• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Sin lugar para los viles

    Para su último acto, Walt Disney Pictures continúa con su revisionismo rentable. A lo nuevo se lo busca en lo viejo. El uróboro del entretenimiento continúa comiéndose la cola, mientras su público crece expectante, y lo hace mientras hurga donde sabe que el margen de error es menor: en los grandes éxitos animados. Los dibujitos. Los clásicos. Los que atravesaron el cine, el video y el streaming. Las aventuras esperanzadoras y las canciones pegadizas. Las que tenían algo para todos. Para grandes y chiquitos. La edad dorada.

    El truco está, parece ser, en retocar la maldad.

    Cruella es el último estreno de Walt Disney Pictures, estudio del conglomerado The Walt Disney Company. En Uruguay la película se puede alquilar desde el viernes 28 de mayo en Disney+ a través de su modalidad Premier Access, que demanda un costo extra al pago mensual del servicio de streaming. Es una comedia criminal que asume una mirada pop e industrial a la irrupción fashion punk londinense de la década de 1970 mientras imagina la biografía no contada de una villana familiar. La protagonizan una festiva Emma Stone en el rol titular y una aún más carismática Emma Thompson en el papel de la antagonista.

    Cruella es, también, una demostración de cómo la villanía no atrae como antes dentro de las narrativas populares de la industria estadounidense del espectáculo. Si el villano cinematográfico es, muchas veces, quien provee una definición inevitable de su coprotagonista, el héroe, ¿qué sucede cuando el villano se transforma en el héroe de su propia historia? Si la grandeza de un héroe se mide por la calidad de sus villanos, entonces la medida del valor del villano ahora es aislarlo de su contraparte luminosa y reconvertirlo en un antihéroe.

    Dentro de la maquinaria de nuevas producciones con actores reinterpretando a personajes animados, este camino lo marcó Angelina Jolie hace un par de años. La primera película de Maléfica (2014), la villana de La Bella Durmiente, recaudó más de US$ 758 millones a escala global mientras que su secuela, Maléfica: dueña del mal (2019) recaudó casi US$ 500 millones. Un par de pómulos malignos que hoy son más célebres, y especialmente más rentables, que la princesa Aurora.

    En Maléfica, el mal tenía su origen en la traición. En Cruella, el motivo es la venganza. La película cuenta los primeros años de Cruella de Vil y la transforma en una joven rebelde durante la década de 1970 en Londres, en plena revolución del punk rock. Previo a la apoteosis que la transformará en la codiciosa y glamorosa villana vista en los múltiples relatos en torno a 101 Dálmatas, la figura de Cruella reside como la identidad apaciguada de Estella, una joven creativa criada en un mundo de ladrones con códigos y decidida a triunfar en la moda con sus diseños rupturistas de ropa. En el periplo del personaje interpretado por Emma Stone se encuentra la baronesa Von Hellman, la maliciosa dueña de un imperio textil a la que Emma Thompson personifica canalizando la mejor Meryl Streep en El diablo viste a la moda. Dirige el australiano Craig Gillespie, cineasta que irrumpió en la industria estadounidense con Yo, Tonya (2017), un drama oscarizado con Margot Robbie en la piel de la controversial patinadora olímpica Tonya Harding.

    Al igual que Yo, Tonya, Cruella toma la función catártica del villano, una en la que el público puede proyectar sus lados salvajes y violentos, y se la encarga principalmente a una antiheroína, imperfecta y a la vez elevada en sus talentos únicos (el patinaje de Tonya y la inventiva de Cruella en la moda). Más que cargar con un espejo deforme ante el público, las antiheroínas alcanzan su objetivo sin importar los límites que haya que cruzar para lograrlo. Cada una de ellas es una oda al esfuerzo, especialmente a uno marcado por la tragedia, pero también al bienestar individualista que no conoce de costos o del prójimo.

    Aunque el encanto de la narrativa y la estética de una producción de alto costo como Cruella radique en posicionarse como un producto arriesgado y de una sofisticación retro, no hay tanto más que una oscuridad edulcorada. Como otras producciones de estudio, sus falencias residen en una oscilación identitaria, donde la obra no termina de decidirse a ser un drama criminal para adultos o una comedia disparatada para jóvenes. El relato atraviesa sus mojones al ritmo de una rocola desenfrenada. Se establece un origen trágico con uno de los greatest hits de Disney (un protagonista huérfano), un llamado a la aventura fortuito, una transformación, en este caso, de poca sutileza.

    Para casos como los de Cruella o Maléfica, el texto exige la construcción de un relato moderno anclado en el pasado y demanda, a su vez, el descarte de toda interpretación posible que el personaje haya tenido previamente. ¿Será la Cruella de Emma Stone capaz de raptar decenas de dálmatas cachorros para convertirlos en abrigo en una posible secuela? Probablemente, no. Más importante que fundamentar los actos detestables del futuro, la intención empática es la de construir un pasado en el que las motivaciones personales se anclan en un trauma. La justificación, algo peligrosa, de que villano que no se ve más que obligado a convertirse en villano dadas las circunstancias.

    WarnerMedia, uno de los grandes competidores de Disney, encontró oro en un ejercicio similar hace tan solo unos años con el estreno de la ganadora del León de Oro de Venecia Guasón (2019). Película provocada por el boca a boca como pocos fenómenos taquilleros de los últimos años en Uruguay, Guasón descarta la historia del ángel caído por la del ascenso de un demonio. Un hombre con problemas de salud mental que es empujado a sus límites para primero convertirse en asesino y luego en un ídolo de masas.

    Presentado como un homenaje directo al cine áspero y solitario de Martin Scorsese en los 70, Guasón moldeó también a este tipo de historias como el escaparate para que un actor o una actriz prueben su talento en un producto de atractivo internacional pero con una cuota de temática adulta necesaria para mantener cierto prestigio artístico. Son protagonistas que plantean problemas de moral y, por lo tanto, conversaciones al respecto. Los nuevos antihéroes, radicados en figuras de productos masivos con décadas de historias detrás, son generadores de discurso.

    Los héroes, en contrapartida, atraviesan uno de sus peores momentos. Era esperable, sí, dado el foco sostenido que representaciones como los superhéroes han tenido gracias a su proliferación de relatos en el cine y la televisión y el ingenio de Hollywood para incluso convertir a las películas en narraciones de un consumo serial. Hoy son vistos bajo una lupa de cinismo, nihilismo y corporativismo, como lo refleja la repetición cada vez más frecuente de la figura de un “Superman pero villano” que se puede ver en series como The Boys e Invencible, ambas de Amazon.

    Los villanos de Disney siempre han representado manifestaciones dramáticas de arquetipos culturales que expresaban, libremente, deseos cercanos al taboo y a las perversiones de cada una de sus épocas. Hoy, antihéroes como Cruella son la excusa para la comercialización de la empatía. Sus personalidades ambiguas y amorales, en contraposición con sus actos malvados aunque justificables, proveen la fórmula ideal para convertir tragedias en victorias personales que cualquiera puede alentar. El mejor y último truco de Disney finalmente parece ser este: convencernos de que sus villanos nunca existieron.

    // Leer el objeto desde localStorage