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    Rentabilidad de los bancos uruguayos es de las más bajas en la región; para AEBU, ganancias son “muy elevadas”

    Una regla de los banqueros en el mundo es que, para su negocio, es aconsejable el bajo perfil. En general, en Uruguay esa máxima se aplica, y cuando los gerentes de los bancos privados hablan, coinciden en observar que el país ofrece un marco de confortable estabilidad, pero que el mercado es chico, los costos son altos —en particular los salariales— y que hay ciertas barreras regulatorias. La combinación de todo eso es, sostienen, una ganancia que los accionistas quisieran que fuera mayor.

    En la banca, donde “uno de los pilares fundamentales es el capital”, las instituciones enfrentan costos de los más altos en términos de Impuesto al Patrimonio y regulatorios, afirmó por ejemplo el gerente general de Scotiabank, Horacio Correge, en una entrevista con Búsqueda en setiembre pasado (N° 2.190). “Somos bancos internacionales, y en la medida en que desde Uruguay no podamos generar una rentabilidad adecuada, los recursos eventualmente terminan yendo para otras geografías. Este es parte de los desafíos que tenemos: volver la plaza atractiva en términos de rentabilidad”, señaló ese ejecutivo, que además es presidente de la Asociación de Bancos Privados del Uruguay (ABPU).

    Y agregó: “La rentabilidad en Uruguay no está entre las mejores, aunque de cualquier manera venimos progresando favorablemente a partir de la tecnología en nuestra adecuación del modelo de negocios. Las inversiones en esa área han sido significativas, pero eso obviamente tiene un límite si no hay una estructura flexible que pueda acompañar la evolución del negocio”.

    Según surge de indicadores comparables de los sistemas de la región homologados por la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), en Uruguay las 10 entidades bancarias dieron, juntas, una ganancia neta de impuestos equivalente a US$ 476 millones. Esa cifra es casi idéntica a la utilidad obtenida (US$ 477 millones) por las 16 instituciones que operan en Costa Rica, cuyo tamaño de negocio en depósitos y créditos también es semejante.

    La rentabilidad en relación con sus activos ­—ROA— fue 1% entre los bancos uruguayos y 0,9% en los costarricenses, inferior al promedio regional (1,49%) y solo por encima del ratio de Bolivia (0,6%), conforme con las estadísticas para el ejercicio de 2022 homologadas por la Felaban.

    En el otro extremo, el sistema bancario de República Dominicana tuvo un ROA de 2,1%. También el venezolano, pero con un negocio que se constriñó significativamente en los últimos años en el marco de una crisis económica y política: sus 31 instituciones tienen unos US$ 2.700 millones en depósitos, 15 veces menos que los uruguayos (US$ 40.588 millones), y créditos por US$ 765 millones, frente a unos US$ 18.700 millones en Uruguay.

    La Felaban analizó en un informe regional difundido este mes que el ROA —y también el indicador ROE, que se calcula como el cociente entre la utilidad neta y el patrimonio total— mostró un “repunte sostenido” desde el inicio del 2020, si bien todavía está en niveles inferiores que antes de la pandemia de Covid-19. También marcó la importante heterogeneidad en estos ratios de los distintos sistemas.

    Sobre el contexto del negocio bancario en América Latina y el Caribe, la Felaban comentó que la actual coyuntura de altas tasas de interés —aumentadas por los bancos centrales en busca de contener la inflación— “conlleva un desincentivo de la actividad crediticia, lo cual es un reto” para el sector.

    Según esa federación de banqueros, la “situación de bajo ahorro macroeconómico, reducción de la formación bruta de capital fijo y agotamiento del consumo de los hogares en la coyuntura 2021-2022 es una de las causas de una reducción de las fuentes de crecimiento” de las economías latinoamericanas. “Si a esto sumamos la restricción monetaria y los bajos grados de libertad de la política fiscal, se avizora un entorno complejo para la expansión y la rentabilidad. Una coyuntura de tal naturaleza pone bajo la mirada la posibilidad alta de aumento de los impagos en el crédito y un deterioro de la cartera de créditos en materia de su calidad. En ese sentido, sabemos que los administradores bancarios conocen su negocio y buscarán alternativas para que la banca latinoamericana continúe demostrando su capacidad de resiliencia en momentos adversos”, señala.

    De Uruguay, el único miembro de la Felaban es el estatal Banco República.

    La visión sindical

    Mientras, un reciente informe sobre el sector uruguayo en 2022 de la Asociación de Empleados Bancarios (AEBU) calculó —despejando el efecto de la diferencia de cambio por valuación de activos y pasivos— un ROA de 1,1% y un ROE de 1,4%. Si bien este último ratio bajó frente a 2021, de todas formas “sigue siendo un nivel de rentabilidad relativamente alto si se consideran los últimos 10 años”.

    El análisis cita datos a marzo de 2022 de la Felaban para sostener que, excluyendo Argentina —cuyos ratios son muy altos en unos años y muy bajos en otros—, la banca en Uruguay “mantiene niveles relativamente altos de rentabilidad en la comparación regional”. La AEBU asegura también que su ROE de 2021 fue mejor que el de algunos países desarrollados como Japón, Canadá y la Unión Europea.

    Por un elevado margen financiero, “los niveles de ganancia que obtuvieron los bancos (en 2022) se encuentran en magnitudes muy elevadas desde 2018, próxima a sus récords históricos, tanto en el caso del Banco República como de los privados”, cierra el informe del gremio de empleados bancarios.

    En enero-abril pasado la mayoría de las instituciones bancarias mejoró sus resultados al comparar con igual período de 2022. En conjunto, dieron una ganancia que —al convertirla a un tipo de cambio que bajó— ascendió a US$ 415 millones.

    Economía
    2023-05-24T18:42:00