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    martes 11 de junio de 2024

    Producción ganadera tipo feedlot a granos genera mayor impacto ambiental pero menor emisión de carbono que a campo natural

    “Es importante mirar todos estos indicadores a la hora de evaluar los sistemas de producción de carne”, sostiene Valentín Picasso, investigador de la Facultad de Agronomía

    La producción ganadera está en crecimiento en el mundo, la carne vacuna aumentó un 40% en las últimas tres décadas y América ha sido una de las regiones de mayor desarrollo. Al mismo tiempo, la necesidad de reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que se generan en esta producción y su impacto ambiental comenzaron a colocarse como prioridades para la industria y los gobiernos. Un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) indica que el sector ganadero es responsable del 14,5% de las emisiones de GEI originadas por actividades humanas. La huella de carbono —que determina los GEI emitidos en los sistemas productivos— se ha convertido en un indicador de referencia y los mercados más exigentes solicitan que los productos cuenten con este cálculo.

    Sin embargo, la huella de carbono “no es un indicador sólido de sustentabilidad de los sistemas” de producción, dijo a Búsqueda el ingeniero agrónomo Valentín Pica­sso, profesor adjunto del Departamento de Producción Animal y Pasturas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y encargado de la Dirección del Departamento de Sistemas Ambientales.

    ¿Cuánto del ecosistema natural se destina a producir carne y cuánto se transforma para la explotación agrícola?¿Cuánto impacta el uso de pesticidas, su toxicidad, en la biodiversdad? Estos indicadores ambientales son igualmente importantes de considerar que la huella de carbono; sin embargo, los mercados solo piden conocer la huella. “Es importante mirar todos estos indicadores a la hora de evaluar los sistemas de producción de carne”, destacó Picasso.

    Un estudio realizado por Picasso y un equipo de investigadores incluyó la elaboración de un índice y ordenó los sistemas productivos en función de todos estos aspectos para poder indicar cuáles son más sustentables.

    “Claramente, los sistemas pastoriles son mucho más sustentables desde el punto de vista ambiental que los sistemas en base a alimentación de granos (feedlot)”, pese a que la huella de carbono fue más baja en los sistemas de producción con granos, indicó Picasso al observar los resultados del trabajo.

    El estudio que evaluó los impactos ambientales en los diferentes sistemas de producción de carne en Uruguay se titula “La sostenibilidad de la producción de carne más allá de la huella de carbono: una síntesis de los sistemas de pastoreo en Uruguay” y fue publicado en el número de julio de la revista científica “Meat Science”. Será presentado este mes en el 60º Congreso Internacional de Ciencia y Tecnología de la Carne que se hace en Uruguay. Resume el trabajo de cinco años de un equipo integrado por Picasso, Pablo Modernel, Gonzalo Becoña, Lucía Salvo, Lucía Gutiérrez y Laura Astigarraga. El estudio identificó 15 predios diferentes según la diversidad de situaciones que se presentan en Uruguay. Este cálculo incluye las emisiones GEI en los sistemas criadores y de recría hasta que el novillo es vendido para faena y otros indicadores ambientales.

    En el índice de impacto ambiental elaborado por los investigadores, los números negativos indican que es muy bajo, menor al promedio, y los números positivos muestran que se encuentra por encima del promedio. Los cálculos realizados por los investigadores evidencian que los sistemas más sustentables fueron los que producen carne a campo natural (–0,9) y campo natural con combinación de pasturas (–0,3), mientras que los peores resultados surgieron en sistemas que alternaban campo natural con feedlot (0,2) y pasturas con feedlot (0,8).

    Estos resultados contrastan con los valores de huella de carbono. Los sistemas que tuvieron mayor impacto ambiental fueron los que mostraron una menor huella de carbono y emisiones GEI más bajas. El estudio determinó que la huella de carbono en los sistemas de pastura y feedlot fue la más baja (–1), y la más alta correspondió a la producción a campo natural (1,3).

    Todos los demás indicadores ambientales mostraron malos resultados para los sistemas de pastura con feedlot. En impacto de biodiversidad el efecto fue de 0,9 mientras que a campo natural el impacto fue muy bajo (–1). La erosión del suelo, el balance de fósforo, de nitrógeno, la ecotoxicidad de los pesticidas y la energía consumida en los sistemas de pasturas con feedlot evidenciaron el mayor impacto en los campos uruguayos (con valores por encima de 1). Mientras tanto, los resultados con menor impacto ambiental correspondieron a campo natural, con números en todos los casos por debajo de –2.

    “La huella de carbono es un indicador para los mercados de exportación que lo exigen. Hay que tenerlo y considerarlo, pero a la hora de evaluar los sistemas a nivel local hay que analizar qué impacto tienen en el ambiente de Uruguay, en la contaminación del suelo, del agua”, opinó Picasso. “La huella es importante a nivel internacional, pero hay que balancearla con otros indicadores que hay que tener. No debe ser el único indicador. Los problemas ambientales son muchos, no uno solo”.

    En Uruguay existe un debate en términos de desarrollo agropecuario entre los sistemas a campo natural con margen para lograr mejoras en la productividad y aquellos con alimentación a granos del tipo feedlot como se realiza en los países desarrollados. Según Picasso, este trabajo puede “aportar al debate”.

    El equipo de investigación, que ha recibido apoyo del Ministerio de Ganadería y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), cuenta con otros proyectos a largo plazo para estudiar la forma de medir los diversos impactos ambientales y analizar la manera de contar con coeficientes nacionales.

    Huella nueva.

    Cómo calcular la huella de carbono —las emisiones de GEI— ha sido un tema debatido entre los expertos. “No hay un consenso claro de cómo se calcula”, aclaró Picasso.

    El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) cuenta con su fórmula, considerada la oficial. Hasta fines de 2013 indicaba que para determinar el aporte de cada gas de efecto invernadero se debía contemplar que el metano era 25 veces más contaminante que el dióxido de carbono, y el óxido nitroso unas 300 veces más contaminante que el dióxido de carbono.

    Sin embargo, a fines de 2013 el IPCC planteó realizar un cambio y formuló una nueva opción de cálculo. El metano ha pasado a ser 4 veces más contaminante que el dióxido de carbono y el óxido nitroso, 260 veces más. El cambio se dio tras un debate de cuánto aporte puede hacer cada gas para generar un aumento de la temperatura y, por lo tanto, contribuir más o menos al calentamiento global.

    Según el estudio del equipo de la Facultad de Agronomía, el cálculo con la primera metodología —la más utilizada hasta el momento— arroja resultados mucho más altos que la huella calculada con la nueva metodología. Es que el ganado aporta gran cantidad de metano debido a la fermentación entérica y en la nueva metodología ese gas tiene un menor peso como contaminante.

    “Esto hace que se emparejen mucho los sistemas; el metano ya no es tan importante ahora. Queríamos mostrarlo”, señaló Picasso en referencia a los resultados obtenidos por la investigación.

    Secuestro.

    Las plantas toman el anhídrido carbónico del aire, lo utilizan para hacer crecer sus tallos, hojas y raíces, y liberan oxígeno. Están continuamente fijando carbono a través de la fotosíntesis. Al producir carne el ganado se generan emisiones GEI, pero estas se podrían contrarrestar con el secuestro de carbono del aire que realizan las plantas en ese predio. Según el estudio, contemplar este “secuestro de carbono puede afectar drásticamente el resultado” de la huella de carbono.

    El cálculo del equipo de Agronomía no contempla el secuestro de carbono. De hecho, el IPCC no permite incluir este dato en el cálculo de la huella a menos que se hayan realizado investigaciones locales con datos nacionales. Pero Uruguay no tiene datos nacionales. De todos modos, si se toman como referencia los resultados obtenidos en otros países, se puede inferir que contemplando el secuestro de carbono los resultados de la huella uruguaya podrían variar significativamente a favor del país.

    “El mensaje es muy importante. Podríamos estar reduciendo tanto la huella de carbono que en la producción de nuestra carne se fije carbono en vez de emitirlo”, destacó Picasso.

    Por lo tanto, añadió, es necesario contar con estudios nacionales que permitan determinar el secuestro de carbono para incluirlo en los cálculos.

    El grupo de investigación aguarda financiación para comenzar con un proyecto que incluye calcular cuánto carbono está fijando el suelo uruguayo, entre otros temas.

    “No hay consenso sobre cómo se calcula la huella y si se considera o no la fijación de carbono en el suelo. Empieza a ser un indicador bastante debatible”, concluyó Picasso.

    Ciencia, Salud y Ambiente
    2014-08-07T00:00:00