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Desde hace una década juega en la primera división de la ópera mundial; su excepcional voz de barítono colecciona elogios en todos los idiomas; sus DVDs de Las bodas de Fígaro están en las bateas de medio mundo; es habitual primo cartello en las grandes capitales líricas: Londres, Milán, Nueva York, París y Viena; asumió sin problemas el rol de estrella lírica, maneja con aplomo la fama, los flashes y las alfombras rojas con las que convive desde que desembarcó en Europa, y más aún durante los seis años en que estuvo casado con la soprano rusa Anna Netrebko, una de las máximas celebridades de la lírica. Sin embargo, lejos de los típicos alardes de divo, y por más que en Uruguay su tarea tiene una difusión casi marginal, Erwin Schrott nunca renegó de sus raíces, sino que las lució cada vez que pudo, en reportajes o conferencias. Como la que dio el lunes 10 para presentar su esperado regreso al Teatro Solís, tras casi veinte años de ausencia, con la ópera bufa L’elisir D’amore, de Donizetti, desde el sábado 15 con la Filarmónica de Montevideo.
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Después de presentar la Fundación La Muralla, proyecto educativo de reinserción social de niños, adolescentes y discapacitados, que apadrina, Schrott se puso el delantal y ayudó a los mozos a servir los saladitos y masas a los concurrentes. Entre los asistentes, algunos allegados a la producción de esta ópera, destacaron el profesionalismo y la humildad que este cantante de 42 años ha demostrado en los ensayos.
Schrott está entre los más elogiados y requeridos intérpretes de Mozart de la actualidad. Formado con Lorenzo Da Ponte, Massimo Mila y Eduardo Gilardoni, debutó en el Solís a los 22 y rápidamente cruzó al Colón de Buenos Aires, donde ganó en 1998 el primer premio en el concurso Operalia, de Plácido Domingo. Después no paró: Alla Scala de Milán, Royal Opera House y Covent Garden de Londres, Metropolitan Opera de Nueva York, las óperas de Viena y París y de allí a los teatros de Salzburgo, Washington, Bruselas, Los Ángeles, Hamburgo, Florencia y Génova.
Don Giovanni, Las bodas de Fígaro y Cosi Fan Tutte —la tripleta de oro de Mozart— son, por lejos, los títulos que más se repiten en su carrera. En un reportaje con El Observador en 2006, Schrott explicó por qué decidió consagrarse a la obra del genio austríaco: “Siempre adoré su música, su vida. Me impresiona cómo ese arte que para él fue tan comprensible, innato y genial, y la vez complejo y adelantado para su época, pudo llegar a las masas, ya sea en un concierto, en un ascensor o en un taxi. Mozart es para todos, y estas óperas son parte importante de mi vida. Nunca las tomé a la ligera y a pesar de grandes ofertas de grabar estos roles años atrás, nunca me sentí a la altura. Me estaba preparando, haciéndoles honor, dándoles lo mejor y lo peor de mí. Dejando de lado horas de familia o de joda con amigos. Le doy todo: seriedad, constancia, infinitas ganas de aprender. Infinitas horas de estudio para, cuando creo saber algo, darme cuenta que no sé nada. Cantar arias de Don Giovanni para bajo-barítono con mi hija. Despertarme a las tres de la mañana, prender la luz, abrir la partitura y retomar recitativos durante sueños. ¡Pobre mi mujer!”.
Basta ver la agenda publicada en su web para saber que no piensa dejar la senda mozartiana, con excepciones como esta ópera cómica que lo trae a Montevideo.
Su exitoso álbum Rojotango (Sony Classical, 2011), crossover al tango, el folclore y la bossa nova grabado con el célebre músico argentino Pablo Ziegler —el pianista de Piazzolla—, es una dura prueba para el oído rioplatense, que suena lejano debido a la rigidez de la impostación lírica. De todos modos, la notable factura instrumental y la potente expresividad del vozarrón de Schrott compensan la extrañeza.
L’elisir d’amore, ópera cómica en dos actos de Gaetano Donizetti con libreto en italiano de Felice Romani, considerada entre lo mejor de la obra del compositor italiano y del repertorio lírico del siglo XIX, estará el sábado 15, el lunes 17 y el miércoles 19, en el Solís. Esta producción del Colón de Buenos Aires (escenografía, vestuario y utilería) resultó la última puesta en escena de Sergio Renán antes de su muerte, ocurrida dos meses atrás. Schrott interpreta aquí a Dulcamara, un médico charlatán y muy chanta que vende de pueblo en pueblo una supuesta pócima mágica que hace que la gente se enamore sin remedio.