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Hay algo en lo que Juan Sartori todavía no pensó demasiado. Algo que posterga, aunque la fecha se acerque. Algo que indefectiblemente va a ocurrir y que quizás no resulte nada cómodo. En especial con este giro en su estrategia en el último tramo de la campaña, con dardos directos a sus competidores, a sus compañeros de partido. ¿Cómo se plantará Sartori a partir de la noche del 30 de junio cuando las urnas ya hayan arrojado los resultados y tenga que ir al Directorio del Partido Nacional a mostrar unidad? ¿Y cómo reaccionará el resto de los dirigentes blancos que hoy lo evitan y que lo siguen mirando con desconfianza? ¿Qué va a pasar el día después?
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En el búnker del precandidato blanco se empezaron a hacer estas preguntas. Y admiten que Sartori “no tiene aliados” entre los blancos, que no hay un interlocutor que traspase las barreras sectoriales y dialogue con el resto de los precandidatos o con su círculo más estrecho. En cualquiera de los escenarios —si lo que hoy pronostican las encuestas que lo dan segundo se aproxima en algo a lo que terminará ocurriendo— los nacionalistas tendrán a un nuevo actor con el que negociar. Un outsider que por ahora no parece tener mucho interés en tender redes con sus nuevos compañeros. Y por eso no será fácil.
En el entorno de Sartori reconocen que ni la senadora Verónica Alonso ni el dirigente Alem García, que son las figuras más políticas y tradicionalmente blancas que puede ofrecer, tienen un diálogo fluido con los otros sectores. Esas mismas fuentes dijeron a Búsqueda que es un tema que tendrán que abordar justo ahora que se embarcaron en una etapa de la campaña que busca “pegarle” directamente a sus competidores cercanos. “Nosotros subimos y ellos bajan, estamos creciendo y juntando apoyos, mientras los otros se tropiezan, bajan”, se escucha en el último spot de Sartori mientras las iniciales de Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga caen en picada y la gráfica que muestra al millonario precandidato no para de subir.
Pero no solo esa publicidad, inédita e impactante para una competición interna, abre una grieta entre los blancos. También sus últimas movidas discursivas irritan a los competidores. Sin avisarle, sin siquiera telefonearlo antes, Sartori pegó un volantazo y pasó a apoyar a la reforma constitucional propuesta por Larrañaga para introducir cambios en la seguridad. En varias entrevistas anteriores dijo que era una idea a la que no se plegaba. Pero cambió de opinión y lo anunció sin complejos. Larrañaga se enteró por la prensa. Su cara transmitía cualquier otro sentimiento que el lacónico “me parece bien” que soltó en un principio para expresar su reacción. Después Larrañaga fue engranando. El miércoles 5, durante un evento de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) ya se plantó distinto. “Esos cambios enormes de posicionamiento faltando 25 días para una instancia electoral suenan a una suerte de jugada estratégica. Pero bueno, bienvenido el respaldo. Nosotros estamos acostumbrados a andar solos”, le respondió. “Hace cinco meses no apoyaba, ahora apoya, bueno, no soy quién para fijarle una regla de coherencia a nadie”, agregó, y sugirió que todo obedece a un “cálculo político que seguramente los referentes tienen el legítimo derecho a hacer”.
Sus últimas movidas discursivas irritan a los competidores. Sin avisarle, sin siquiera telefonearlo antes, Sartori pegó un volantazo y pasó a apoyar a la reforma constitucional propuesta por Larrañaga para introducir cambios en la seguridad.
Algo que definitivamente cayó muy mal en las filas de Alianza Nacional es haberse enterado por los medios. Sobre todo con el desplante que le había hecho Sartori a Larrañaga cuando lo quiso llamar para pedirle muestras de unidad y el empresario no lo atendió porque, se excusó, su pantalla de celular estaba rota. “Pegó una vuelta en el aire, hizo una pirueta, y se subió al carro de la reforma”, señaló, con molestia, una fuente del sector de Larrañaga. En Alianza admitieron que nunca ha existido un diálogo con el grupo de Sartori. Tampoco lo hubo después del apoyo a la campaña Vivir Sin Miedo. “No hay un interlocutor“, dijo un informante.
Pero Sartori siempre va por más. Y le quedaba ir por Lacalle Pou. Ya había mostrado los dientes cuando dijo en una entrevista en radio Carve que se estaba “enfrentando por el primer lugar a una de las dinastías políticas más importantes y más poderosas”. Y el miércoles 5, en un acto en Las Piedras, lo chicaneó para buscarlo otra vez. Mientras hablaba sobre los problemas de seguridad dijo que hay que “trabajar todos juntos” para encontrar soluciones y le pidió a Lacalle Pou que apoye la reforma de Larrañaga. “Las buenas ideas tienen que ser las de todos”, dijo. “A mí me gustaría que, por ejemplo, Lacalle Pou también la apoye. Ensobremos todos los candidatos del partido la reforma de Larrañaga. Demostremos a la gente que no estamos para pelearnos”.
Antes de escuchar estas declaraciones, desde el comando de Lacalle Pou habían dicho a Búsqueda que ellos no piensan “bailar al son de la música que pone Sartori”. Fuentes del sector Todos agregaron que si bien la campaña viró hacia un terreno con particularidades inéditas por el despliegue económico y por la novedad que significa la irrupción de un precandidato millonario, la idea es tratar de mantener el camino trazado y las estrategias bosquejadas desde el inicio. Sobre la noche del domingo 30, Lacalle Pou ha insistido en el abrazo que todos los precandidatos se deben dar en el directorio del partido. Sartori, en tanto, también ha remarcado que si no gana, hará campaña por el triunfador porque no es un hombre de “guardar rencores”.