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Junto a Lenine, Arnaldo Antunes, Marisa Monte, Zeca Baleiro, Vitor Ramil, Adriana Calcanhotto, Ed Motta y Seu Jorge, Chico César es uno de los grandes nombres de la música brasileña de los últimos 20 años. Tocó dos veces en Montevideo años atrás y regresa el martes 9 para presentar este disco, el número 12 de su carrera, en la Zitarrosa, en el Festival Uruguay Más Música, junto a la argentina Loli Molina, La Machete (Perú) y Fernando Cabrera.
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Francisco César Gonçalves reza el documento de este músico y poeta nacido en 1964 en Catolé do Rocha, en el interior profundo del estado de Paraiba, el corazón del Nordeste, esa región tan polvorienta y desolada pero que ha generado decenas de estilos como el forró, el frevo y el baião, expandidos a ese continente musical llamado Brasil. Estuvo en grupos de poesía vanguardista, emigró a San Pablo, donde fue periodista y corrector, hasta que ya de grande, a los 30 años, publicó su primer disco, Aos vivos.
Su obra se nutre de las formas puras de su región, moldeadas por la religión y la cultura afro, de otras músicas de su país como el samba y la toada (estilo folclórico muy melancólico, presente en la Amazonia brasileña), y de estilos globales como el reggae para dar forma a una fusión pop de gran magnetismo y belleza. Basta oír temas como A primeira vista o Mama África para comprobar su talento para hacer canciones.
La música de raíz rural nordestina tiene un denominador común: el acordeón, o sanfona —como es denominado popularmente en Brasil—, actor protagónico de este trabajo y de buena parte de la obra de César. Caninana, el tema funky que abre el disco, parece estar hecho en torno al fuelle. Cuando sueño con ese sonido, y bailo con esa muchacha, no me despiertes, solo escucho el acordeón, recuerda el acordeón.
Estado de poesía es un disco extenso, con 14 canciones de lírica generosa y tiempos relajados. Largas introducciones, puentes y solos propician densos cúmulos de emociones sobre los que se deslizan los versos. La balada que le da nombre describe el modo en que queda una persona cuando se enamora: llora de lo que antes se reía. Museu y Da taça son algunas de las otras baladas de gran intensidad. Soy tu museo abierto para su visita. Museo de la luz, museo de mi persona, museo de la espera y del encantamiento. Junto al acordeón, el de las seis cuerdas es el otro sonido determinante. Las melodías punteadas por Chico en su violão, como la de Gurú, nos llevan de la mano.
Al final, como Neil Young en Monsanto Years, César deja un amargo manifiesto llamado Reis do agronegócio, larga diatriba contra los excesos del modelo agrícola: productores de alimentos con veneno, que contaminan cada palmo de terreno, que destratan y destruyen el ambiente.