“Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”, fue una de las frases más memorables de La Agrado, la mujer trans interpretada por Antonia San Juan en la película Todo sobre mi madre, dirigida por Pedro Almodóvar. En determinado momento del filme, una obra de teatro se suspende. Es La Agrado, quien se para sobre el escenario, con el telón bajo de fondo, para comunicar la noticia. Aprovecha que el público la está escuchando para contar la historia de su vida. A pesar de que confiesa que su cuerpo es “todo hecho a medida”, se define como “muy auténtica”.
Su frase célebre todavía sigue vigente, y es uno de los lemas fundamentales de la comunidad trans en Uruguay. Colette Spinetti, activista por los derechos de ese colectivo, la trajo a colación al ser consultada sobre las cirugías de reasignación de sexo que se realizan a escala nacional. Es que durante la pandemia de Covid-19, esos procedimientos quedaron en suspenso para priorizar otras intervenciones. En ese período, las autoridades sanitarias y de gobierno exhortaron a los prestadores de salud a priorizar las operaciones urgentes y aquellas en las que se tratara una patología.
Pero la semana pasada ocurrió una novedad significativa para la comunidad de trans. Después de dos años de suspensión total, el doctor Edward Eguiluz, grado 4 de Urología del Hospital de Clínicas, encabezó una cirugía de reasignación de sexo.
La pandemia no es la única culpable del relego de estas cirugías. De hecho, esto había empezado a manifestarse mucho antes de la crisis sanitaria, e incluso puede que haya estado presente desde los orígenes de las cirugías de reasignación de sexo en Uruguay. El primer procedimiento de este tipo se hizo en la década de 1970, según el urólogo del Hospital de Clínicas. En los años 90 se hizo alguna otra, pero no fue sino hasta el 2000 cuando comenzaron a practicarse con cierta periodicidad. En los últimos 20 años se realizaron entre 25 y 30 cirugías de reasignación de sexo en el Clínicas, estimó Eguiluz, hasta la suspensión por la pandemia. “Ahora estamos retomando, y por eso fue tan importante la cirugía realizada la semana pasada, que además tuvo un resultado muy exitoso”, destacó.
Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS Quienes más solicitan la reasignación son mujeres trans que sufren una disforia de género. Esto es el rechazo a las características físicas que hacen que su cuerpo esté asociado, biológicamente, al sexo masculino
“Nunca fue prioritario”
Este año, el hospital universitario se propuso realizar cuatro cirugías de reasignación de sexo, cuando el objetivo anterior era de seis por año. “Eso no se ha logrado y es un poco nuestra búsqueda”, aseguró Eguiluz.
El urólogo recordó que las intervenciones de este tipo entre los años 2000 y 2018 estuvieron a cargo de un equipo liderado por Roberto Puente, grado 5 y exdirector de la cátedra de Urología del Clínicas. Puente reconoció a Búsqueda que las reasignaciones de sexo se realizaron siempre de forma “muy irregular, por diversos motivos”. En los inicios, resultaba difícil el estudio de cada caso, llegaba a demorar varios años y surgían resistencias, a veces de tipo legal. Pero en el último tiempo ese obstáculo pasó a ser algo más marginal, y entraron en juego otros.
“Nunca fue prioritario operar a un paciente trans”, dijo Puente. Antes estaban, por ejemplo, los casos oncológicos. Esa escala de prioridades se mantiene hasta la actualidad y, según el exdirector de la cátedra de Urología del Clínicas, “la gente que necesita una reasignación de sexo se encuentra con vallas”. A esto Eguiluz agregó que el hospital universitario y otros públicos tienen “un cuello de botella” en blocks quirúrgicos por una gran demanda de cirugías de todo tipo y es también por eso que los procedimientos que demandan algunas personas trans “han quedado un poco relegados”.
Desde el Hospital Maciel también señalaron como un obstáculo la alta demanda de las salas de operaciones. Según dijo a Búsqueda la jefa del servicio de Urología de ese centro de salud, Laura Mouro, tras el caso de Clara Ramos en 2016 se realizaron solo “dos o tres más” por “falta de horas de block”. “El Covid atrasó muchas cirugías y consultas y tenemos muchos casos de pacientes oncológicos”, añadió, pero aclaró que los pacientes trans “están en la lista” de casos “a resolver”, porque el hospital tiene conocimiento de que “hay unos cuantos” en la espera.
“Los recursos para reasignación de sexo, si no hay un plan perfectamente estipulado, siempre van a estar en segundo término”, reflexionó Puente. Sugirió entonces que los hospitales asuman la “responsabilidad” de establecer una “cuota”, aunque sea pequeña, para estas intervenciones. Ejemplificó: “Que un hospital, de acuerdo a las características que tiene, diga si puede hacer una, dos o cinco cirugías por año y listo. Pero es mejor que digan que hacen tantas por año a que aseguren que hacen todas y después no cumplan con ninguna”.
Para establecer esa “cuota”, según el excatedrático, los prestadores de salud deberían conversar con los colectivos trans para tener cifras más certeras. Resaltó que en la actualidad son solo dos hospitales públicos los que realizan reasignaciones de sexo y que “cuantos más puedan hacerlas” habrá “más posibilidades de lograr la reasignación”.

Foto: Pablo La Rosa/ adhocFOTOS La Ley Integral para las Personas Trans, aprobada en 2018, estableció que quienes quieran acceder a la reasignación de sexo deberán ser mayores de edad o, en caso contrario, contar con el aval de sus representantes legales. Otro requisito es tener al menos dos años de experiencia de vida en el sexo con el que se identifican
El procedimiento
Spinetti comentó a Búsqueda que conoce varios casos de mujeres que se han sometido al procedimiento de reasignación de sexo y, en particular, mencionó el de Clara Ramos, que se operó en el Maciel para construir su “neovagina”, como le llaman los urólogos al aparato genital que se conforma a través de la cirugía de reasignación de sexo desde el masculino al femenino. “Clarita está feliz de la vida”, aseguró.
También habló sobre algunos casos de mujeres trans que se realizaron vaginoplastias (procedimiento de extirpación del pene y construcción de la neovagina) en otros países, pero advirtió sobre algunas desventajas que sufrieron. Se trata de un proceso irreversible, por tanto es recomendable que quien toma la decisión de hacerlo tenga un absoluto convencimiento. Quienes se operaron en el exterior abonaron el costo y, sin demasiada charla previa, accedieron a la cirugía, contó Spinetti. En cambio, en Uruguay se realiza “todo un proceso que tiene que ver con la salud mental y, obviamente, con la salud física. Es un proceso muy serio”, destacó.
Quienes más solicitan la reasignación son mujeres trans que sufren una disforia de género. Esto es el rechazo a las características físicas que hacen que su cuerpo esté asociado, biológicamente, al sexo masculino. La amplísima mayoría de las reasignaciones que se realizan, entonces, son las vaginoplastias o construcciones de neovaginas. Por el contrario, las faloplastias o construcciones de neofalos han sido puntuales en Uruguay, ya que además se trata de una intervención mucho más compleja, que implica una colocación de prótesis y un rol mucho más preponderante de un cirujano plástico.
El largo proceso, en ambos casos, consta de consultas psicológicas, psiquiátricas y urológicas. Primero, el paciente tiene que haber estado al menos un año en proceso de hormonización mediante medicación oral o inyectable para empezar a promover cambios anatómicos. Además, la Ley Integral para las Personas Trans (N° 19.684), aprobada en 2018, estableció que quienes quieran acceder a la reasignación de sexo deberán ser mayores de edad o, en caso contrario, contar con el aval de sus representantes legales. Otro requisito es tener al menos dos años de experiencia de vida en el sexo con el que se identifican.
La intervención quirúrgica dura entre cuatro y seis horas y es “extremadamente compleja”, dijo el urólogo del Clínicas. Luego sigue un proceso de recuperación en el que el paciente puede sufrir “un dolor bastante importante” porque se crea, en el caso de la vaginoplastia, una nueva cavidad donde antes no la había. Esa cavidad se genera entre el recto y la próstata y allí la complicación “más temida”, según Eguiluz, es la lesión del recto. Sin embargo, aclaró que es algo que “nunca pasó” en el hospital universitario.
Durante el postoperatorio, que dura unos siete días, y a veces hasta de por vida, la paciente trans tiene que usar un tutor para mantener los tejidos en su lugar y evitar que la cavidad se cierre o se generen colgajos. Este elemento se usa, al principio, unas tres veces por semana y luego la frecuencia se va espaciando.
Pero una neovagina que no sufre ninguna complicación queda con un nuevo clítoris, construido a partir de un pedazo del glande de su antiguo pene, y se mantiene la sensibilidad del aparato genital.
“He escuchado muchas veces que es una intervención que no se está realizando”, dijo Eguiluz en referencia a la reasignación de sexo. En ese sentido, hizo autocrítica y señaló que quizás también los médicos sean “culpables” de no haberla “promocionado” como era debido. “En los últimos años hemos estado bastante silenciosos con respecto al tema y no debería ser así. Ahora, con otra espalda, con otros números, con otros resultados, podemos salir a manifestar lo bien que nos está yendo”, expresó.