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    Se amplió la brecha entre hogares pobres biparentales y los monoparentales

    El incremento de la brecha de bienestar económico a favor de los hogares biparentales se produjo por cambios que afectaron, de hecho, a los dos tipos de hogares, según una investigación realizada por demógrafas

    En las últimas décadas, el aumento de las disoluciones conyugales —en 1990, el 9% de las mujeres de entre 35 y 39 años estaba separada o divorciada, mientras que en 2018 la cifra alcanzaba al 20%— provocó en Uruguay cambios en la estructura de los hogares con niños y adolescentes, con una creciente importancia de aquellos monoparentales. Eso se produjo al mismo tiempo que una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral.

    Una investigación de tres demógrafas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República constató que el perfil socioeconómico “muy similar” que tuvieron por largo tiempo los hogares monoparentales y los biparentales se alteró a partir de mediados de la década de 2000: la proporción de hogares monoparentales y biparentales pobres alcanzó una diferencia promedio en términos socioeconómicos de nueve puntos porcentuales, duplicándose respecto a los años 90. Además, aun cuando hubo “mejoras significativas” en los niveles de ingresos de ambos grupos, también el bienestar medido por los ingresos per cápita mostró una ampliación de las diferencias.

    Según la investigación, publicada a fines del año pasado en Notas de Población, una publicación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), estos hallazgos “pueden resultar contraintuitivos, si se considera la mejora generalizada de las circunstancias económicas en el Uruguay y la expansión de la protección social que acompañó esta tendencia. La conjunción de la mejora del empleo y de los salarios de las mujeres en un escenario de mayor gasto público social en principio es poco consecuente con el empeoramiento relativo del bienestar de los hogares monoparentales” en relación con los biparentales. En cambio, la tendencia de los hogares biparentales se ajusta a la trayectoria esperada: responde a la expansión económica, a las bajas del desempleo y al pronunciado crecimiento de la participación laboral de las mujeres casadas o unidas.

    En un contexto de crecimiento económico, de ampliación del sistema de protección social y de aumento de las oportunidades de las mujeres en el mercado laboral, el deterioro del bienestar económico de los arreglos monoparentales es, “en apariencia, de difícil explicación”, afirman las autoras, Wanda Cabella, Mariana Fernández Soto y Gabriela Pedetti. Su trabajo sugiere que el incremento de la brecha de bienestar económico a favor de los hogares biparentales se produjo por cambios que afectaron, de hecho, a los dos tipos de hogares.

    Por una parte, identificaron elementos que señalan una mayor capacidad de las mujeres pertenecientes a estratos bajos para sostener estrategias de residencia nuclear independiente. Por otra, estos mismos factores, en especial el aumento de las oportunidades laborales, “contribuyeron a elevar significativamente el nivel de ingresos de los hogares biparentales”.

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