Cada cuatro minutos, un niño muere de forma prematura en alguna carretera del mundo. Otros cientos sufren traumatismos, muchos de ellos graves. Además de afectar profundamente a las familias, estos accidentes suponen un gran costo para los sistemas de atención sanitaria, consumen recursos y ocasionan importantes pérdidas de productividad y prosperidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Es por eso que los siniestros de tránsito son considerados una epidemia global y constituyen la primera causa de muerte prematura para los niños de 5 a 14 años y la segunda entre las personas de 15 a 29 años, según datos presentados durante un taller para periodistas realizado en Argentina por la OMS junto con el Banco Interamericano de Desarrollo.
Uruguay no es ajeno a esta realidad. En su informe de siniestralidad vial infantil de 2017, la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) relevó que 42 niños fallecieron en 2017 a causa de un siniestro de tránsito. A su vez, resultaron lesionados un total de 4.548 niños de entre 0 y 18 años como consecuencia de 3.881 siniestros. Esta población representa un 16% de los lesionados a nivel país en el año e implica un promedio de más de 12 niños lesionados por día.
El plan mundial de la OMS es reducir las cifras de víctimas mortales y promover un enfoque integral respecto a la seguridad vial, denominado “sistema seguro”. Para eso, recomienda que los países legislen sobre cinco aspectos fundamentales, como son el consumo de alcohol, el límite de velocidad permitido, el uso del casco, del cinturón de seguridad obligatorio y del sistema de retención infantil (SRI).
El último punto es considerado por varios actores como uno de los aspectos más importantes, y a pesar de que ya existe en Uruguay una legislación al respecto, aún falta un largo camino por recorrer en cuanto a la fiscalización. Según datos oficiales, el uso del SRI es del 23% a nivel nacional. De ese total, lo utiliza el 48,6% de los menores de 1 año y el 45% de entre 1 y 5 años. A partir de los 6 y hasta los 12 años la cifra baja drásticamente: lo usa solo un 3,2%.
Matías Silva, coordinador del Área de Capacitación y Relaciones Institucionales de la Fundación Gonzalo Rodríguez, organización que promueve la movilidad segura de los niños, dijo a Búsqueda que los padres piensan que a esa edad los niños “ya son grandes” y pueden utilizar solamente el cinturón de seguridad.
La Ley Nacional de Seguridad Vial 19.061 establece que los niños menores de 12 años deben viajar en el asiento trasero sujetos con un SRI de acuerdo a su peso y altura. También deben hacerlo las personas por debajo de 1,50 metros de estatura, porque los cinturones están diseñados para adultos y eso puede dejarlos desprotegidos, explicó Silva.
A pesar de ser ley, las intendencias departamentales tienen autonomía para fiscalizar o no el uso de este elemento, razón por la que dentro de las campañas de la fundación se solicita expresamente a los jerarcas que lo hagan.
En Montevideo, el uso de las sillas para niños alcanza un 32,5%, siendo la más alta del país, mientras que el departamento con la cifra más baja es Cerro Largo, con un 1,4% de adhesión —allí tampoco se fiscaliza por decisión del intendente, Sergio Botana, el uso de cascos—.
En Montevideo, el uso de las sillas para niños alcanza un 32,5%, siendo la más alta del país, mientras que el departamento con la cifra más baja es Cerro Largo, con un 1,4% de adhesión.
Consultado al respecto, el director de Movilidad de la Intendencia de Montevideo y exdirector de la Unasev, Pablo Inthamoussou, dijo a Búsqueda que “no hay ninguna norma que establezca esa autonomía en una materia como la seguridad vial”. “Ninguna norma departamental puede contradecir una ley nacional, por más autonomía que se arguya. Precisamente en esa discusión eterna e indefinida sobre las autonomías estriban gran parte de nuestras debilidades como país en la materia”, afirmó.
El jerarca hizo énfasis en la necesidad de coordinar acciones entre los diferentes actores. “Los niveles de uso medidos por Unasev indican que estamos entre los departamentos con mayor utilización de retención infantil, si bien queda muchísimo trabajo. Creemos que el cambio de estrategia de control, adoptando una fase punitiva mediante la aplicación de sanciones económicas, debe ser acordado y definido entre todos los organismos de control (...) No tiene lógica ni sentido que esto no sea homogéneo en todo el territorio nacional”, aseguró.
Según datos de la OMS, el uso correcto de las sillas reduce las lesiones entre un 90% y un 95% en el caso de las que miran hacia atrás y en un 60%, en las que miran hacia adelante.
Consecuencias de por vida.
Según dijo a Búsqueda Ligia Bacchetta, médica adjunta a la dirección técnica del Centro de Rehabilitación Infantil Teletón, el número de pacientes con lesiones encefálicas infantiles (LEA) adquiridas han aumentado en los últimos años, y casi el 80% de ellas se debe a traumatismos en accidentes de tránsito.
“De 134 niños de 0 a 18 años que llegan al centro con LEA, 87 fueron traumatismos de cráneo, siendo 70 casos a causa de siniestros de tránsito. Además, hay unos 20 niños y adolescentes que sufrieron lesiones de médula, son las dos lesiones más frecuentes. Un 40% de los accidentes se dieron en motos, donde los pacientes no llevaban casco”, indicó la profesional.
Además del impacto que el accidente causa en una familia, los efectos a largo plazo en el niño involucrado pueden ser devastadores. Según indicó, las secuelas son muy variadas y pueden afectar la capacidad motora o cognitiva —que incluye desde la atención, la memoria, el coeficiente intelectual— de la persona.
Según datos de la OMS, el uso correcto de las sillas reduce las lesiones entre un 90% y un 95% en el caso de las que miran hacia atrás y en un 60%, en las que miran hacia adelante.
“La recuperación es diferente en cada caso. Los traumatismos de cráneo a veces tienen buena evolución desde el punto de vista motor, pero un cerebro que está en desarrollo queda con secuelas que le interfieren todo el futuro del niño, todo lo que será su inclusión en la educación y en el ámbito laboral”, afirmó.
Por otro lado, los que sufren lesiones de médula pueden quedar cuadriplégicos o paraplégicos, y si bien hay una esperanza de recuperación, muchos tienen secuelas definitivas.
Debido a la alta demanda, Teletón tiene incluso un equipo específico para tratar a esta población, integrado entre otros especialistas por un psicólogo, un trabajador social y una maestra, en vista a la futura inclusión del niño o joven.
Según Andrea González, directora técnica de Teletón, “el impacto de una persona que sufre un siniestro de tránsito, el impacto hacia su familia y hacia la sociedad, es muy importante”, y por eso el abordaje psicosocial desde la primera etapa es primordial.