Ocurre cada vez que se habla de elevar impuestos: casi de manera automática comienzan las quejas por los servicios públicos que se brindan y se reclama por una correlación entre lo que se paga y lo que se recibe.
Ocurre cada vez que se habla de elevar impuestos: casi de manera automática comienzan las quejas por los servicios públicos que se brindan y se reclama por una correlación entre lo que se paga y lo que se recibe.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn momentos en que se discute otra vez el aumento de la carga impositiva y se habla de restricciones del gasto, un trabajo del sociólogo Agustín Bonino, socio director de Opción Consultores, muestra que una amplia mayoría de los uruguayos tiene un nivel de satisfacción medio-bajo con la calidad de los servicios públicos.
“La coyuntura actual, de mayores restricciones económicas y en la cual la ciudadanía percibe un incremento de sus obligaciones fiscales, probablemente sensibilice a la población respecto a la ‘calidad de la gestión’, pudiendo elevar sus exigencias hacia la misma”, evaluó Bonino en el trabajo al que accedió Búsqueda.
En base a una encuesta on line de 1.400 casos realizada entre mayo y junio de este año, el 70% de la ciudadanía se muestra “regularmente satisfecho o insatisfecho”. El 28% dice estar “satisfecho” y 2% no sabe o no contesta.
Bonino realizó algunas “salvedades” con estos datos. “En primer lugar la encuesta consulta la satisfacción con ‘los servicios públicos’ de un modo general. Investigaciones sobre la temática demuestran que cuanto más general es el objeto de evaluación, los ciudadanos tienden a desarrollar sus evaluaciones dando mayor prioridad a la ‘imagen’ que tienen de ‘lo público, lo político y la administración pública’. Si la evaluación que los ciudadanos realizan de la ‘calidad de los servicios públicos’ se encuentra influenciada por la imagen que tienen de la ‘administración pública y lo político’, es esperable que la misma se alinee a las evaluaciones que estos realizan de la gestión general del gobierno”.
En efecto, quienes tienen una mayor evaluación negativa del gobierno son los que se muestran más insatisfechos con los servicios públicos: 87%. Quien evalúa de manera positiva al gobierno, tiene una menor visión negativa de los servicios públicos: 31%. En tanto, entre quienes tienen una evaluación “regular” de la gestión del gobierno, el 69% manifiesta una visión más bien negativa de los servicios públicos.
“La evaluación que los ciudadanos realizan de la ‘calidad’ de los servicios públicos se origina en la comparación entre los servicios que perciben recibir y sus expectativas previas del servicio. En la actualidad los ciudadanos son al mismo tiempo consumidores, y como tales acostumbran a recibir servicios enfocados en su satisfacción, originándose una tendencia ascendente en las expectativas hacia los servicios en general”, escribió el investigador.
Bonino agregó que “ante el escenario descripto, es cada vez más extendido el valor de la calidad de los servicios públicos como requerimiento de legitimación de la gestión pública, sin importar el signo ideológico”.
“Adicionalmente, la coyuntura actual, que impone, por una parte, mayores restricciones económicas y, por otra, modificaciones en el régimen fiscal, predisponen a la ciudadanía a una jerarquización de la temática ‘calidad de la gestión’ en la agenda pública”.
Por todo esto, la percepción sobre la calidad de los servicios, también está influenciada por la filiación partidaria de los ciudadanos.
Entre los votantes del Frente Amplio en las elecciones de octubre de 2014 es donde aparece el mayor grado de satisfacción (aunque menos de la mitad): 47%. Mientras que la población que votó otras opciones políticas expresa niveles de satisfacción menores a 10%. Los votantes blancos son los que tienen la peor evaluación: 96% de opinión regular o de insatisfacción.