Salinas, el ministro que levantó su imagen con la gestión de la pandemia, ahora retrocedió casilleros en la Torre Ejecutiva

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Nº 2105 - 7 al 13 de Enero de 2021

escribe Federico Castillo

No se puede decir que Daniel Salinas haya empezado con el pie derecho al frente del Ministerio de Salud Pública. Ya antes de asumir en el puesto, su nombre estuvo envuelto en polémica. Primero, la mutualista Casmu, donde el ministro se había desempeñado como gerente de recursos materiales durante 10 años, lo incluyó en una investigación y denuncia sobre presuntas irregularidades en la ejecución de una obra en un sanatorio. Luego se lo vinculó empresarialmente con un psiquiatra denunciado por su participación en torturas en épocas de la dictadura.

Sin embargo Salinas atravesó sin mayores lastimaduras esos cuestionamientos iniciales —el Casmu finalmente lo deslindó de responsabilidades en su denuncia—, tuvo la confianza y el respaldo del presidente de la República Luis Lacalle Pou, y asumió su cargo el lunes 2 de marzo.

Aunque seguirían revueltas las aguas para Salinas. Apenas 11 días después de acomodarse en su despacho, cuando recién empezaba a familiarizarse con los recovecos del ministerio, el gobierno decretó la emergencia sanitaria a causa de la pandemia mundial de coronavirus, que confirmó sus primeros casos en Uruguay en la tarde del viernes 13 de marzo de 2020.

Los centros de salud se preparaban para enfrentar al virus ante advertencias de posibles desbordes y colapsos en los centros de cuidados intensivos. Toda una situación para estrenarse como secretario de Estado. La cartera de Salud, que en el gobierno anterior fue un ministerio que transitó toda la administración en un discreto segundo plano, pasó al frente. Y el capitán de ese barco en la tormenta no era precisamente alguien de la confianza política del presidente.

Salinas, un neurólogo de 58 años, criado en la ciudad de San José y militante de Cabildo Abierto, ingresó a la política de la mano del líder de esa agrupación, Guido Manini Ríos. Y sus primeros pasos no fueron sencillos. Al inicio de la pandemia, en la época en que había una o dos conferencias de prensa por semana, el ministro apareció demasiado subordinado al presidente. En los primeros días de abril, previo a Semana de Turismo, Salinas fue protagonista de un episodio que lo sacó de su eje. En medio de fuertes restricciones a la movilidad, el ministro fue visto en el balneario Solís. Luego aclararía en declaraciones a El País que fue a llevarle víveres a un cuñado en confinamiento. Pero también reveló su estado de ánimo. Habló de que era objeto de “bullying”, que estaba ante el permanente “escrutinio y la maldad de la gente”.

“Ojalá que nunca en su vida esté en una posición como esta. Es un puesto de mucha responsabilidad, sí”, descargó. Y remató: “El estrés mío ya se me fue al diablo”.

Ese evento fue una bisagra. Porque después de eso y con una pandemia bajo relativo control en Uruguay, la imagen de Salinas no hizo más que mejorar. Sus salidas mediáticas tuvieron otro aplomo. Ganó en confianza. Dio entrevistas a medios internacionales. Y tuvo buenos intercambios públicos con el presidente. Hubo otra complicidad que no existió al comienzo. Era la época en donde apenas se registraban unas decenas e incluso cero casos por día. Salinas parecía haber capeado el temporal. Y la gente así lo reflejó en las encuestas de opinión pública. En una consulta de fin de año realizada por Búsqueda entre empresarios, se ubicó en el primer lugar entre los ministros mejor considerados.

“Estos meses han sido durísimos. Yo cuando fui designado no paré”, dijo en diálogo con Búsqueda. “Como quien dice llevo dos años sin licencia”, agregó.

El tropiezo con Pfizer

Pero otra vez se le puso bravo el mar a Salinas. El ministro estuvo durante varios meses al frente de las conversaciones para la compra de la vacuna contra el coronavirus. En principio siempre ciñéndose al plan de adquirir la inmunización a través del mecanismo Covax, un pool de varios países compradores.

Según dijeron fuentes políticas a Búsqueda, fue un asunto al que le puso dedicación, especialmente en la parte técnica. Y estaba al tanto de todas las idas y venidas sobre el asunto junto al excoordinador de Relaciones Internacionales y Cooperación, Franco Alaggia, el funcionario que había sido designado por él y que fue cesado por supuestamente haber respondido de forma unilateral al laboratorio Pfizer que Uruguay no estaba interesado en sus vacunas. El episodio le hizo retroceder varios casilleros a Salinas. Pero el que pagó los platos rotos fue Alaggia.

En Presidencia reaccionaron dejando de lado a Salinas de cualquier conversación con los laboratorios. El secretario Álvaro Delgado fue el que se hizo cargo de retomar el diálogo con las empresas. Incluso el presidente Lacalle Pou admitió que ha hecho llamadas personales en busca de acelerar los procesos. Lo que se dice en la Torre Ejecutiva es que Salinas quedó como en una especie de stand by hasta que se superen las turbulencias de las vacunas, pero que existe molestia con el ministro y que volvió a esa etapa inicial en donde el diálogo con Presidencia era más frío.

El martes 5, Salinas fue convocado por la Comisión de Salud del Senado. Pero no fue solo. Delgado lo acompañó. No es algo usual. E incluso estuvo en los corredores del Parlamento el publicista Roberto Lafluff, pieza clave de la comunicación que sale desde la Torre Ejecutiva. En la conferencia de prensa a Salinas se lo vio con un talante distinto, casi ofuscado.

“No pude descansar desde el 23 de diciembre. Me quedé estudiando. No solo trabajando sino además estudiando el 24, 25, 31 y el 1º, ordenando todos los anexos para esto que fue casi una interpelación”, admitió después a Búsqueda. “Para mí es nuevo y estresante, me requiere mucho tiempo. Y la circunstancia también me exige estar muy cansado. No es momento de aflojar”.

En la conferencia, ante la última pregunta de uno de los periodistas, que buscaba profundizar en el cese de Alaggia, Salinas contestó irritado que se trató de “un error de procedimiento” de alguien de su “confianza”, lamentó el “linchamiento mediático” y dejó claro que la decisión de removerlo fue del presidente.

En diálogo con Búsqueda, Salinas reflexionó sobre lo que se viene. “Cuando llegue la vacuna va a ser un enorme alivio para todos. Y en especial para el pobre ministro que está agotado. Y siempre dispuesto a hacer lo necesario”.

Información Nacional
2021-01-07T01:46:00