—Últimamente, los bancos locales están teniendo dificultades para generar rentabilidad. ¿Por qué ampliar el negocio en este contexto?
—Aquí entran en juego condiciones comunes a todo el sector y situaciones particulares. Desde hace muchos años hay un contexto internacional de gran liquidez y tasas muy bajas, lo cual da un margen de ganancia muy bajo. La propensión a tomar crédito empezó a subir un poco, pero había bajado tremendamente después de la crisis. A su vez, hay costos locales que, independientemente de esas tasas, continúan creciendo.
Después, la situación de cada banco es diferente. Hay negocios más rentables y otros menos. Entendemos que en los nichos que nos definimos hay potencialidad de hacer una rentabilidad atractiva para nuestro accionista.
—¿Cómo se inserta esta adquisición en su estrategia?
—El perfil de Lloyd‘s se alineaba mucho al nuestro, en su posicionamiento, el tipo de clientes, los productos y hasta sus raíces europeas, lo que nos permitía crecer más rápido. Somos un banco de nicho, básicamente trabajamos dos grandes líneas: banca privada y banca corporativa. No apuntamos a desarrollar el negocio de la banca retail o minorista.
Hoy no tenemos un nivel de rentabilidad porque no hemos llegado a la masa crítica necesaria. Aumentar tremendamente la cantidad de clientes nos va a permitir hacerlo mucho más rápido. Hay muchos negocios que se fundamentan en masa crítica para ser viables. Las fusiones que hubo, fueron para poder generarla.
—¿Qué consecuencias puede implicar la progresiva concentración del mercado bancario?
—En el 2000 había más de 20 bancos privados en Uruguay y muchos nos preguntábamos si realmente existía mercado como para tantos. Después de la compra del Lloyd‘s vamos a quedar diez, la mitad.
El mercado estaba necesitando esta adecuación. Parece que se ha concentrado, pero realmente se fue adecuando a su tamaño y potencialidad. Yo no cuestionaría el número de bancos, lo importante es la cobertura, que hoy es bastante satisfactoria. La cantidad actual podría incluso atender el aumento de bancarización que pretende el gobierno.
Al final del día, esa adecuación también está pasando en otros lados. En Estados Unidos la crisis de 2008 reorganizó el sector financiero. En los últimos años, la rentabilidad a nivel internacional, vista a través del valor de las acciones de los bancos, ha disminuido. Tenemos el desafío de mejorar la productividad de nuestros recursos. Que aumente la cantidad de clientes no quiere decir que tenga que aumentar la cantidad de empleados.
—Uruguay es el único país de Latinoamérica en el que el Heritage tiene presencia. ¿Consideran que es una buena plataforma desde la cual ofrecer servicios a otros países del continente?
—Sí, definitivamente. El accionista realmente piensa que es importante desarrollar negocios en América Latina porque hay oportunidades. Claramente, el atractivo no viene solo por los clientes que se pueden adquirir en el país, sino que Uruguay puede absorber y captar operaciones de otros países; es estratégico.
—¿Qué lo hace adecuado para esto?
—Una de las razones más importantes es su estabilidad macroeconómica e incluso social y política, que históricamente se destaca dentro de América Latina. Se protege la propiedad privada, se cumple con los contratos en tiempo y en forma, se le da al inversor la seguridad que busca, que va más allá del corto plazo. Es importante saber que uno va a obtener los frutos de su inversión sin ningún tipo de restricciones, más que la normativa conocida en el momento de realizarla.
—¿Ese atributo se ve vulnerado a partir de algunos acontecimientos recientes, como la modificación del régimen de acciones al portador o la firma de un tratado de intercambio de información tributaria con Argentina?
—No creo que se vea alterado. Uno lo ve con una cultura local y puede pensar que lo está, pero realmente el tema de las acciones al portador, de la regulación del Banco Central o los acuerdos de intercambio de información, existen en todos los países del Primer Mundo. Suiza ha firmado convenios con muchos países de Europa, con lo cual conocer que en Uruguay se están firmando no llama la atención. Si le quita al país algún punto a la hora de invertir, se verá en cada caso, pero no es algo sorpresivo.
Las garantías que pide el inversor son a nivel de las estructuras institucionales, estabilidad en su cultura civil y desarrollo gubernamental, independientemente de las administraciones de cada período. Ya no hay barreras para que un inversor vaya a cualquier parte del mundo y lo que quiere son garantías respecto al cumplimiento de las reglas de juego.
El grado de cumplimiento en la trayectoria de Uruguay, no solamente en las leyes, sino en cómo sobrellevó la crisis del 2002, es un ejemplo muy fuerte que hoy se puede poner en cualquier interacción con un inversor. Realmente se respetaron todas las condiciones y el país pudo salir adelante de una crisis muy profunda a nivel financiero, que resuelta de otra manera hubiera llevado a resultados opuestos y no lo positivos que fueron.
—¿Es común mencionar la salida de la crisis al hablar con posibles clientes?
—Sí, realmente son preguntas que hacen y uno puede tener la tranquilidad de contestar claramente cómo fue el proceso. Uruguay la sobrellevó de una forma muy profesional, muy sólida y muy rápida, y sin fraccionamientos a nivel de la sociedad toda.
—¿Qué efectos podría tener para el sector el tratado tributario con Argentina?
—Ya hay un freno. Nosotros lo vemos a nivel de consultas, de inquietudes y de la no generación de nuevos negocios con clientes argentinos. No diría que muchos, pero algunos clientes han optado por retirar sus depósitos y cerrar sus cuentas en Uruguay.
De repente es solo una primera reacción, pero espero que a la larga se supere. En otros países se firmaron tratados y no hubo freno. Después habrá que ver si la firma les da garantías a los clientes de que no va a implicar una revisión de toda su información.
Lo que muchos priorizan es la confidencialidad de sus datos; no están haciendo ningún tipo de actividad fuera de lo legal. Hoy quizás ven que la firma de un tratado no respetaría esa confidencialidad, cuando creo que adecuadamente regulado puede sobrellevarse muy bien.
—¿Cómo ve los costos bancarios en Uruguay?
—En los últimos años el costo de los recursos humanos ha ido creciendo, con un plus sobre la inflación para tener una recuperación real que a veces cuesta en estos momentos de spreads cada vez más chicos. Hoy los costos salariales son altos para una inversión extranjera. Los bancos podríamos estar pensando que no se exija tanto en un momento donde la rentabilidad ha ido bajando con respecto al pasado.
—¿Qué tan expuesto está el país ante un eventual recrudecimiento de la crisis internacional?
—Habría que ver de qué magnitud sería esa crisis. En cuanto a sus variables macroeconómicas, Uruguay está bien posicionado. Los bancos están todos bien administrados y me imagino que tendrán —como tenemos nosotros— sus análisis sobre posibles escenarios de situaciones mejores o no tan buenas.
Pero, en términos generales, tanto el país como el sector financiero están sólidos y bien posicionados para poder sobrellevar impactos, en la medida en que no sean de una magnitud que uno hoy no prevé.