A fines de los años setenta el gobierno dictatorial fijó el precio del dólar en la plaza local, en un régimen —conocido popularmente como la “tablita”— que se quebró en 1982. Luego hubo un período de libre flotación, hasta que otro sistema con intervenciones estatales dio garantías a los agentes sobre el valor de esa divisa por más de diez años, entre 1990 y 2002. Pero desde entonces la certidumbre se acabó: la cotización surge del juego de la oferta y la demanda.
Bajo el régimen de libre flotación vigente se producen a diario apreciaciones y depreciaciones pero relativamente moderadas, de unos pocos centésimos en general. En las últimas semanas, por influencia de cambios en la política monetaria (que hicieron más atractivo invertir en instrumentos en moneda naciona) el tipo de cambio tendió a depreciarse.
En el circuito que en la jerga se conoce como interbancario —en el que compran y venden dólares los bancos, administradoras de fondos previsionales, cajas de pasividades, casas de cambio y otras entidades financieras— la divisa estadounidense se negoció en torno a $ 20, en parte porque los bancos oficiales fueron compradores, en algunos casos buscando mitigar las oscilaciones. Eso hace “sucia” la flotación cambiaria.
Así, los uruguayos, que siguen usando dólares como moneda de ahorro y para adquirir autos, casas u otros bienes, se preguntan por estos días: ¿su precio seguirá bajando?, ¿hasta cuándo?, ¿cuánto valdrá en 2013?
Después de años utilizando el oro y algunas veces la plata como patrón de referencia monetaria, Uruguay empezó a emitir su propia moneda nacional a fines del siglo XIX. Fue a partir de la ley que creó el Banco República (BROU) y le asignó a esa institución el cometido de imprimir billetes que inicialmente fueron convertibles en oro o plata sellada.
La convertibilidad cesó en 1914, aunque la moneda nacional mantuvo su valor legal con relación al oro. Desde ese año y hasta 1920 el peso se valorizó, como reflejo del alza de los precios de los productos agropecuarios que exportaba el país durante la Primera Guerra. Al finalizar el conflicto bélico la tendencia se revirtió.
En esos años el BROU intervenía en el mercado, en el marco de un régimen de “flotación sucia”. La disyuntiva sobre volver o no al patrón oro fue debatida durante la década de los veinte, recuerda Carolina Román, del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, en su trabajo “Política monetaria y oferta de dinero en Uruguay 1931-1959”.
En 1931 se instauró un control de cambios. Por entonces el país acusó el impacto de la crisis internacional que había estallado en 1929 en Estados Unidos y atravesó un ciclo de depresión económica. El peso se desvalorizó significativamente, y el precio del dólar llegó a $ 2,413 en 1934 (había estado en torno a $ 1 en los años previos). Los uruguayos empezaban a conocer el significado del concepto de devaluación.
Una ley de 1935 estableció un revalúo de las reservas de oro y plata en poder del BROU sobre la base de la equivalente del peso en el cambio oficial, lo que habilitó un mayor poder de emisión de moneda. Debido a ese mecanismo, que supuso una devaluación implícita del peso al perder cada peso papel la mitad de su valor en metal, el ministro de Hacienda de la época, César Charlone, fue apodado “Fu Man Chu”, en referencia a un conocido mago de la época.
En 1938 hubo una nueva “ley de revalúo” que modificó el contenido de oro de la moneda nacional, que pasó a 0,585018 hasta 1959. Esto implicó una devaluación explícita de 62%, según Román. La mayor cantidad de dinero producto del revalúo se empleó para financiar déficits presupuestales, pagar servicios de la deuda y realizar obras públicas.
Los acuerdos de Bretton Woods de 1944 dieron paso a un nuevo sistema monetario internacional basado en una paridad dólar. Eso condicionó la política cambiaria en Uruguay y se recurrió a la fijación administrativa del valor en pesos de las divisas de exportación e importación. En ese marco, la ley Nº 10.000 estableció preferencias para el acceso a los dólares, con prioridad para las materias primas con destino a la elaboración de artículos de consumo indispensables, entre otros.
En 1957 el gobierno enfrentó dificultades para mantener el tipo de cambio oficial ($ 4,1) y el “dólar libre” se disparó de $ 4 a $ 11.
El sistema de cambios múltiples digitados por la administración se eliminó con la reforma cambiaria y monetaria de 1959. La cotización se unificó en $ 11 y al año siguiente se liberalizó el mercado cambiario.
En 1963 se restableció un doble mercado y el tipo de cambio saltó a $ 16,50. A fines de 1965, el dólar “oficial” subió a $ 24 y el “libre” a $ 82.
En mayo y noviembre de 1966 ocurrieron otras dos devaluaciones.Al año siguiente fue creado el Banco Central y sustituyó al BROU como emisor de moneda.
En noviembre de 1967 el dólar duplicó su precio (de $ 100 a $ 200) y se dispuso la libertad de operaciones en el mercado. Por entonces Uruguay enfrentaba fuertes presiones inflacionarias, una fuga de capitales y un incremento del endeudamiento público.
En abril de 1968 el dólar cotizaba a $ 250 y pasó a $ 530 en 1972; la devaluación continuó en los años siguientes. En julio de 1975 se quitaron tres ceros a la moneda, que pasó a llamarse “Nuevo Peso”.
En la edición de octubre de ese año, Búsqueda (Nº 40) informaba que tres “minidevaluaciones en el lapso de 25 días pautaron la reanudación del sistema de reajustes aperiódicos de la moneda, luego de cinco meses y 20 días de paréntesis”. El mes terminó con el dólar cotizado a N$ 2,70.
En octubre de 1978 se instauró el “régimen tabular” o “tablita”, con un tipo de cambio fijo y preanunciado con meses de anticipación. En un contexto de alto déficit fiscal y de pérdidas de reservas, el gobierno militar le puso fin en noviembre de 1982 y habilitó una brusca devaluación. En un primer momento la cotización saltó de N$ 13,81 a N$ 20, pero pocos días después pasó a N$ 30 y en enero de 1983 llegó a N$ 47. Después se estabilizó en algo más de N$ 30.
Uruguay tuvo un régimen de libre flotación hasta setiembre de 1990, cuando la administración de Luis Lacalle estableció un sistema de “paridad deslizante” o “banda”, por el cual el Banco Central fijaba diariamente valores mínimos y máximos para el dólar, que aseguraba comprometiéndose a comprar divisa o venderla si se lo exigían los agentes.
Misión imposible.
En diciembre de 1992, el ex ministro de Economía Alejandro Végh Villegas (1974-1976 y 1984-1985) expresó en Búsqueda una visión elogiosa sobre la gestión de Enrique Braga al frente de esa cartera —“es de las mejores en toda la historia del país y ha sido consolidada por Ignacio de Posadas”— pero fue crítico con la política cambiaria. En su opinión, se debía ir hacia una “flotación más pura y hacia una menor compra de moneda extranjera” por parte del sector público. “Hay números tremendos en ese sentido: el Banco Central compró U$S 25 millones para que la cotización no bajara del piso de la banda de flotación. Esto fue en solo una semana y es gasto público puro, por una cifra que es más o menos lo que costó, en términos de gastos anuales, el conflicto policial” que se dio por esos años. “No creo que la actual política sirva para mantener el tipo de cambio real, porque el tipo de cambio real como meta es una misión imposible”, señalaba Végh Villegas.
Si bien el sistema fue ajustado varias veces, ampliando la brecha entre las puntas de la banda y acelerando su ritmo de aumento diario (lo que hizo más rápido el ritmo depreciatorio), los uruguayos tuvieron algunos años de relativa certidumbre cambiaria. Por otra parte, como durante buena parte del período la inflación fue mayor que la suba del valor del dólar, productores agropecuarios y exportadores se quejaron con frecuencia por el “atraso cambiario”. El “desfase de precios es lo que fundamentalmente ha desangrado al sector”, manifestó por ejemplo en ocasión de la Expo Prado de 1996 el presidente de la Federación Rural, Carlos Secco (Búsqueda Nº 859).
Pero en medio de una crisis bancaria que erosionó las reservas bancocentralistas hasta casi agotarlas, en junio de 2002 la banda de flotación fue eliminada por la administración de Jorge Batlle, lo que habilitó una brusca devaluación.
Desde entonces y hasta la actualidad rige la libre flotación, y la pregunta de “¿a cuánto está el dólar?”, volvió a ser recurrente entre los uruguayos. Los expertos señalan que ello depende en gran medida de si la economía de Estados Unidos consolida una recuperación más vigorosa y de los sucesos en torno a la crisis fiscal y de deuda en Europa, y sus pronósticos en general coinciden en que la divisa seguirá débil en el mundo y también en Uruguay.