—Eso fue en la primera reunión que tuvimos para analizar el borrador. No había entrado oficialmente el proyecto al Parlamento. Y dije eso porque, para mí, podía ser una dificultad suprimir la representación docente de los consejos. No desde el punto de vista jurídico, sino por tener que defender eso frente a los sindicatos. Y no por miedo a la discusión con los sindicatos, ni mucho menos, ¿eh? Yo pienso que hay que negociar con ellos. Pero entonces no le veía justificación a la relación costo-beneficio. Y seguimos conversando con el ministro Pablo da Silveira, a quien conozco desde mucho antes de conocer a Luis, y con el presidente del Codicen, Robert Silva. Ellos me convencieron de que valía la pena dar la batalla ahora. Y que la solución de la limitación de los consejos desconcentrados (Primaria, Secundaria, Técnico Profesional-UTU y Formación en Educación) facilita la gobernanza. Porque hoy es muy difícil que las decisiones que toma el Codicen les lleguen en forma coherente, rápida y eficaz a todos los desconcentrados, porque en rigor cada uno hace un poco lo que se le ocurre, y eso hay que corregirlo.
—El martes 12, ya en el Parlamento, afirmó que además de “eliminar totalmente la representación docente”, el gobierno quería “derogar” la Ley General de Educación, aprobada en 2008. ¿Por qué no lo hizo?
—Resistimos a los archivos. Mire, ya siendo directora del Bauzá y cuando me fui del Codicen, disgustada con lo que se estaba haciendo en educación desde el Frente Amplio, siempre dije lo mismo: hay que derogar esa ley de educación, porque es pésima. Porque buscó reglar absolutamente todo, cuando la ley tiene que ser un marco general de acuerdos programáticos y las políticas educativas las debe implementar el Codicen, que es el ente autónomo. Yo empecé siendo corredactora de esa ley, pero enseguida me aparté porque no estaba de acuerdo con ciertos disparates. Algunos de ellos los pudimos frenar.
—Y si es tan mala, entonces ¿por qué no se proyectó otra ley ahora?
—Por la visión conciliadora que tiene este gobierno.
—Luis Garibaldi, exdirector de Educación del MEC y corredactor de la ley de 2008, dijo que en los hechos el gobierno “filtró” otra ley de educación en la LUC.
—Eso no es cierto. Se resolvió dejar prácticamente toda la ley. O digamos que la mitad, bastante. Por ahora… Lo que se cambió fundamentalmente es la gobernanza… y Garibaldi fue un traidor, porque fue uno de los moderados del Frente que transó con los sectores radicales por espacios de poder. Acá hay que entender que durante estos años la educación, con el Frente Amplio, fue un coto de caza de los sectores más radicales. Y que también hubo moderados traidores, que entregaron la educación y la salud al MPP a cambio del área económica. Ese fue el pacto.
—¿Quiénes fueron esos “moderados traidores”?
—Yo creo ser coherente, no soy traidora. Por eso me fui cuando vi que entregaban la educación al MPP, y quedaban absolutamente rehenes de los más radicales para no cambiar nada y que todo fuera a manos de los sindicatos. Para que, en definitiva, gobiernen la educación los sectores más ultra, que es lo mismo que decir nada, porque dejaron que todo se desgajara. Para mí, eso es una traición. No le puedo decir traidor a (Wilson) Netto —expresidente del Codicen—, por ejemplo, porque siempre pensó lo mismo. Pero yo vi a quienes negociaban con los sectores radicales a partir del 2010 para otorgar cargos en Secundaria, que estuvo totalmente en manos del MPP y del Partido Comunista. Por eso uso esa palabra que es muy fuerte, traidor, y los sigo considerando así. Ellos saben quiénes se quedaron para colaborar con los más radicales a cambio de los cargos que ocuparon. Y me quedo por ahí…
—¿Por qué los sindicatos deben estar “lejos del mando” de la educación?
—Las corporaciones sindicales —y yo pertenecí a ellas, fui fundadora de la Fenapes en la dictadura— no pueden gobernar, porque cuando gobiernan las corporaciones baja la calidad de la democracia representativa. Y los docentes siempre fuimos muy corporativos y endogámicos ¡Reconozcámoslo! Se los dije a ellos en el Parlamento.
—Ahí el senador comunista Óscar Andrade señaló, en cambio, que hay representantes empresariales que participan en ámbitos gubernamentales, por lo que esa decisión resulta un ataque a los trabajadores sindicalizados.
—Tengo mucho respeto por Andrade, aunque discrepo radicalmente y entrevera todo. Nosotros aceptamos la representación social en distintos ámbitos, pero otra cosa es que las corporaciones decidan sobre la educación, que es la libertad de la gente, la cabeza de nuestros niños y jóvenes, por lo que hay que tener muchísimo cuidado. Porque acá nadie es tonto y todo el mundo sabe, insisto, que la educación es desde hace muchos años un coto de caza de los sectores más radicales y de los sindicatos, que, es lo peor de todo, ya desde antes de los gobiernos del Frente. Y durante estos 15 años nadie puede dudar que la educación fue un gueto de radicales. El cargo de Netto fue notoriamente negociado por (José) Mujica, aun sabiendo que Netto no sabe absolutamente nada. Pero así le aseguraba el control de todo el sistema educativo no universitario. Y entonces fueron desplazando a los técnicos.
—¿Y qué representación social se busca en la educación?
—Yo soy defensora a ultranza de la participación docente pero al nivel del asesoramiento, como usina de pensamiento. El docente debe cumplir sus tareas. ¡Pero de ninguna manera gobernar la educación! Por eso le he dicho a Robert (Silva), que es amigo, que tampoco estoy de acuerdo con la representación docente independiente que tuvo como consejero, porque ese sistema va cooptando y trabando los mecanismos del poder.
A ver si nos entendemos: cuando la gente vota, elige a un gobierno y mientras ese gobierno respete la Constitución y la ley, corresponde que gobierne quien la población eligió. En el anterior gobierno, la ministra María Julia Muñoz o la directora Celsa Puente (Secundaria) llegaron a decir: “A mí me respalda Tabaré Vázquez” —quien por otra parte no respaldaba a nadie—, ¡claro, si eso fue lo que la gente eligió! Cuando se opta por una coalición política, también se opta por un modelo educativo. Y con él, en líneas generales, estamos de acuerdo todos, incluso algunos sectores del Frente que no estaban acomodados en los cargos. ¡Vamos a hablar claro! En Eduy21 hay una notoria presencia de votantes o exvotantes frentistas, como (Fernando) Filgueira y (Juan Pedro) Mir, a quienes Vázquez dejó caer. No es cuestión de opiniones, son hechos.
—Desde los sindicatos docentes señalan que la LUC concentra el poder en el MEC y hablita la privatización y mercantilización de la enseñanza. ¿Qué hay de eso?
—Nada. Eslóganes como las pancartas afuera del Palacio. No se concentra nada de poder en el MEC, solo se respeta la Constitución y la actual ley de educación, la cual le da enorme participación en los grandes lineamientos de la política educativa. Pasa que los ministros que tuvimos no se ocuparon de la educación ni de la cultura como corresponde, y se dedicaron vaya a saber a qué. Tuvimos una vergonzante ministra de Educación en los últimos cinco años. ¡Ver-gon-zan-te! Lo digo y me hago cargo. Y ahora los programas, los planes y los proyectos saldrán de una política educativa consensuada entre el Codicen, con su autonomía, y el MEC. ¿Dónde le damos más poder al MEC? ¡Pruebas, no frases! Lo mismo con la cantinela de la privatización. ¿Que se le da un lugar importante a la educación privada? ¡Y sí! Porque hay libertad de educación y la privada es una opción de los ciudadanos cuya oferta se ha ampliado enormemente sobre todo a nivel universitario. ¿La vamos a dejar afuera? No.
—¿Y qué pasará con la Universidad de la República?
—En la Udelar hay una ley orgánica que data de 1958 y no se ha podido modernizar. ¿Nos vamos a meter con eso ahora? No. Pero las nuevas universidades públicas no están con permanentes trabas sectoriales, cuando no de los representantes del orden estudiantil y de los egresados, que trancan todo. El actual rector, Rodrigo Arim, tuvo que cambiar dos veces su comité académico porque la FEUU se lo trancaba... Vamos a ser honestos con la representatividad: la FEUU no representa a todos los estudiantes, y si queremos romper con esta forma tan conservadora de manejar las instituciones educativas, hay que cambiar la cabeza. Tenemos la esperanza de que el Frente se dé cuenta de que la gente votó un cambio, y que el cambio no es de cualquier manera… ¿Con cogobierno? No. Para destrabar esto vamos por un camino del medio. Pero no puede ser que los uruguayos sigamos siempre anclados al pasado.
—Volviendo a la emergencia. Según la ANEP, unos 70.000 escolares y liceales ya están “desconectados” del sistema...
—Y son muchos más…
—¿Qué más hará el gobierno para que no sea un año lectivo perdido?
—Intentamos que no se pierda todo, mantenerlos conectados, no solo a la tecnología... No estoy contra ella, pero hay que enganchar otra vez a los chiquilines y para eso no hay como la presencialidad. El reconectarlos dependerá del compromiso de las familias, de los docentes y de los chiquilines, para compensar en parte el tiempo perdido. Acercarlos a los centros, con cursos o programas compensatorios. Más allá de que no habrá vacaciones y que, mientras la pandemia lo permita, vamos a trabajar en verano. Pero toda esta crisis lamentablemente evidenció que tenemos una gran cantidad de chicos desvinculados del sistema educativo y habrá un poco más de desconexión. No es cuestión de números. Es evidente que hay una enorme brecha socioeducativa. El plan general de la pasada administración nunca funcionó bien, tenemos una infraestructura defectuosa y una pésima implementación del Plan Ceibal, porque no se empoderó a los maestros y profesores en el manejo de las tecnologías. Eso fue lo que pasó.
—¿El Plan Ceibal no ha sido “un bote salvavidas”, como dicen sus autoridades, en la emergencia?
—El software del Ceibal es muy especial, hay problemas importantes de conectividad y otras dificultades operativas. Con la LUC, en el Directorio del Ceibal habrá representantes del MEC y del Codicen, algo que era tan obvio... Pero tenemos una estructura bastante deteriorada, sobre todo por la rotura y la pérdida de ceibalitas; hay ferias que las venden… y algunos maestros deciden guardarlas para que los chiquilines no se las lleven a las casas. Pero hoy el plan no está llegando a los sectores más desfavorecidos. Por más que ahora se está haciendo un esfuerzo titánico para que los chiquilines puedan conectarse. Conozco la realidad y sé que hay directores y profesores que están desesperados, no solo ahora por la pandemia, desde antes, para evitar la deserción.
—Sin embargo, la enseñanza remota también le dio continuidad a los estudios.
—En el ámbito privado obviamente mucho más, porque las condiciones permiten a los padres asegurar la continuidad remota de los estudios, aunque con mucho sacrificio. Pero la verdad, ojalá pudiera decir “me equivoqué” (al afirmar que con el Plan Ceibal Uruguay estaba “generando idiotas informáticos”), que hoy está todo bien y todos los chiquilines vuelan con las computadoras, pero no es así.
—¿Qué le reconoce bien hecho en educación al FA?
—Es muy positivo el Instituto Nacional de Evaluación, a pesar de las dificultades que tuvo. También la descentralización que empezó a aplicarse en la educación media y en la universitaria. Es muy importante que la izquierda tomara conciencia de esto y dejarse de panfletos. Y es muy valorable el desarrollo de bachilleratos tecnológicos y el esfuerzo en investigación. Todo eso está muy bien. Ahora, de 10 chicos que empiezan la educación primaria solo tres terminan la media superior: siete se quedan por el camino. Y lo peor es que el Frente perdió una oportunidad histórica al desaprovechar la bonanza económica para sacar del pozo a la educación. En vez de mover las raíces de los árboles, quebró el tronco de la educación y no supo mantener a quienes iban a cambiar el “ADN” educativo. Y toda la plata invertida por los contribuyentes hoy “produce” individuos incapacitados para participar en el mundo de hoy, no ya en el de mañana, ¡en el de hoy!
—¿Y cómo hará el gobierno para revertir todo eso con tanta restricción de gasto?
—Y ahora… a remar para sacar a la educación de su postración, cerrar la brecha para que los alumnos más pobres no deserten, mejorar los aprendizajes... ¡Y todo en medio de la pandemia y con muy poca plata! Por eso lo que no hizo el FA es imperdonable. Esa es otra de las traiciones del Frente Amplio. Por eso duele tanto. Porque es una traición a los principios y valores fundacionales. Intenciones buenas hubo, pero el fracaso educativo es rotundo.
Por suerte hoy tenemos un equipo de primera. Pablo da Silveira es una mente brillante, un ser superior desde el punto de vista intelectual. Yo no quiero entrar en comparaciones, que las haga la gente, pero si uno escucha a Pablo se da cuenta de que es una persona sumamente solvente. Robert tiene una enorme capacidad y experiencia en la gestión. Y veníamos de un director general de secretaría del MEC que era profesor de Taekwondo... Y de un presidente del Codicen que no sabía expresarse. ¡Por favor! Este gobierno puso a los mejores en los cargos clave. También hay gente valiosa en el FA, pero mucha se dejó tragar por el sistema o cooptar por el poder que se dedicó a mantener el statu quo y a hacer la plancha.
Recuadros de la entrevista
? “El que se radicaliza, pierde”
? Privados
Información Nacional
2020-05-21T00:00:00
2020-05-21T00:00:00