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Con el clima “jugando en contra”, el último año ganadero fue muy bueno, ayudado por el “fuerte crecimiento” de los precios —salvo de la lana— hasta niveles “inéditos”, si bien algunos costos en términos de lo producido aumentaron, como el glifosato, la urea y las praderas. En ese marco, la productividad se incrementó y, con un dólar más débil e inflación alta estabilizada, los resultados de las empresas fueron los mejores desde comienzos de este siglo.
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Ese panorama describió el Instituto Plan Agropecuario (IPA) aludiendo a las cerca de 150 firmas ganaderas que aportan datos al relevamiento conocido como “carpetas verdes”. Si bien las conclusiones se restringen a ese grupo de empresas, tienen cierta representatividad de la situación de todo el sector. El estudio separa en dos zonas, sobre basalto y sobre cierras del este, y las subdivide, ya sean de ciclo completo en vacunos o criadores.
Al presentar la semana pasada los resultados de ese estudio, el director general del IPA, Carlos Molina, también aludió a los primeros meses del actual ejercicio 2022-2023, advirtiendo un cierto deterioro. “Se complica el inicio” del año ganadero, con una “cuarta primavera perdida” debido al clima, señaló. Agregó que los precios de exportación disminuyeron y también bajaron los valores del novillo gordo en particular. A su vez, el dólar “continúa débil” y la inflación se mantiene elevada, dijo Molina. Y entre julio-noviembre los productores precisaron más quilos para comprar la misma hectárea de verdeo de verano, ración y gasoil que en el ejercicio precedente.
Último ejercicio
El ejercicio ganadero empieza en julio de un año y termina en junio del siguiente.
En promedio, el ingreso de capital fue de US$ 129 por hectárea, lo que a valores constantes de junio pasado significó 74% sobre el nivel promedio desde 2001-2002 y el guarismo más alto de toda la serie que lleva el IPA.
El 70% de la carne producida en Uruguay se destina a la exportación, por lo que la realidad de precios de venta al mundo es un dato relevante en la ecuación de las empresas. En 2020-2021 hubo valores crecientes durante todo el ejercicio, hasta llegar a US$ 5.000 la tonelada desde la mitad hacia delante. El precio medio fue de US$ 4.860, 27% por encima del ejercicio previo.
Molina también resaltó que los valores de la hacienda llegaron a estar por arriba de los US$ 5 el kilo en algunos momentos y que el promedio del ejercicio fue, a valores constantes, más de 20% por encima de la media de los 10 últimos ejercicios tanto en terneros como en novillos. “Son los valores más altos en moneda corriente y constante que se tiene registro” en las series del IPA, dijo su director. “Realmente, precios para sacarles una foto y ponerlos en un cuadro”, reforzó.
En el rubro ovino, también se valorizó la carne y el precio alcanzó un nivel “inédito”, dijo, aunque la lana tuvo la evolución opuesta.
Mientras, el valor del dólar y la inflación doméstica también juegan en los resultados. La cotización del dólar “cae y la inflación no retrocede”, lo que fue “negativo para las empresas ganaderas” en el ejercicio 2020-2021, marcó Molina.
También hubo una pérdida de poder de compra para los productores. “La fiesta de precios de la hacienda tiene un colado”, los insumos, acotó.
El director del IPA destacó que, para empresas abarcadas por este monitoreo de las “carpetas verdes”, la buena “gestión del pasto” fue fundamental, lo mismo que el uso de tecnologías. También señaló como una característica positiva que en general fue “resuelta” la disponibilidad de infraestructura básica y que cuentan con una “elevada capacidad de gestión”. Todo esto “genera empresas con más capacidad de adaptación” y resiliencia que otras frente a las adversidades, y sobre todo aquellas que hacen buena gestión de pasturas logran “desacoplar” mejor la escasez de lluvias.
“Hay que poner las luces largas pensando en el otoño”, porque puede haber un déficit forrajero, advirtió el técnico Alejandro Terra, que en el mismo evento presentó una herramienta de seguimiento de la situación de las pasturas en el país.
Zonas y ciclos
Según el informe del IPA, las empresas de ciclo completo del norte y el litoral norte incrementan el producto bruto 33%, los costos subieron 21% (a US$ 115 por hectárea), mientras que el ingreso de capital se incrementó 46% (US$ 134).
Aquellas de ciclo completo pero que operan en el este-noreste-sur/este obtuvieron US$ 251 de producto bruto, 49% más que el año anterior, y US$ 118 dólares de costo (suba de 23% respecto al ejercicio anterior). Su ingreso de capital fue de US$ 133.
Respecto a las empresas criadoras, en el norte y el litoral norte del país, alcanzaron los US$ 217 por hectárea de producto bruto, US$ 96 de costo (aumento de 10%) y US$ 121 por hectárea de ingreso de capital, un incremento de 70% al comparar con 2019-2020.
Los criadores de la zona este-noreste-sur/este registraron un producto bruto de US$ 237, lo que significó una mejora de 44% frente al ejercicio anterior; US$ 108 de costos de producción (14% más) y US$ 129 de ingreso de capital, siempre por hectárea.