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    Progresivos y electrónicos

    Alan White y Andy Fletcher
    Columnista de Búsqueda

    El pasado 26 de mayo fue un día más bien horrible para el mundo de las artes, en particular para el mundo de la música popular. Ese mismo día fallecieron tres artistas con espectaculares trayectorias a sus espaldas y, esto es lo peor, con un montón de cosas aún por dar: el actor estadounidense Ray Liotta, Andy Fletcher, bajista de la banda británica Depeche Mode, y Alan White, baterista de los también británicos Yes. Sobre estos dos últimos va esta nota.

    A pesar de que solo 12 años separaban a White (72) de Fletcher (60), se podría decir que sus respectivas bandas representaban momentos artísticamente muy distantes entre sí. White, que ingresó en Yes en 1972, tras la partida de Bill Bruford para tocar con King Crimson, era una de las figuras visibles de la que es la banda más emblemática del rock progresivo o sinfónico. Fletcher era uno de tecladistas en la banda más importante y trascendente del synth pop o, directamente, del pop más serio jamás realizado. Más allá de categorías, de lo que no cabe duda es que ambos fueron parte de proyectos increíblemente relevantes dentro de sus respectivos estilos y de la música popular más o menos reciente. Vamos ahí.

    Para cuando Alan White ingresó en Yes, en 1972, el grupo se encontraba en su momento de máximo esplendor, con el disco Close to the Edge recién editado y entrando en todas las listas de popularidad. Esto puede sonar raro para un disco cuyo tema central ocupaba toda la cara A del vinilo, tenía cuatro partes, duraba algo más de 18 minutos y estaba basado en las lecturas del cantante Jon Anderson de los libros de Herman Hesse. Y ese fue precisamente el disco que Alan White tuvo que memorizar de urgencia, junto al resto del repertorio de Yes, antes de comenzar su primera gira con el grupo. Un disco que había resultado una tarea agotadora para Bruford, quien comentó al morir White: “Tomó las riendas de Yes después de que yo me fuera con muy poco tiempo antes de la gira. Y, según todos los informes, no hizo mucho escándalo cuando tuvo que aprenderse el repertorio de la banda en solo tres días”.

    En esa gira se registraría el disco triple en vivo Yessongs, ya con White detrás de los parches. Desde ese momento el baterista sería parte de la banda en todos los siguientes trabajos de estudio. Así, en 1973 llegaría Tales from Topographic Oceans, el sexto disco, de los más excesivos, un disco doble con apenas un tema por lado. Si bien las críticas fueron duras, con el tiempo ha sido revalorizado. El público, en cambio, nunca tuvo problemas con el disco. Solo un año más tarde llegaría Relayer, en donde White sería coautor de todos los temas, y en 1977 Going for the One, en el que también sería compositor. En 1978 saldría Tormato, considerado por muchos el disco menos interesante de la etapa progresiva de Yes. En 1980, y ya sin el vocalista Jon Anderson, llegaría Drama, que mostró un grupo que comenzaba a aggiornarse al sonido de la década que comenzaba. Un cambio que se confirmaría y expandiría en el disco 90125 y su máximo hit Owner of a Lonely Heart, el único número uno del grupo.

    Dos años antes del definitivo giro de Yes hacia el pop, un grupo de jóvenes británicos llamados Depeche Mode habían debutado con su álbum Speak & Spell, que contenía uno de sus primeros grandes éxitos, el tema Just Can’t Get Enough. El grupo, integrado en ese entonces por Vince Clarke, Dave Gahan, Martin Gore y Andy Fletcher, firmaba sus roles en el disco sin declarar los tradicionales papeles de una banda: “sintéticos, voces, producción”.

    Y es que entre la entrada de Alan White en Yes y la aparición de Depeche Mode y otras bandas de lo que luego se llamó synth pop, había pasado de todo en la música popular. Por un lado, había estallado el punk, con su consigna de incendiarlo todo, especialmente el mastodóntico estatus de estrellas que tenían los músicos de rock progresivo. Y de paso querían llevarse puesta toda la virtud técnica que caracterizaba a ese género. De inmediato, esa austeridad y furia tuvo hijos: por un lado la new wave, que retomaba la parquedad del punk, pero le agregaba cierta pulcritud de clase media; por otro el new romantic, que también mantenía la simplicidad pero combinada con diversas dosis de glam y de pop. Depeche Mode son hijos de una tercera opción que derivó de estas dos previas, sumando además las posibilidades de experimentación que ofrecían los sintetizadores y, especialmente, la tecnología MIDI, recién desarrollada.

    Si bien Fletcher fue parte de la banda durante toda su historia y tocaba sintetizadores en vivo, se suele especular sobre su rol. En un documental de 1989 él mismo decía: “Martin es el compositor, Alan es el buen músico, Dave es el vocalista y yo ando vagando por ahí”.

    Más allá de su papel musical, se sabe que, durante los períodos en que la banda no tenía mánager, era Fletcher quien se hacía cargo de los asuntos administrativos. Y más allá de no haber recibido jamás un crédito como compositor, se le reconoce haber sido siempre el conciliador entre personalidades fuertes y poco negociadoras. Es así que el tecladista (y bajista al comienzo) fue parte de todos y cada uno de los 14 discos de estudio del grupo, entre ellos, los clásicos Music for the Masses (1987), Violator (1990) y Songs of Faith and Devotion (1997).

    Separados por una docena de años, ubicados casi en las antípodas musicales, pero siendo una base rítmica de primer nivel, no sería de extrañar que a White y Fletcher les diera por zapar, allí donde quiera que estén. Siempre que a Fletcher le dé por dejar de vagar y volver al bajo de sus comienzos, claro.

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