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    Ricardo Fernández, el general que pasó de “héroe” en el Congo a acusado de violencia por una oficial bajo sus órdenes

    El decreto que firmó, a comienzos de octubre, el juez de Familia de 6º Turno Juvenal Javier, mediante el cual dispuso medidas cautelares contra un general de la República para impedir que se aproxime a una capitana y psicóloga, con la que tuvo un vínculo afectivo, bien podría ser calificado de histórico.

    El magistrado, después de interrogar a las partes, a la defensa de ambos y analizar los informes de los peritos dictaminó que, durante 180 días, el general Ricardo Fernández de los Santos, denunciado por la capitana, debe llevar una tobillera electrónica para controlar que permanezca a más de 1.500 metros de distancia de su expareja y dejar su arma en depósito, entre otras medidas.

    A primera vista, el caso podría ser considerado como uno más de violencia doméstica que culminará o no en un juicio penal, con la peculiaridad de que afecta a dos oficiales del Ejército. Sin embargo, una alta fuente del Ministerio de Defensa consultada por Búsqueda confirmó que, si bien el Poder Ejecutivo aprobó la semana pasada el pedido de pase a retiro voluntario finalmente presentado por Fernández, también se están analizando otras posibles acciones, aunque por razones humanitarias, ya que el general está en una crisis emocional, quedaron en suspenso.

    En efecto, el Ministerio de Defensa, aunque aprobó el pase a retiro, está estudiando la posibilidad de disponer la formación de un Tribunal de Ética para el general. Estos tribunales, cuya reglamentación aún no ha sido aprobada, reemplazarán, en poco tiempo, a los Tribunales de Honor eliminados por la nueva Ley Orgánica Militar.

    En caso de que el ministro Javier García disponga que se forme un tribunal, este de todas maneras debería ser integrado por generales retirados, ya que Fernández era el general de la derecha (más antiguo) y ningún oficial puede ser juzgado por alguien de menor jerarquía.

    Otra posibilidad, explicaron los informantes, es que, en paralelo a la actuación de la Justicia penal ordinaria, el caso pase a la Justicia militar, porque un eventual delito de violencia contra la mujer, incluido en el artículo 4 de la Ley Nº 19.580, también podría ser un delito militar, por tratarse de dos integrantes de la fuerza en ocasión del servicio.

    A su vez, a ambos, y no solo al oficial superior, podría corresponder el artículo 37 de Código Penal Militar, que refiere a la desobediencia, en el sentido de menoscabo de la disciplina militar, al mantener un vínculo que alteró el funcionamiento de la unidad en la que ambos servían, el Comando de Apoyo Logístico del Ejército (CALE).

    El dictamen del juez Javier hace referencia a “diversas manipulaciones padecidas” por la oficial en relación con “retomar o reanudar la relación o aun todo lo relativo al manejo de la relación con su esposo”. Un punto clave respecto al vínculo profesional militar es que, según el juez, Fernández “se valió de la relación de poder y dominio que le otorgaba su cargo de oficial general a fin de influir en la voluntad de la víctima”.

    El magistrado concluyó que entre la oficial de apoyo y servicios y su jefe “si bien es cierto que existió un fuerte vínculo amoroso (…), en las situaciones puntuales en que (ella) pretendía cortar ese vínculo, ello no le fue permitido, mediante amenazas, las referidas manipulaciones o aun a través de conductas que implicaban que recibiera regalos o facilidades laborales, como, por ejemplo, un mejor destino dentro de la fuerza, y en otros, si decidía terminar con la relación, fuese amenazada” .

    El artículo 4 de la Ley de Violencia contra las Mujeres Basada en Género define que esta se produce en “toda conducta, acción u omisión, en el ámbito público o el privado que, sustentada en una relación desigual de poder en base al género, tenga como objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos o las libertades fundamentales de las mujeres”.

    Las fuentes militares consultadas indicaron que resultó evidente, tanto para los oficiales como para el personal subalterno, que la situación que protagonizaban el general y la capitana había alterado el funcionamiento del CALE, al punto que las cámaras de videovigilancia registraron al general despidiendo descalzo de la oficial saliendo de su despacho. Ésta, que cumplía funciones de psicóloga, había comenzado a tener cierto poder sobre algunos coroneles, al extremo que su propio ayudante, el entonces teniente coronel Luis Viñas, había sido sancionado y cambiado de destino porque se atrevió a decir al general que lo que estaba pasando no era conveniente.

    Condecoraciones en Madrid, Atenas y Montevideo

    Fernández ascendió a general en febrero de 2017 y fue uno de los oficiales de confianza del comandante Guido Manini Ríos. Antes de llegar a esa jerarquía había sido comandante del Batallón de Infantería Mecanizada N° 13, jefe del Batallón Uruguay IV, desplegado en la República Democrática del Congo y segundo jefe de la División de Ejército I (Montevideo y Canelones). También fue agregado militar en Estados Unidos con el grado de coronel.

    “El último héroe del Ejército será promovido a general” tituló El País una noticia publicada el 3 de diciembre de 2016, donde informaba acerca de dos nuevos ascensos. En efecto, además de sus habilidades, el período en el que estuvo en el Congo al mando de más de un millar de efectivos lo proyectó con fuerza al generalato. Fernández reunía casi todas las características de un buen oficial superior, pero además había tenido la suerte de dirigir con éxito las operaciones de extracción de un grupo de civiles que quedaron atrapados en medio de un tiroteo en un edificio de Kinshasa.

    Todo había comenzado en la mañana del 22 de marzo de 2007, cuando fuerzas leales al presidente Joseph Kabila se enfrentaron, en pleno centro de Kinshasa, a los milicianos del senador y exvicepresidente Jean-Pierre Bemba. El exvicepresidente se resistía a desarmar a su pequeño ejército con el argumento de que podía terminar como el padre de Kabila, traicionado y asesinado por sus guardaespaldas.

    Después de unas cinco horas de intenso intercambio de disparos entre los congoleños, en los que intervinieron piezas de artillería y morteros, provocando al menos 600 muertos, en su mayoría civiles, el coronel Fernández aprovechó una pausa, “una ventana de oportunidad”, para enviar a dos compañías de cascos azules uruguayos a evacuar el edificio en el que funcionaban las embajadas de España y Grecia, la representación de Unicef y, en planta baja, el banco BIAC, que daba nombre a la construcción.

    Los oficiales y soldados que llegaron al céntrico barrio de Le Gomble a bordo de veteranos blindados alemanes Cóndor (que no resistían disparos de ametralladoras pesadas ni cohetes RPG-7) para rescatar a 194 personas que habían permanecido atrapadas entre dos fuegos, encontraron el edificio BIAC muy dañado por los tiros, dos muertos, varios heridos y decenas de personas en estado de shock.

    En uno de los pisos ocupado por Unicef, una pieza de artillería había quedado en el piso, sin explotar, y la pared lateral de cemento de la planta que ocupaba la embajada española había sido perforada por un gran proyectil, aunque sin causar heridos.

    El personal más destacado en la operación, que, en su mayoría, provenía de la Brigada de Infantería N° 5 (batallones 13, 14 y 15), fue condecorado por España y Grecia con medallas al valor. Todos, en especial los conductores y jefes de carro que habían estado 36 horas en servicio sin dormir, habían participado en las operaciones junto a militares de Ghana y Túnez. El entonces coronel Fernández, a su vez, recibió la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil de España, la Medalla al Valor, de Grecia, y de regreso a su país la Medalla al Valor Militar otorgada por el Ejército Nacional.

    El otorgamiento de la medalla a Fernández provocó polémica en el Ejército. La condecoración había sido creada el año anterior, cuando el general Jorge Rosales era el comandante en jefe, pero a algunos generales y oficiales les parecía que iba contra la tradición de la fuerza, que promovía el conjunto y no el valor individual. Pero además, en el caso de Fernández, si bien su actuación había sido correcta, no había hecho otra cosa que comandar el cumplimiento de una misión difícil, pero no más que muchas otras, con la peculiaridad de que en el edificio estaba el embajador de España, Miguel Fernández-Palacios. La fama del coronel Fernández como “último héroe uruguayo” comenzó a llegar a la prensa en 2012, cuando el diplomático español publicó un libro donde relata la traumática experiencia bajo fuego y el papel jugado por el exjefe del Batallón Uruguay IV y “sus” cascos azules. Los dos Fernández, el español y el uruguayo, unidos por la lengua y la historia, antes habían compartido mate y churrascos.

    Entre el cielo y el infierno

    Además de un jefe estricto, Fernández, de 57 años, es un católico practicante, casado y padre de dos hijas y tres nietos. En un mensaje de WhatsApp que envió a sus compañeros de promoción, pidió disculpas por la situación y contó su versión.

    “Desde julio de 2019 —relató— establecí un vínculo de amante con la capitana. (…) En noviembre me separé de mi esposa de 37 años. En enero de 2020 se hizo público y me sancionaron. En marzo retomé la relación de amante. (…) El 25 de setiembre finalmente blanqueó con su esposo y se mudó a vivir junto a su hija en mi apto. En 10 días me percaté que con ella la convivencia era hermosa pero que existían diferencias profundas, por ser de diferentes generaciones, diferente educación, cosa que vi que no tendríamos futuro de familia como habíamos pensando”.

    Más allá de la situación personal del general Fernández, lo que ocurrió en este caso es visto por algunos oficiales como un síntoma de impunidad y falla de los controles en el Ejército.

    Fuentes de la fuerza aseguraron que, mientras cumplía su destino como segundo comandante de la División 1, Fernández había mantenido una relación con una sargento que estaba bajo su mando y que era visto a menudo con ella en un auto de la División. Advertido, pero no sancionado, interrumpió ese vínculo poco antes de ser designado como agregado militar en el exterior.

    Cuando en enero pasado, el entonces comandante del Ejército, Claudio Feola, se enteró de la crisis que se había producido por la nueva relación asimétrica en el CALE, regresó de su licencia en Santa Teresa, relevó a Fernández del mando, le impuso una sanción de cinco días de arresto a rigor, en consulta con el ministro José Bayardi, y pretendió que pasara a retiro.

    Fernández, sin embargo, maniobró con información que tenía acerca del arma de Artillería y logró que el nuevo comandante del Ejército, general Gerardo Fregossi, lo mantuviera en actividad, aunque en lugar de ser designado comandante de la prestigiosa División 1, como indica la tradición que podría corresponder al general de la derecha, fue designado al frente de la enseñanza militar, de la que dependen el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), la Escuela Militar, el Instituto de Armas y Especialidades (IMAE) y el Liceo Militar.

    Cuando a comienzos de este mes el caso llegó a la Justicia y el general fue fichado, desarmado y pasó a tener puesta una tobillera, el tema del retiro, para no perjudicar a la institución, volvió a estar arriba de la mesa con más fuerza.

    Fernández en principio aceptó, pero luego cambió de idea y quiso quedarse. Como el pase a retiro voluntario ya había sido comunicado al ministro y este al presidente Luis Lacalle Pou, el general recibió una sanción de 15 días de arresto a rigor. Finalmente, a comienzos de la semana pasada, el pase a retiro se efectivizó.

    El martes 27, Fernández terminó el arresto, pero continúa internado por disposición médica. La capitana, que casualmente fue trasladada del CALE al Hospital Militar, también está certificada, pero la Policía ya fue advertida de que la alarma puede sonar si ella ingresa al centro de salud, su nuevo lugar de trabajo. El miércoles 28, el decreto del juez Javier, al que tuvo acceso Búsqueda, aún no había llegado al despacho del ministro.

    Información Nacional
    2020-10-28T23:42:00

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