreación. ¿Esto el mercado lo va a resolver? Yo no lo veo. Escuchás a Fernando Pérez Tabó, el asesor de Talvi, y dice que hay que sacar el ajuste salarial de los Consejos de Salarios. Dicho así, al pasar, parece nada. ¡Pero es sacarle el alma a la negociación colectiva! Entonces, ¿es posible que los trabajadores no nos expresemos por temor a que nos digan que perdemos la independencia? No. Eso no es independencia. Eso no es decirle la verdad a la gente. Entonces: entre los pronunciamientos públicos que ha tenido Talvi y el movimiento sindical existe un abismo. Hay propuestas de Talvi que me dan pavor, como dirigente sindical al que le pasó subestimar esta discusión en los 90. Salvo dos o tres compañeros, el movimiento sindical no lo analizó en aquel momento como un problema. Como consecuencia, se perdió salario a pesar de que fue una etapa enorme de crecimiento de producto, y —lo más importante— no se negoció colectivamente en el 80% de los sectores.

    —¿Ese tipo de planteos encuentran ahora un movimiento sindical más maduro?

    —Totalmente. Y con una lección aprendida de 12 años. Entonces, ¡vamos! ¡Esto no puede ser una operación desmemoria! No puede ser que al movimiento obrero le haya pasado esto y por temor a que le digan que perdió la independencia o que le hace los mandados a Martínez no cuestione lo que dicen los programas. Si me esperás, voy a buscar el programa de Talvi. Está dicho, está escrito. Vos sos trabajador. Aunque seas trabajador periodista, tenés que leer ese documento y sentir temor, o pavor, o resistir como sea. Si leés el documento de las cámaras empresariales… (Sacude el documento en las manos) ¡Esto habla de vos, loco! Si alguien aplicara este programa, iríamos a la receta más dura del neoliberalismo. Entonces, cuando dicen que el PIT-CNT pierde la independencia cuando dice ‘ni un voto al neoliberalismo’… No, no, no. Yo no quiero ni un voto al neoliberalismo ni en Uruguay, ni en Argentina, ni en Brasil, ni en Chile, ni en Perú. Ni un voto al neoliberalismo.

    'Hay propuestas de Talvi que me dan pavor, como dirigente sindical al que le pasó subestimar esta discusión en los 90. Salvo dos o tres compañeros, el movimiento sindical no lo analizó en aquel momento como un problema. Como consecuencia, se perdió salario a pesar de que fue una etapa enorme de crecimiento de producto, y —lo más importante— no se negoció colectivamente en el 80% de los sectores'.

    —¿Cuál tiene que ser el papel del movimiento sindical en una campaña electoral?

    —Este. El de marcar claramente cuáles son los aspectos que va a defender. Va a defender la negociación en los Consejos de Salarios y dentro de ella al ajuste salarial. Lo va a defender a morir. Aquellos derechos que los trabajadores conquistamos los vamos a defender a morir. Entonces, cuidado. Porque por un lado estamos nosotros operando, pero acá (pasa las páginas) hay un programa de gobierno de las cámaras empresariales. ¿Por qué a las cámaras no les dicen que están en plena campaña política?

    —Se lo dicen, ¿no? El Frente Amplio, varios ministros, ustedes ni que hablar…

    —Sí, pero muy poquito. Fijate esto (lee): “Eliminar el monopolio del combustible liberalizando la importación”. ¿No te suena?

    —Lo propone Lacalle Pou, por ejemplo.

    —Sí. Y las cámaras empresariales. Entonces, resulta que si yo coincido con las propuestas de Daniel Martínez, me transformo en un oficialista; pero si las cámaras empresariales coinciden con muchas de las propuestas de Lacalle Pou o de Talvi, no se transforman en oposición. ¿Quién da el patrimonio de la independencia? Yo me siento independiente. Cumplo mi rol dentro del movimiento sindical manteniendo la independencia. ¿Qué significa? No consultar a ningún partido para tomar decisiones y saber dónde está la defensa de los intereses de los trabajadores.

    —Le leo una propuesta bien reciente del gobierno. Dice: “Negociación colectiva en caso de inexistencia de sindicato de empresa: suprimir la habilitación al sindicato de rama o sector”. Es una modificación al artículo 14 de la ley de negociación colectiva para cumplir con las observaciones de la OIT.

    —Sí. Yo tengo diferencias con esa propuesta. Por ejemplo, si hay un bar que no tiene afiliación sindical, hoy el Sindicato Único Gastronómico y Hotelero del Uruguay va y representa a los trabajadores. Muchos sindicatos se conformaron a partir de eso.

    —Las domésticas, los rurales…

    —Claro, sobre todo esos sectores que están muy aislados. Claramente nosotros tenemos diferencias con esta propuesta de modificación del Ministerio de Trabajo.

    'Resulta que si yo coincido con las propuestas de Daniel Martínez, me transformo en un oficialista; pero si las cámaras empresariales coinciden con muchas de las propuestas de Lacalle Pou o de Talvi, no se transforman en oposición. ¿Quién da el patrimonio de la independencia? Yo me siento independiente'.

    —¿Por qué decidieron no marcarla? ¿No hubo en la Mesa Representativa de la semana pasada un paso que entra en colisión con la independencia? En esa reunión se trató el tema de la ley de negociación colectiva y se aprobó una declaración contra la Cámara de Comercio y la Cámara de Industria, pero se votó en contra de una moción que planteaba agregar un punto al texto para cuestionar las modificaciones propuestas por el Ministerio de Trabajo.

    —Se elige confrontar con la posición más dura.

    —¿Por qué?

    —Porque no conviene tener al mismo tiempo 100 debates, porque alguien tiene que comprender cuál es el debate más duro. Y el debate más duro es si va a haber ajustes salariales en los Consejos de Salarios, si se va a respetar la ultraactividad, si se va a respetar a las organizaciones sindicales como las únicas que pueden participar de la negociación colectiva. Los otros temas no dejan de ser importantes.

    —Ese cambio que plantea el Ministerio de Trabajo parece muy importante. Usted mismo decía recién que en base a eso gestaron muchas de las conquistas de las domésticas o de los rurales…

    —Sí, pero es un debate de segunda etapa. No perdemos de vista que es un debate muy importante.

    —¿No abren un flanco a que se les critique una falta de independencia? Además fue bastante reñida la votación, 15 votos a 13.

    —Yo creo que no. En ese momento se habían ido muchos sindicatos que podían haber inclinado más la balanza para un lado, que claramente se sabe cuál es. Además, no es obviar el tema. Vos me lo preguntás en una entrevista y yo marco mi diferencia con el Ministerio de Trabajo. Lo que defino es con quién me voy a pelear. Hoy me voy a pelear con las cámaras empresariales porque están en la otra punta del pensamiento. Algunos de los planteos del gobierno son francamente criticables, y va a haber una etapa en la que le vamos a decir ‘esto para nosotros es inadmisible’.

    —Pero no ahora, no en la previa de las elecciones.

    —Hay que ver cuándo es, pero no es por un problema preelectoral. Es por un problema de oportunidad de la discusión. Venimos de tener en la OIT una discusión muy potente. Entonces, en el momento en el que se están planteando modificaciones a la ley de negociación colectiva, lo primero que tengo que garantizar es que no voy a doblegarme ante los planteos de las cámaras empresariales que son francamente duros. Entiendo que el gobierno juega su papel y nosotros vamos a ser críticos de esta posición. Vamos a elegir el momento donde debatirlo con mayor intensidad, y puede llegar a ser antes de la campaña electoral. Ahora preferimos discutir en blanco y negro los aspectos más regresivos de las propuestas que hay.

    —¿Por qué el Frente Amplio cede ante las observaciones de la OIT?

    —Hay un complejo. Es el complejo de no estar más en esa lista. Sin embargo, yo creo que Uruguay debe ir y pelear en la OIT y en todos los organismos internacionales por defender los derechos que ha conquistado para los trabajadores. Porque resulta que países que no están en esa lista tienen trabajo esclavo, muertes de dirigentes sindicales… O mirás Brasil con una reforma laboral dantesca, agresiva, que intenta destrozar a los sindicatos. ¿Por qué Uruguay está en esa lista? Obvio que hay una intencionalidad política de que este caso llegara a la OIT. Ahora, ¿por qué el gobierno cede en algunos puntos? Y bueno, es razonable que un gobierno que gobierna para todos a veces tenga estos complejos. Es razonable que se le generen dudas que, en algunos casos, para mi gusto, son dudas de complejo.

    —¿Se lo dijo a Murro?

    —En estos términos no, pero no tengo problema de decirlo. No es que crea que el Ministerio de Trabajo haya tenido una posición ondulante con los trabajadores. El Ministerio de Trabajo ha tenido una posición muy comprometida con los trabajadores. Este aspecto no me va a hacer cambiar la opinión. Tengo una muy buena opinión de Murro.

    —¿Le cree a Lacalle Pou y a Talvi cuando dicen que van a mantener los Consejos de Salarios?

    'En el primer gobierno del Frente Amplio se cumplió una gran parte de la agenda laboral. Yo diría que lo que pasó entre 2005 y 2010 fue una verdadera revolución laboral. Pasamos del peor momento de la negociación colectiva al mejor, del peor momento de afiliación sindical al mejor, conseguimos las ocho horas rurales'.

    —Les creo. El problema es si los van a mantener con contenido o sin contenido. Si leo la propuesta de Talvi, es sin contenido. Si leo la de Lacalle, es confusa. Me gustaría que Lacalle dijera si dentro de los Consejos de Salarios van a estar los ajustes salariales semestrales y anuales.

    —¿Qué le resulta confuso de la propuesta de Lacalle Pou?

    —“No voy a compartir el poder y menos con los sindicatos”, dijo. ¿No te suena prejuicioso? A mí sí.

    —El programa del Frente Amplio propone en relaciones laborales: creación de nuevas empresas públicas en sectores de actividad en auge, modificar la política de compras públicas para favorecer la industria nacional, terminar con las tercerizaciones, reducir la jornada laboral. ¿Cree que realmente van a llevar adelante esa agenda? ¿Es compatible con la intención de bajar el déficit fiscal?

    —Nuestro papel es exigirles que cumplan. Si son guiñadas voy a forzar a que se cumplan. En el primer gobierno del Frente Amplio se cumplió una gran parte de la agenda laboral. Yo diría que lo que pasó entre 2005 y 2010 fue una verdadera revolución laboral. Pasamos del peor momento de la negociación colectiva al mejor, del peor momento de afiliación sindical al mejor, conseguimos las ocho horas rurales. Esto en el mundo es considerado una revolución. Cuando en Europa se analiza este cambio es visto como un cambio revolucionario. Y puede ser más profundo.

    —En la última entrevista que hicimos decía que no veía en este tercer período de gobierno de izquierda proyectos que entusiasmen y también sostenía que el Frente Amplio se había alejado de su base social. ¿Cambió eso?

    —Tiene el mismo problema. No se acercó a la base social. El presidente jugó en el último tiempo un papel central. En el conflicto del gas, por ejemplo, con honestidad intelectual reconozco que tenía que hacer cosas que no eran fáciles. Tenía que hablar con el presidente de Petrobras, tenía que lograr una salida sin despidos y con el servicio cumpliéndose con normalidad, y todo esto lo logró. Hubo una cercanía del presidente a la organización sindical que merece reconocimiento. Pero es una parte de la película. El Frente Amplio como organización política que va a disputar un gobierno no tuvo el acercamiento histórico que tenía con las organizaciones sociales.

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