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Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). En el futuro habrá varios motivos para recordar la elección presidencial de Brasil que finaliza el domingo 26: desde la trágica muerte del candidato socialista Eduardo Campos al caer su avión antes de la primera vuelta, hasta la virulencia de los ataques para el balotaje entre la presidenta Dilma Rousseff y el opositor Aécio Neves, que incluyeron golpes bajos y acusaciones cruzadas de prácticas nazistas. Pero quizá este comicio deje por sobre todo su huella histórica en las urnas como el más parejo y reñido que ha tenido el país en mucho tiempo.
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Es una campaña difícil para ambos candidatos, que enfrentan importantes tasas de rechazo de diferentes extremos del electorado. Los tres debates públicos que mantuvieron en esta segunda vuelta se caracterizaron por la tensión y los reproches mutuos de corrupción en sus respectivos partidos. Las encuestas mostraban hasta ayer miércoles un empate técnico entre Rousseff y Neves, aunque la candidata del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) parece haber pasado en los últimos días a su rival socialdemócrata, siempre dentro del margen de error de los sondeos, de dos puntos porcentuales más o menos.
Todavía falta un último duelo verbal entre Rousseff y Neves, que podría inclinar la balanza a pocas horas del voto. Con cerca de 6% de indecisos, los expertos advierten que la elección brasileña sigue abierta y se juega voto a voto. “Está bien disputada todavía”, señaló David Fleischer, profesor de ciencia política en la Universidad de Brasilia.
Golpe va, golpe viene
La última encuesta de la empresa Datafolha divulgada ayer miércoles indicó que Rousseff tiene 52% de las intenciones de votos contra 48% de Neves. Fue el mismo resultado que obtuvo un día antes y confirmó una variación significativa respecto a la semana anterior: hasta el miércoles 15, Neves aparecía arriba con 51% contra 49% de Rousseff.
Fleischer y otros analistas coinciden en atribuir este cambio a la erosión que ha sufrido Neves después que el PT dejara de lanzar su artillería pesada contra la candidata ambientalista Marina Silva, que se desplomó en la primera vuelta del domingo 5, y comenzara a apuntarle al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Se trata de una estrategia que el propio oficialismo define como “deconstrucción” del rival.
En los debates, Rousseff acusó a Neves de “nepotismo” por la supuesta contratación de familiares cuando fue gobernador del estado de Minas Gerais entre 2003 y 2010. También lo criticó por la construcción de un pequeño aeropuerto en un predio expropiado a una estancia de su tío abuelo, cercano a un campo de su familia. Y sostuvo que en su gestión hubo desvíos de unos 3.000 millones de dólares que iban destinados a la salud pública.
Por otro lado, la campaña oficialista ha golpeado al socialdemócrata en el plano personal, reforzando la idea de muchos de que es un privilegiado nacido en una familia poderosa, en la que su abuelo fue presidente y su padre diputado (el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva lo llamó “hijito de papá”), un fiestero con viejos vicios (“Yo no dirijo bajo alcohol y droga”, le lanzó Rousseff en la cara, aludiendo a un episodio de 2011 en que Neves se negó a someterse a un test de alcoholemia conduciendo en Río, según él porque su libreta estaba vencida) y es agresivo con el sexo opuesto (una propaganda del PT afirmó que “tiene dificultad en respetar a las mujeres”).
Neves rechazó esas acusaciones, que calificó de calumniosas y las comparó a las tácticas de Joseph Goebbels, quien fuera ministro de propaganda de Hitler. Insiste en que el gobierno de Minas lo ejerció con “honradez” y que según las encuestas lo aprobaba 92% de la población del estado cuando dejó el cargo. Además puso como tema clave de su campaña el escándalo de sobornos en la petrolera estatal Petrobras, denunciado por un exdirector de la empresa que ahora colabora en una investigación judicial: según Paulo Roberto Costa, los sobreprecios llegaban a 3% de los jugosos contratos firmados con grandes constructoras y otras compañías, e iban destinados al PT a través de su tesorero, João Vaccari, así como a aliados del gobierno.
Rousseff admitió el fin de semana que hubo “desvíos” de fondos en la mayor empresa de Brasil. Pero su adversario ha afirmado que fue connivente o incompetente ante esos hechos, ya que mientras ocurrían ella presidía el consejo de administración de Petrobras. También ha recordado el caso de compra de votos en el Congreso conocido como “mensalão”, que llevó a la cárcel a excolaboradores cercanos de Lula y autoridades del PT, y denunció que un hermano de la presidenta fue contratado como empleado de la alcaldía de Belo Horizonte sin trabajar en ella.
Lula también comparó a sus adversarios con las fuerzas de Hitler: “De vez en cuando parece que nos están agrediendo como los nazistas agredían en la II Guerra Mundial”, dijo en un acto en Recife.
Los últimos movimientos en las encuestas sugieren que este intercambio de golpes ha servido más a Rousseff que a Neves. El estudio de Datafolha descubrió que el rechazo al candidato opositor (votantes que dicen que jamás votarían por él) creció seis puntos en dos semanas y se ubica ahora en 40%. Esto a pesar de que Neves logró para esta instancia el preciado respaldo de Silva, que el domingo 5 cosechó 21% de los votos.
Los expertos creen que esto se debe a que el oficialismo logró diluir en parte del electorado la idea de que Neves es el candidato del cambio que demandan una mayoría de brasileños, y que en el fondo ambas opciones son similares en el plano ético. “De manera general las personas tienen una percepción de que la corrupción está tanto en un partido como en otro y tal vez sea más enfatizada en el que está en el poder porque está más cerca de la máquina”, dijo Luciana Veiga, una especialista en comportamiento político y opinión pública de la Universidad Federal de Paraná. “Entonces van hacia el que les da más beneficios”, añadió en diálogo con Búsqueda.
“La elección más difícil”
Pese a que Neves y Rousseff reivindican que sus respectivos partidos dieron origen a los programas sociales que colocaron a cerca de 40 millones de brasileños en la clase media, él atribuyéndolo al gobierno de Fernando Henrique Cardoso y ella al de Lula, los votantes parecen confiar más en la presidenta en este aspecto. Las encuestas muestran que una mayoría absoluta cree que Neves defenderá más a los ricos y Rousseff a los pobres.
Esto explica por qué la mandataria tiene un bastión electoral clave en el noreste pobre del país, mientras el opositor es más fuerte en el sudeste urbano y populoso. Sin embargo, Rousseff parece ganar impulso en esta región del país, en base a una mayor aprobación de su gestión y un optimismo popular respecto a la economía que va a contramano con el estancamiento del PIB, el aumento de la inflación por encima de la meta oficial y las críticas de expertos independientes a la conducción económica.
Fleischer sostuvo que la presidenta también ha mejorado, “porque anunció varios programas (sociales) nuevos y ella tiene la máquina en su mano: podría firmar decretos y crear nuevas ventajas para los electores”.
En cambio Neves —que es el preferido de los mercados y propone como su ministro de Hacienda a Armínio Fraga, un respetado expresidente del Banco Central— encuentra dificultades para convencer a un segmento importante del electorado de que con él en el Palacio de Planalto el país volvería a crecer con dinamismo: las encuestas muestran que los brasileños creen que Rousseff está mejor preparada para mantener la estabilidad económica.
Entonces, ¿por qué la elección sigue siendo tan pareja y Neves mantiene posibilidades de ganar? En primer lugar, porque el nivel de rechazo a Rousseff aún es elevado aunque bajó cuatro puntos en los últimos días: 39% de los votantes dicen que bajo ninguna circunstancia votarían por ella, y su única alternativa ahora es el socialdemócrata. Segundo, porque el PT está pagando el precio del desgaste de ejercer el gobierno durante 12 años consecutivos. Y tercero, porque el candidato opositor es visto como más preparado para combatir la violencia e igual de apto que Rousseff para cuidar de la salud pública, dos temas prioritarios para los brasileños.
En la primera vuelta del domingo 5, quien quedó primera fue Rousseff pero la sorpresa la dio Neves, que recibió bastantes sufragios más que lo esperado. Algunos atribuyeron esto a su desempeño en el último debate, mientras Silva sufría su sangría de votantes. Ahora el último debate aún está pendiente (será transmitido el viernes de noche por la red Globo) y hasta los mayores expertos advierten que lo que pasará en las urnas es imprevisible. “Es la elección más difícil de la historia”, dijo Carlos Augusto Montenegro, un economista que preside el instituto brasileño de encuestas Ibope, en declaraciones al portal UOL el lunes. “Estoy en Ibope hace 42 años y nunca vi una elección tan difícil. Es una elección complicada. Brasil está dividido”.