• Cotizaciones
    jueves 12 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Rostros en tiempos de selfie

    Retratos contemporáneos en el Subte

    Son múltiples y variados y pueblan las paredes de la sala de exposiciones del Subte en el subsuelo de la plaza del Entrevero. Rostros en blanco y negro o coloridos, grandes, pequeños, definidos, difusos, interrogantes, testimoniales, intrigantes. De todas las edades, la gran sala está poblada de retratos en primerísimos planos, a cuerpo entero, pintados, dibujados, fotografiados. La enorme galería impacta apenas uno baja las viejas escaleras y mira de reojo, antes de toparse con las funcionarias que hablan alegremente. Conversan con una recién llegada que huye de la repentina lluvia, sorprendente lluvia de un mes de febrero resplandeciente y caluroso. La funcionaria explica que el país ya no es lo que era, está todo muy cambiado, “para peor”, dice. La visitante es uruguaya, hace tiempo que no venía al “paisito” y se pone a tiro con la idiosincrasia nacional. La visitante entra golpeada pero sonriente. El poco entusiasmo se le borra apenas ingresa y debe eludir una importante gotera que cae cerca de una obra. Mira el charco y las fotos de Paula Delgado. Pertenecen a su proyecto Cómo sos tan lindo (2005-2010). Delgado fotografió hombres de todo tipo y color, desnudos, de buenos físicos, buenos ejemplares elegidos por el ojo de la personal y desafiante artista. Es un proyecto abarcador, transgresor, que involucró a la autora en lugares como Londres, Johannesburgo, Praga, Viena, Barcelona, Valparaíso, Buenos Aires y Montevideo y por más de cien hombres, en un cautivante, tal vez riesgoso y seguramente entretenido repaso del cuerpo masculino en toda su dimensión.

    Los modelos acudieron a ella a través de un aviso en la prensa que apelaba a la compleja y muy abierta noción de belleza: “Se buscan hombres atractivos para fotos”. Generalmente, en habitaciones de hotel o en escenarios impersonales, extrajo retratos de cuerpos expuestos al extremo de lograr una insólita visión de la humanidad desde el choque de criterios y percepciones sobre lo lindo y lo feo, del secreto encanto de lo físico más allá del género, de la instancia de acercamiento a lo desconocido. La belleza en cuestión, la mirada femenina sobre lo masculino, el sexo y la potencia de lo sexual en estado puro, casi inocente, entregado o descubierto, en impúdica e irónica fragilidad, casi asexuado. Hay hombres de diferentes nacionalidades y variedad de altura, colores, músculos y penes, expuestos en un libro que complementa las sutiles fotos expuestas, en riesgo de mojarse por la insistente y ruidosa gotera.

    Desde la exhibición y búsqueda de un punto donde la belleza se exprese en carne viva hasta los óleos cargados en imágenes chorreantes, caricaturescas y deformes, casi infantiles, de José Luis Parodi, que a conciencia apela a lo feo, a un grotesco expresionista para desestimar la forma correcta, la belleza impuesta, la exterioridad, la supuesta perfección. “Podrían ser mejor hechas”, dice Parodi citando a Joseph­ Conrad. Y agrega: “Estas obras son prueba de mi valor o más bien de mi temeridad”. El resultado es más valioso si se lo entiende desde la temeridad, ese ángulo tan personal y jugado que imprime un sello de inusual calidad formal.

    En el camino hay obras que indagan sobre el rostro y ese tránsito entre la definición, la evidencia y la complejidad del punto de vista y sus percepciones, la multiplicidad de miradas involucradas dentro de una sola. Pero lo hacen por el camino de la desconstrucción o del “desdibujar”, si se permite el término. A veces en un juego de transparencias, como el de la interesante y potente Elian Stolarsky y sus dibujos de rostros finamente delineados sobre acrílico. Son pequeños retratos ubicados a la altura del espectador. Si no hay gotera cerca, el visitante puede jugar a mirarlos desde diferentes puntos de vista, desde la superposición que permite la movilidad y la infinita combinación de imágenes. Otros “desfiguran” entre líneas pero de un mismo y reiterado juego, superpuestos y multiplicados por la propia artista, como es el caso de Teresa Puppo, que trabaja sobre su rostro. O sobre el rostro cuidadosamente borrado con pinceladas gruesas, coloridas, explosivas de Guillermo García Cruz. O con una construcción tan minuciosa y detallista que parece emerger de un límite imposible entre la fotografía y la pintura (María Clara Rossi), en varios casos más cerca del arte pop.

    También están las poderosas imágenes hiperrealistas de Martha Escondeur, de frente y a cuerpo entero, entregadas como una ofrenda visual al espectador. Hay rostros en óleos, planos y colores poco habituales para un retrato, con toques desorbitados como fondos de brillantina. Hay rostros que intentan desarmar la mirada sobre el retrato o sobre la imagen artística tradicional, poderosa, casi mítica. Y otros que pertenecen a personas que se llaman igual al autor, que los buscó en Internet y reconstruyó a fuerza de lápiz en un intento por unir los fragmentos de esos universos paralelos (Retrato de Federico Aguirre, de Federico Aguirre, dibujos a color sobre papel, 2014).

    Más allá de los juegos de enfoque y las variaciones técnicas, es evidente que la fuerza del retrato ya no recae solamente en el retratado y la expresión de sus profundidades psicológicas o espirituales, en las marcas que la vida impone, en la mirada del otro, en el intercambio de subjetividades. Salvo excepciones, ya casi no importa el modelo, ni el propio individuo objeto de la mirada del otro. Importa el artista, su imagen y su identidad, su búsqueda y su pretexto, su idea y su juego interminable con la materia, sus miedos y visiones, sus juicios, sus desencantos. Importa la manipulación de su yo y sus otros yo, a través de interrogantes materiales, de la construcción de formas e imágenes más o menos veladas, más o menos precisas o logradas, más o menos profundas o complejas. Cuando el artista se desplaza otra vez hacia el que mira, es para mirarse, para revelarse, para indagarse, una y otra vez, para descubrirse o encubrirse en sus modelos, en las figuras irreconocibles, anónimas o fragmentadas. Ni bueno ni malo, por ahí anda el alma nacional, el arte y el individuo, el país, en definitiva, que cambia sin duda, “a veces para mejor y a veces para peor”, como diría otro funcionario que terció en la charla mencionada al principio.

    Como metáfora final, la visitante del principio se detiene en la línea de caras menos estridentes, en tonos grises, un blanco y negro que transmite lejanía, un poco de pasado, quizás nostalgia. Prefiere una línea construida con veinte fotografías de rostros de mujeres en distintos tiempos, diferentes personas, un coro de miradas y gestos apagados que forman uno solo, casi una misma mujer. La composición se titula Damas del silencio (Lucía Lin) y en cierta forma ofrece una síntesis aplacada del rostro femenino nacional, más a gusto del consumidor que intenta recomponer su propia identidad.

    Retratos contemporáneos. Subte-Centro de Exposiciones, Plaza del Entrevero (18 y Río Negro). De martes a domingos de 12 a 19 h. Hasta el 29 de marzo.

    // Leer el objeto desde localStorage