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Tras más de una década con las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos marcando el tono para los mercados financieros, esperamos que en 2023 se dé un cambio de tendencia en el cual veamos a los mercados fuera de este liderar. Las subas de tasas de interés por parte de los bancos centrales han llevado a los rendimientos de bonos más altos de los últimos años, devolviéndole el atractivo perdido a causa de los bajos rendimientos. La aversión al riesgo que se mantiene en los mercados no ha devuelto los flujos que se retiraron de países emergentes tras la pandemia. Esperamos que entrado el 2023 se renueve el apetito por activos de éstos y veamos un incremento en la demanda por la renta fija que otorga rendimientos muy atractivos.
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A falta de unos pocos días para finalizar, podemos concluir que el año que pasó ha sido uno de los peores de la historia para los mercados financieros. Los activos de mayor riesgo como las acciones sufrieron un año de rendimientos negativos y muchísima volatilidad en mercados desarrollados y emergentes por igual. Por otro lado, la renta fija no ofreció el refugio que suele dar en momentos de mayor incertidumbre a raíz de la suba generalizada de tasas de interés y tuvo rendimientos casi tan malos como los primeros. Tras una primera euforia por reapertura post pandemia y el rebote en los precios de las materias primas, los inversores fueron perdiendo el apetito por activos de riesgo. La desaceleración del crecimiento, la inflación y el ajuste de las políticas monetarias por parte de los bancos centrales han llevado a los inversores a retirarse de activos de mayor riesgo y buscar refugio en activos de menos riesgosos como el dólar.
La Reserva Federal de Estados Unidos tuvo el proceso de ajuste de política monetaria más agresivo desde la década de 1980 y la mayoría de los bancos centrales siguieron el mismo camino. Actualmente, países como Brasil llegaron a su techo en su suba de tasas, y otros como Estados Unidos se espera que lo hagan durante la primera mitad del 2023. Esto va a permitir que la volatilidad del último año en renta fija disminuya, aumentando el atractivo para los inversores. El Banco Central del Uruguay acompañó esta tendencia y la suba de diciembre probablemente sea la última previo a una pausa. A pesar de la suba de la Tasa de Política Monetaria, la demanda por parte de extranjeros por títulos en moneda local se mantuvo estable. Hace dos años, alrededor del 5% del circulante de Letras de Regulación Monetaria estaban en manos de inversores extranjeros. Esta proporción se ha mantenido en alrededor del 1% durante casi todo el año. A pesar de esto, el peso ha tenido una de las apreciaciones más fuertes en un año en el que el dólar se fortaleció contra las principales monedas.
Una parte importante de los flujos que se retiraron de los mercados emergentes en los últimos años esperamos que vuelvan en este 2023. Esto se daría tanto para títulos en monedas duras (dólar, euro, etc.) como para títulos en moneda local. Uruguay se encuentra posicionado para ser de los primeros países en recibir esta demanda. Aquellos considerados de menor riesgo, tanto por su calidad de crédito como por su estabilidad institucional, van a ser los que despierten mayor interés y Uruguay se ha diferenciado en la región en estos aspectos. Este incremento en la demanda debería poner presión al alza en la valuación del peso frente al dólar, aunque no lo suficiente para tener otro año de fortalecimiento. La caída de las exportaciones como consecuencia de la desaceleración en el crecimiento global y una inflación todavía por encima del rango meta deberían ser suficiente contrarrestar esta nueva demanda.
Esperamos un dólar más fuerte en 2023, aunque sin llegar a los máximos de 2020. Durante la primera mitad del año la volatilidad en el mercado de renta fija se debería mantener elevada a medida que la FED encuentra el techo en su tasa de referencia. Una vez los mercados se estabilicen deberíamos empezar a ver mayor demanda de extranjeros por títulos locales. También esperamos un recorte en las tasas por parte del BCU entrado el año. Con una caída en la actividad y menores expectativas de inflación, esperamos ver al BCU acompañando esta caída a través de tasas nominales más bajas, aunque manteniéndose en terreno restrictivo.