Según la exdirectora departamental de Salud de Rivera y actual edila del Frente Amplio, Aída Gonzálvez, el “pánico” sí existió. Tras la confirmación del primer caso de Covid-19 en el departamento, no se veía “a nadie en la calle”. “Entonces nosotros aguantamos bastante tiempo” con pocos contagios, explica. “Dos o tres meses”. Hasta que los contagios explotaron.

Richard Sander, intendente de Rivera. Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
Campaña binacional
El presidente Luis Lacalle Pou decretó el cierre de fronteras el 16 de marzo de 2020. En la conferencia de prensa en la que hizo el anuncio, fue consultado sobre los límites con Brasil. Admitió que se trataba de un caso “más complejo” por la existencia de una “frontera seca” y porque muchas personas tienen una vida “binacional”. La “ciudad única” debía tener un protocolo único para combatir el virus, porque al estar presente en Brasil y poder pasar en un solo paso hacia Uruguay, a menos que se decidiera construir un muro en el medio, los contagios seguirían ocurriendo entre ambas ciudades.
En la mañana del jueves 14 de mayo de 2020, autoridades de Rivera y de Santana do Livramento se reunieron en la plaza internacional para presentar una campaña binacional de concientización y prevención del coronavirus. Estuvieron presentes la entonces intendenta de Rivera, Alma Galup, la prefeita de Santana do Livramento, Mary Machado, y el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas. A partir de entonces se dispusieron cuatro puestos de control sanitario en diferentes vías de acceso a la ciudad de Rivera, con personal de los ministerios del Interior y de Defensa. Se empezaron a realizar inspecciones en establecimientos comerciales y en el transporte público de pasajeros, pero nunca se prohibió la continuidad de la vida binacional.
El acuerdo presentado aquella mañana en la plaza internacional no fue la primera iniciativa conjunta de Rivera y Santana do Livramento en materia de salud. Desde diciembre de 2005 hasta setiembre de 2018, cuando Gonzálvez era la directora departamental de Salud de Rivera, se aplicó la Ley Nº 18.546 para los servicios de salud fronterizos. “Trabajamos bastante, intercambiamos servicios… Nosotros no teníamos resonador magnético en Rivera, se hacían las resonancias en Livramento, que hay dos resonadores”, ejemplifica. Además, menciona que en uno de los artículos de esa ley se dispuso la creación de un “comité binacional asesor, con un funcionario del Ministerio de Salud de Brasilia y otro de Montevideo y dos actores locales”. Sin embargo, “hubo dificultad en citar a esa comisión binacional”, admite.
“Después empezó el tema burocrático, nadie más le dio bolilla al acuerdo que tantos años nos costó”, lamenta Gonzálvez. A tres meses de desatada la pandemia, se conformó una nueva comisión para asesorar en salud epidemiológica, que incluyó a los cancilleres de Brasil y de Uruguay. La edila del Frente Amplio dice que pudo simplemente haberse “reactivado aquella comisión binacional”.
El excandidato a intendente de Rivera por el Partido Nacional, otorrinolaringólogo y tesorero del sanatorio Comeri, Ricardo Araújo, es crítico con las iniciativas binacionales impulsadas en aquel momento: “¿Tú querés que algo no funcione? Armá una comisión”.
Recuerda además una iniciativa propia, que impulsó cuando fue candidato a intendente: la creación de un hospital binacional. Pero esa iniciativa nunca se llevó a cabo. El otorrinolaringólogo agrega que debería definirse si los pobladores de Santana son responsabilidad de Brasil, de Uruguay o de los dos. Sucede en la actualidad, en ese modo de vida binacional, que muchos brasileños de Santana do Livramento se atienden en el Hospital de Rivera. Con documento uruguayo, el sistema de salud no les impone ninguna restricción en la atención.

Aída Gonzálvez, exdirectora de Salud de Rivera. Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
Sin miedo
Aunque el miedo durante 2020 no fue el sentimiento predominante en la población general de Rivera, sí lo fue en el caso de las autoridades nacionales y departamentales. Se trataba de un virus nuevo, que nunca se había visto antes, y no estaba claro cómo se comportaría. En la frontera y en la ciudad de Rivera, primó una orden sobre todas las cosas: la de desinfectar. Se limpiaban las ruedas de los autos que ingresaban a Uruguay, se desinfectaban las calles con camiones diseñados para ello, se dispusieron alfombras sanitarias en casi todos los comercios y se tomó la temperatura a todo aquel que ingresara. Según Araújo, se hicieron “cosas absurdas, teatros”. Recordó a una médica, colega suya, que decía de forma irónica: “Prometo que no me voy a lamer los zapatos. Prometo que no voy a lamer la rueda del auto”.
Araújo cuestiona también la efectividad de los termómetros láser, y asegura que no arrojan la misma temperatura en la muñeca, en la frente o en la axila. Recurre a su celular varias veces para mostrar conversaciones, fotos y otros materiales que reflejan la preocupación que mantuvo siempre por el Covid-19 en Uruguay y las medidas que quiso impulsar.
“El gran problema de Uruguay es esto”, dice, y otra vez muestra su celular para reproducir un video en el que se ve al técnico de la selección uruguaya y a varios jugadores en la cancha, con una voz en off: “Uruguay, más que nadie, menos que ninguno. Distintos a todos”. Pausa el video y dice: “Ese fue el problema de Uruguay, el creer que somos distintos. No, no somos distintos. Somos descendientes de españoles e italianos, nos va a afectar (la pandemia) de la misma forma que a los españoles e italianos”.
Según Araújo, en Uruguay faltó apelar al “miedo”. Al comienzo de la pandemia recuerda haber percibido una suavización de las consecuencias de la pandemia. Cuando el país tuvo su primer fallecido, el gobierno lo negó, según él. “Dijeron ‘no, no, murió por cáncer’”. Otra vez, recurre a la ironía y a los ejemplos para expresar su desacuerdo. Crea una situación hipotética: “Tu madre tiene 90 años, entonces yo me subo al séptimo piso y la empujo. ¿De qué se murió? ¿De los 90 años o de que yo la empujé? Estadísticamente, puede morirse cualquier día. Pero se murió porque yo la empujé”. Trasladando su ejemplo al contexto de la pandemia, agrega: “Aquel paciente neoplástico se murió porque tuvo Covid. ¿Se iba a morir igual? Sí, pero se murió porque tuvo Covid”, resaltó.
Mientras en Uruguay circulaba una única variante del coronavirus, los riverenses la concebían como “una gripe fuerte” y su actitud era de despreocupación, recuerda Leira. Pero en marzo de este año llegó al departamento una nueva variante, que ya se conocía en el mundo por ser más contagiosa: la P1, proveniente de Brasil. Ese hito marcó “un antes y un después”, según la directora de la RAP. “La población realmente se asustó y vio que la cosa venía en serio, y ahí hubo un cambio rotundo de actitud”, asegura. “Terminaron las fiestas, los gurises en la calle tomando cerveza, algo que se veía mucho, el comercio…”, agrega.

Ricardo Araújo, excandidato a intendente de Rivera por el Partido Nacional. Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
El “tsunami”
Aún con todas las medidas de desinfección, uso de tapabocas, distanciamiento y controles, el virus empezó a expandirse por la ciudad binacional. Alrededor de un año después de aquel primer caso de Covid-19 en Uruguay, Rivera se volvió el departamento de mayor preocupación, por tener los niveles más grandes de incidencia del virus. Con todo el país pintado de rojo en los mapas que mostraban el índice de Harvard por departamento, Rivera alcanzó un máximo de 156,32 casos cada 100.000 habitantes el 2 de abril. Muchos medios nacionales hablaban de una “ola” de contagios en el departamento. Pero, para la directora de la RAP, fue más bien un “tsunami”. Todas las camas de los centros de tratamiento intensivo (CTI) del país quedaron ocupadas y hacían falta más. “Por suerte”, según Leira, esto se pudo solucionar con traslados a otros departamentos.
El tsunami estaba haciendo estragos en Rivera y en todo el país, llevándose por delante las vidas de cientos y luego miles de personas. El gobierno nacional se mantuvo firme en su postura de no implementar una cuarentena obligatoria y, en cambio, apelar a la “libertad responsable”. Pero el intendente de Rivera, Richard Sander, insinuó la necesidad de ir en contra de la postura gubernamental en medio de la gran ola. “Lo que les pido a los vecinos de Rivera, y lo vengo diciendo hace varios días, es que necesitamos en estos primeros 20 días, esta semana y las dos posteriores, hacer una cuarentena obligatoria para poder llegar a vacunar al fin de la semana siguiente a Turismo a 50% de la población de Rivera”, dijo en marzo a VTV noticias.
Al recibir a Búsqueda en la Intendencia el jueves 10, Sander fue consultado por aquella iniciativa. “A veces las cosas son sacadas de contexto”, contesta, y explica que el objetivo siempre fue “reducir la movilidad”. En aquella entrevista, según su versión, instó a quienes no necesitaban salir a la calle a que no lo hicieran, y dijo que había que hacer “como si fuera una cuarentena obligatoria”. “Pero le estaba hablando al vecino, no estaba diciendo ‘tenemos que hacerla’ (...). Quizás tendría que haber dicho ‘cuarentena voluntaria’”, matiza.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
El segundo mejor
La vacunación en Rivera comenzó a principios de marzo de este año, y hasta ayer miércoles al mediodía se había vacunado a 63,05% de la población con una dosis y 46,34% con la segunda. Así, el departamento fronterizo logró, en menos de cuatro meses, pasar de ser el peor de la clase a ser el segundo mejor. Es que, después de Durazno, Rivera es el departamento con el mayor porcentaje de población completamente vacunada. El ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, celebró la noticia y la atribuyó al “efecto vacunación”. Además, dijo que sería de esperar que el resto de los departamentos sigan la misma tendencia.
El presidente de la República había dicho el 2 de junio en entrevista con Subrayado, de Canal 10, que Rivera había vacunado a 114.000 personas. En redes sociales comenzaron las burlas y los cuestionamientos, ya que la población total del departamento es de poco más de 109.000 habitantes. Sin embargo, los dichos de Lacalle Pou tenían una explicación: los llamados “doble chapa”. Así se les dice en Rivera a quienes cuentan con nacionalidad uruguaya y brasileña. Los 5.000 vacunados “extra” eran ellos. No se contabilizan dentro de las estadísticas de población del departamento por ser residentes de Santana do Livramento, pero sí se pudieron vacunar en Uruguay.
Si bien la vacunación avanza a un ritmo veloz en Rivera, del otro lado de la frontera viene mucho más lenta. Hasta este miércoles, Santana do Livramento llevaba vacunado poco más del 20% de su población con dos dosis.
En abril pasado, el diputado colorado Marne Osorio planteó al gobierno la posibilidad de que Uruguay se haga cargo de vacunar contra el Covid-19 a los residentes en Santana do Livramento, aun sin la doble nacionalidad. Según el intendente, esto fue planteado y “se está evaluando”. “Si sobran vacunas, sobre todo de AstraZeneca, van a ser destinadas a eso, es seguro”, afirma.
La iniciativa recogió el apoyo de todos los partidos en Rivera, y también de los médicos de la zona fronteriza. Leira aclara que desconoce la postura de ASSE al respecto, pero la iniciativa “tiene un sentido científico”. “Como es una única ciudad, si contamos con que para salir de toda esta pandemia necesitamos el 70% de la población vacunada para lograr el efecto rebaño y sabemos que Rivera tiene 109.000 habitantes y Santana do Livramento tiene 88.000 habitantes, y sabemos que Santana está vacunando a un ritmo mucho más bajo que el nuestro, cuando los demás departamentos del país lleguen al 70%, a ese nivel de rebaño, Rivera no va a llegar”, explica.
Araújo también apoya la iniciativa, y dice: “Rivera y Livramento tienen que tener un sistema de salud único. No hay otra forma”.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
“Alerta permanente”
Si bien también hay coincidencia en que la vacunación jugó un rol importante en el pasaje a anaranjado de Rivera (un nivel de riesgo menor en la escala de Harvard), muchos creen que no es el único factor. “Como todo en la vida, creo que es multicausal”, opina la directora de la RAP. A la inmunidad de gran parte de la población por las vacunas contra el Covid-19, se le sumó la inmunidad por haber contraído la enfermedad como factor fundamental. “Esta ola enorme (de casos positivos) que tuvimos entre marzo y abril hizo que un gran porcentaje de la población se contagiara. Y esa gente ha tenido inmunidad durante estos tres meses, una inmunidad fisiológica, porque cursaron la enfermedad”, dice.
En la misma línea se expresa Araújo, quien asegura que el departamento ya tiene “una inmunidad de rebaño”. “Hay 10.500 casos diagnosticados, por lo tanto, tenemos al menos 30.000 personas que tuvieron Covid, y casi 50% de vacunados con las dos dosis. Por eso estamos así”, asegura.
Las autoridades departamentales no cantan victoria, aun cuando la curva de contagios muestra una tendencia a la baja desde hace más de dos semanas. Según el intendente, hace falta “seguir trabajando para aislar al positivo y recuperar, de alguna forma, el hilo epidemiológico”. “Vamos a estar en alerta permanente”, dice.
Free shops y protocolos
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