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La primera vez que Horacio Guerriero (Hogue) escuchó la palabra bicho era un niño pequeño y estaba en su casa de Trinidad, que tenía un parral en el fondo. Por allí zumbaban fuerte los mangangás, y le causaban miedo. “Recuerdo que mi abuela doblaba un diario y trataba de pegarles al grito de ‘¡Fuera, bicho!’. Para mí un bicho era un mangangá, después no fueron solo insectos, también los animales más grandes y las personas”. La anécdota surge al recorrer la muestra que está exhibiendo en la preciosa sala del Centro Cultural Dr. Pedro Figari de la UTU (Gonzalo Ramírez 1675), que justamente se llama Bichos al carbón. La muestra puede visitarse hasta el 16 de diciembre, de lunes a viernes, de 9 a 17 horas.
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Desde hace años, Hogue viene trabajando en la doble condición de los seres humanos, mitad personas, mitad animales, como los que exhibió en su exposición de 2017 que se llamó Animales. Ahora en forma de caricatura, eligió de manera caprichosa a 24 figuras reconocibles de la cultura o de la política, algunos que ya había elaborado personalmente o en el taller con sus estudiantes, y los asoció con un animal, a veces por su físico, a veces por ese carácter. “Lo más coherente de esta muestra es que vengo trabajando la metamorfosis desde hace 30 años, y esta es una obra de metamorfosis”.
La sala de exhibición con ladrillos a la vista, a la que se llega por una calle de adoquines, es un escenario rústico que combina muy bien con los dibujos en carbonilla. Desde hacía tiempo que el director general de la UTU, Juan Pereyra, le venía insistiendo a Hogue para que expusiera en esta sala. Fue solo cuando la vio que se decidió. “No estaba en mis planes hacer esta exposición porque estoy trabajando en una muestra más grande, pero la sala me encantó. Como no me gusta exponer refritos, me puse a hacer un dibujo para probar. Lo hice muy rápido, sin bocetar, y después hice otro de la misma manera, y entones vi que iba a funcionar y acepté la propuesta”. Así hizo 12 dibujos, después se fue de viaje por 20 días a España y al regresar hizo 12 más.
Ese primero que usó como prueba es la caricatura de Augusto Pinochet. Tiene el aspecto de un chancho jabalí, deforme, con su nariz gigante, más grande que su barriga inflada. Uno de los seres nefastos de la muestra. El otro ser oscuro es Hitler, metamorfoseado en una rata, con su pata extendida como si estuviera haciendo el saludo nazi. Está montada en un tronco hecho de huesos. El conjunto es lúgubre, amenazante, estremecedor en su simbolismo.
Otros personajes históricos son los líderes de la Conferencia de Yalta que se repartieron el mundo. Allí están Churchill como un perro bulldog con cigarro encendido, De Gaulle es una jirafa de sombrero y Roosevelt es solo una cabeza con patas de águila. También está Stalin, la gran bestia, con su forma de oso enorme y furioso a punto de tragarse un pez con patitas humanas.
“Para crearlos, fui de la persona al animal o del animal a la persona. Apliqué una regla de tres simple: si el hombre es al bicho, Stalin es al oso. Si hago al revés: si el bicho es al hombre, el bulldog es Churchill”, explica Hogue. Él mira los rostros y le surge el bicho que encierran, sin analizarlo ni buscarle demasiado sentido conceptual. Y con ese método logró un gran resultado.
Entre las figuras divertidas está la del actor Martin Feldman, el humorista de ojos saltones, recordado en su papel en El joven Frankestein. “Lo asocié arbitrariamente a la ardilla. Me gusta mucho el personaje de La era del hielo y se ajustaba muy bien con el actor. Miraba la cara de él y la cara de la ardilla y eran iguales”.
El rey Juan Carlos
Todos los personajes son fácilmente identificables, la cantante Amy Winhouse con su mata de pelo en forma de nido, el rey Juan Carlos con la trompa de elefante, uno de los animales que cazaba, Irineo Leguisamo tiene hocico de caballo y Pavarotti, alas de pingüino.
Pero tal vez la caricatura que más gracia dé al público uruguayo es la de José Mujica, que para Hogue es una mulita, y después de ver su dibujo, para todos seguirá siendo una mulita. “La mulita es un bicho en el que he trabajado desde hace años. Cuando lo hice, me divertí mucho. Empecé a mirar el hocico largo de la mulita y me salió Mujica”.
En este mundo en blanco y negro, el único toque de color son los guantes de boxeo de Mike Tyson, transformado en un canguro, un bicho que boxea con sus guantes rojos. El único con el carbón encendido en sus manos y con una mirada punzante como midiendo al adversario.
Otro dibujo impactante es el de Marilyn Monroe. Con su cuerpo desnudo y alas de mariposa pinchadas con largas alfileres. Es bella y al mismo tiempo angustiante. “Con Marilyn sí trabajé un concepto más fuerte. Es la belleza destruida, la belleza expuesta como un objeto, como cuando pinchan las mariposas para estudiarlas. Por eso dejan de ser mariposas. Creo que es lo que pasó con Marilyn. Es una visión muy personal”.
La actriz Rossy de Palma, con su peculiar rostro alargado y su nariz ganchuda, es una figura ideal para dibujar, le hubiera encantado tenerla como modelo a Modigliani. Hogue vio en ella a un colibrí de cuerpo pequeño y enorme cabeza que termina con el pelo hecho un rosquete. Una caricatura que le encantaría también a Almodóvar.
Horacio Quiroga tiene cuerpo de yacaré con cola de torpedo y John Belushi es un aviador con alas de halcón que va descendiendo como en caída libre.
Es una suerte que esta muestra se ofrezca con un catálogo de cuidada impresión. Habitualmente, aparecen cuando las exposiciones ya terminaron y el público se los pierde. Dedicado a Fermín Hontou, caricaturista y dibujante amigo de Hogue y fallecido el pasado agosto, el catálogo tiene un sustancioso prólogo de Emma Sanguinetti, que conviene leer. Entre sus apreciaciones, destaca la maestría de Hogue para “hacer hablar al vacío” y lo aplica concretamente al dibujo de la reina Elizabeth II, representada solo por su cuerpo con el típico sobretodo y su carterita negra que cuelga del brazo. El detalle es que en el lugar de la cabeza está el vacío, y más arriba su sombrero elegante queda suspendido en el aire, rodeado de abejas. “Hacer una caricatura sin cabeza —y, en consecuencia, sin rostro— y saber de inmediato quién es, es algo más que un hallazgo: es hacer hablar al vacío”, escribió Sanguinetti.
El 26 de octubre, día de la inauguración, hubo una sorpresa para quienes asistieron. El actor Diego Delgrossi entró a la sala con una cabeza de caballo y mostró su enojo por no haber sido dibujado por Hogue. Miró la caricatura de Hitchcock, que parece un enorme globo que se eleva con esfuerzo con pequeñas alitas, y dijo que él podía volar mejor porque tenía menos peso. La buena noticia es que posiblemente en Museos en la Noche el humorista se haga presente para que el artista lo dibuje en vivo.
“La carbonilla es pura, seca, dura. Es muy linda para trabajar”, dice Hogue. Y tal vez por eso, en honor a ese material tan noble, aparece al final del catálogo con su foto intervenida con carbonilla. Mira serio hacia la cámara de Camila Pisano, como si fuera el último bicho de esta serie. O tal vez el primero.