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Angie Oña es uno de los nombres que quedan en el haber cuando uno repasa la dramaturgia uruguaya en la última década. Títulos como “El auto feo” y “Éter retornable” marcaron el pulso de su trabajo, preocupado por la vida privada en estos tiempos. Por cómo se vive hoy puertas adentro una relación de pareja, qué es lo que mantiene unidas a dos personas y qué los lleva a separarse, o a seguir aunque ya no lo deseen. Y cómo sigue la vida después. En paralelo, se sube a las tarimas de stand up sin mayores pretensiones que hacer reír, para descerrajar metrallas de artillería verbal en títulos como “Mucha cháchara” y “Las 3 gracias”, en cartel en Teatro del Notariado.
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Diego Arbelo está sin dudas entre los actores más interesantes de su generación, la que araña los 35 años. Se consagró en esta misma sala seis años atrás como uno de los felinos belicosos de “Gatomaquia”, rol que lo catapultó junto a tres de sus compañeros de ese elenco a la Comedia Nacional, donde hoy acapara papeles protagónicos con una impronta fuerte, una imagen nítida y personal, que permanece clara en el espectador. Hace dos años debutó como director con muy buena mano con “Music Hall”, notable drama del francés Jean-Luc Lagarce sobre la vida en el camino de tres artistas de circo.
Fernando Vannet, otro actor con rasgos de carácter similares a los de Arbelo, fue uno de los intérpretes de esa historia, y uno de los nueve elegidos para la última camada que entró a la compañía oficial, a comienzos del año pasado.
Yamandú Barrios pide cancha entre los menores de 30, luego de llamar la atención tiempo atrás en la última versión de “Pedro y el capitán”, dirigida por Juan Sebastián Peralta. Y Fabiana Fábregas parece que tuviera veinte años sobre las tablas, cuando apenas sobrepasa esa cifra en su documento.
Sus montevideanas existencias coinciden ahora en La templanza, subtitulada como “Musical amargo”, una historia que a partir de una situación límite misteriosa, se va revelando como una cebolla que pierde sus capas inexorablemente, y al cabo de una hora concluye con naturalidad, sin rodeos ni ruidos molestos, durando lo que debe durar y accionando del modo preciso, gracias a una sensata economía narrativa.
Con un fondo nítido de violencia doméstica bidireccional (de hombre a mujer y viceversa), Elisa y Gastón procesan un conflicto difícil de sobrellevar, para el cual no han sido preparados. Nadie te enseña a lidiar con la culpa. Y es sobre ese asunto que gira esta historieta de alcoba, escenificada en un dormitorio bien kitsch levantado en un pequeño cubo de utilería en el medio de la amplia y fría sala del Victoria.
Sobre ese añejo acolchado, en esa cama de cabeceras y pies mullidos suena en la voz segura de Fábregas una antología de boleros clásicos, reconocibles por cualquiera que haya estado medianamente cerca de una radio sintonizada en CX 20 Montecarlo en algún momento de los últimos 50 años. Así, arrancados de su contexto natural, arreglados con buen tino por el oído sensible de Fernando Ulivi —uno de los que más y mejor sabe de música para teatro— e insertados en este cuadro radicalizado por la desesperación de los protagonistas por salvarse de la quema, el contraste formal entre drama y letras bucólicamente vagas en tono melódico internacional, aumenta la contradicción. La dosis humorística justa y necesaria para hacer que todo funcione y el aplauso caiga rotundo sobre los dos jóvenes actores.
Una vez más, el humor surge entre la amargura como mágico catalizador universal que vuelve interesante y llevadero lo que de otro modo sería un plomazo insoportable aunque durara diez minutos. Punto para esta gente.
“La templanza (Musical amargo)”, de Angie Oña. Dirección: Diego Arbelo y Fernando Vannet. Intérpretes: Fabiana Fábregas y Yamandú Barrios. Escenografía e iluminación: Leticia Martínez y Marcelo Patiño. Vestuario: Diego Aguirregaray. Música: Fernando Ulivi. Coreografía: Rodrigo Garmendia. Producción: Gustavo Suárez. Teatro Victoria (Río Negro 1479, tel. 2901 9971). Viernes y sábados, 21 horas. Entradas: $ 250 en Abitab, $ 220 en boletería.