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    Pura llama literaria

    Su narrativa tiene la fuerza de lo erótico y de lo insólito, de lo místico, de lo macabro, de lo subversivo. Y con esa fuerza irrumpió en el ámbito literario y dejó a críticos y lectores desconcertados cuando en 1950 leyeron La mujer desnuda, una novela onírica y poética cuya protagonista es una mujer que se corta la cabeza y camina hacia un bosque, desnuda y sangrante, en busca de su identidad. Aquella fue su primera obra, publicada en forma anónima en una revista. Después se supo que su autora era Armonía Liropeya Etchepare Locino (Pando, 1914-Montevideo, 1994), quien desde ese momento comenzó a firmar como Armonía Somers.

    Maestra y pedagoga, desde su origen Somers se alimentó con la mixtura de los contrarios. Su padre fue un comerciante anarquista, librepensador y anticlerical; su madre, una mujer muy católica. De su padre heredó las lecturas de Leopardi, de Dante, de Darwin y Spencer; de la madre su atracción por el misticismo. De la suma entre fortaleza intelectual e imaginación desbordante surgió una de las mejores novelistas y cuentistas latinoamericanas del siglo XX.

    Toda su audacia narrativa, adelantada varias décadas a temas y estilos que plantearían escritoras del siglo XXI, se comprueba en Cuentos completos (2021), un volumen de hermosa edición publicado por la editorial española Páginas de Espuma, que incluye todos sus libros de relatos publicados hasta 1994. El prólogo está a cargo de la investigadora argentina María Cristina Dalmagro, una de las mayores especialistas en la literatura de Somers. “En algún momento el acto de epifanía iba a suceder… en algún lugar del mundo se iba a tomar en cuenta una narrativa inquietante, desconcertante, ambigua, a la cual he dedicado muchos años de mi tarea investigativa”, escribe la prologuista.

    La edición es bienvenida porque los cuentos de Somers habían permanecido desperdigados en varias ediciones, algunas difíciles de conseguir. Por otro lado, el trabajo de Páginas de Espuma implicó la incorporación de manuscritos originales de la propia Somers, que son algo así como la cocina de su propia obra. Esos manuscritos se encuentran en el Archivo Armonía Somers de la Universidad de Poitiers en Francia, cuya responsable científica es Dalmagro. A esa universidad, que conserva varios archivos de literatura latinoamericana, los donó Miguel Ángel Campodónico y Nicasio Perera San Martín, quien tradujo al francés La mujer desnuda. Ambos escritores e investigadores estudiaron la obra de Somers y fueron sus amigos.

    En un encuentro por Zoom con periodistas y libreros, Dalmagro explicó que de los manuscritos se desprende cómo trabajaba Somers con su escritura. “De algunos cuentos se conservan cuatro o cinco borradores, ahí se ve el trabajo, los tachados, la escritura al margen, las palabras sobreescritas. Estaba permanentemente puliendo sus relatos. Nosotros tomamos la última versión que ella había dado por buena”.

    Los cuentos de Somers tienen el encanto de las historias extrañas. Por lo general parten de situaciones reales, pero avanzan hacia terrenos en los que no hay que buscar una explicación racional. En ese sentido, no son fáciles ni ligeros, sin embargo, hipnotizan y no se pueden abandonar. Eso pasa con Muerte por alacrán, que comienza con dos hombres fortachones, en pleno verano, que deben llevar un camión cargado de leña a una mansión rural. Ellos saben que entre los troncos se coló un alacrán, y se lo dejan saber al mayordomo, formal y elegante, cuando se van de la mansión. El pobre hombre se pone a buscarlo y en su intento por matar al animal, se despierta en él algo ominoso y largamente reprimido, muy parecido a la locura. Un cuento inquietante, de un miedo que va creciendo de a poco con lo que se dice y con lo que se intuye:

    Un concierto de varios relojes empezó a hacer sonar las cuatro de la tarde. El hombre dejó caer la pequeña agenda color alacrán sobre el suelo. Justamente volvió a quedar abierta en la página de la letra menuda. La miró desde arriba como a un sexo, con esa perspectiva, pensó, con que habrían de tenerlos ante sí los médicos tocólogos, tan distinta a la de los demás mortales.

    A propósito de Muerte por alacrán, en esta edición se incluye un guion cinematográfico que Somers hizo de este cuento. “Apareció en el archivo envuelto en papel de la librería Papacito. Algo diferente, insólito, todo un hallazgo. Armonía hizo una transferencia de su cuento, un ejercicio que nunca vio la luz”, explica Dalmagro.

    La investigadora descubrió a Somers gracias Susana Zanetti, profesora y crítica literaria, quien iba a dirigir su tesis sobre Juan Carlos Onetti. “Susana me dijo: ‘Lee esto’. Era la novela Solo los elefantes encuentran mandrágora (1986). Desde ese momento no pude dejarla nunca más. Para mí fue algo sorprendente y me sigue sorprendiendo: su relación con Dios, con el otro, con los recuerdos de la niñez. Es una lectura que cala muy profundo. Hace reflexionar sobre el hombre y el sentido de la vida”. Finalmente, Dalmagro hizo su tesis sobre Somers y la continuó estudiando durante 20 años y trabajando en los más de 8.000 papeles que se conservan en el archivo.

    Por su parte, Juan Casamayor, uno de los responsables de Páginas de Espuma, mostró el entusiasmo de la editorial por la publicación de mujeres latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX que quedaron relegadas del canon literario. Un precedente fue la antología de cuentos reunidos en Vindictas (2020), que publicó Páginas de Espuma con la Universidad Autónoma de México. Entre las escritoras incluyó a Somers con Muerte por alacrán. “Es imposible crear un canon si casi la mitad de la escritura se ha quedado invisibilizada. Esto es lo que me llevó a descubrir escritoras maravillosas y no entiendo hasta el día de hoy por qué no están en el canon. Siento placer por haberlas descubierto y la maldita rabia de no haberlas leído a los 16 o 18 años. No se vuelve a leer así nunca más”, dice Casamayor.

    Ahora Cuentos completos está teniendo una gran repercusión en la prensa española. “Se está descubriendo a una autora clásica que se tiene que leer y unir con otros nombres, como la boliviana María Virginia Estenssoro, la mexicana María Luisa Puga o la española que vivió en Argentina María Luisa Elío. Me dispuse a reunir los cuentos en orden cronológico y después agregarle un bonus track con todo tipo de textos. Los manuscritos son un tesoro y como filólogo estaba encantado. Son la perfecta radiografía de una gran escritora”, dice Casamayor.

    Otra maravilla de esta edición es El derrumbamiento, que da nombre al primer libro de cuentos de Somers de 1953. Un hombre negro está bajo la lluvia. Es de noche, hace frío, está desamparado. Llega a una casa en el medio de la nada y golpea varias veces. Lo atiende un hombre que le da a elegir dormir en un catre o, por un costo menor, en el suelo. En el lugar hay otros cuerpos que duermen en el piso. Él está empapado, se acuesta desnudo y piensa en lo que hizo. Una pequeña Virgencita ilumina el lugar, y él la mira:

    Allí arriba, él la había visto pequeña, dura y sin relieve. Pero a medida que descendía iba cobrando tamaño, plasticidad carnal, dulzura viva. El negro hubiera muerto. El miedo y el asombro eran más grandes que él, lo trascendían. Probó tocarse, cerciorarse de su realidad para creer en algo. Pero tampoco pudo lograrlo. Fuera del dolor y del temblor, no tenía más verdad de sí mismo. Todo le era imposible, lejano, como un mundo suyo en otro tiempo y que se le hubiera perdido. Menos lo otro, la mujer bajando.

    Dónde y cuándo ocurren las historias no importa. Tampoco importa el pasado de los protagonistas. Los cuentos de Somers parecen escritos ayer y se seguirán leyendo porque tienen el trasfondo filosófico y la calidad estética de los clásicos. El pensador de Rodin, que sigue la relación de un niño disléxico con un chimpancé que está en el zoológico, es otro ejemplo:

    Y esto fue lo que hicimos en adelante: inventar una manera de comunicarnos sin palabras, él un mono afásico, yo un analfabeto crónico con el que había que mantener las apariencias de niño normal. Y así lo escuché, sí, lo escuché decir lo que todavía no entiendo, y que repetí en mi casa al otro día a la hora del almuerzo dejándolos pálidos: ‘Con solo tres o cuatro verdades en el mundo hubiera alcanzado, todo lo demás sobró’.

    Cuentos completos reúne los relatos de Somers hasta su libro póstumo, publicado por Álvaro J. Risso en 1994: El hacedor de girasoles. Tríptico en amarillo para un hombre ciego. Para Casamayor, la obra de Somers conecta directamente con la de escritoras que hoy están teniendo éxito, como la ecuatoriana Mónica Ojeda o la argentina Samanta Schweblin. “Ellas son deudoras de su obra. Están reivindicando a sus madres y abuelas literarias que como ellas tuvieron enorme calidad y originalidad”.

    La abuela literaria que aparece en Cuentos completos es un volcán en plena erupción. Hay que leerla y quemarse con su llama.

    Vida Cultural
    2021-09-01T22:51:00