Miles de vacunos y ovejas pastaban en la inmensidad del campo y la agricultura se limitaba a unas 46.000 hectáreas de trigales y maizales, al inicio del siglo pasado en Soriano.
Miles de vacunos y ovejas pastaban en la inmensidad del campo y la agricultura se limitaba a unas 46.000 hectáreas de trigales y maizales, al inicio del siglo pasado en Soriano.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa producción de granos de ese departamento registró un crecimiento acelerado en los años siguientes, pasando a 73.000 hectáreas plantadas, en 1916, y a 257.000 hectáreas en 1937; consolidándose en ese momento como “el primer departamento agrícola del país”, según la reseña histórica titulada “La agricultura en el Uruguay, 1911-1930”, de Magdalena Bertino y Gabriel Bucheli, publicada en 2000.
Hoy, la expansión agrícola elevó a 459.802 hectáreas el espacio que ocupan los granos en Soriano, especialmente de soja, que transformó al agro del litoral Oeste del país en el centro de la agricultura uruguaya.
Pero para llegar a esta realidad acontecieron varios cambios en las últimas décadas, que modificaron el horizonte de los productores del lugar.
Como la mayor parte del territorio uruguayo, ese departamento tradicionalmente estuvo dedicado a la ganadería, principalmente a la producción de ovinos.
Con el paso de los años esa actividad pecuaria fue cediendo espacio a los vaivenes de la agricultura y la aparición de otras producciones, como la forestación, y las empresas proveedoras de servicios agropecuarios.
La plantación de remolacha azucarera y de trigo caracterizó la producción agrícola de Soriano durante años, específicamente en los setenta, cuando funcionó el ingenio de la firma Azucarera del Río Negro (Arinsa).
Al repasar los factores que motivaron algunas decisiones de los productores respecto a la actividad a desarrollar, el agricultor sorianense Alejandro González comentó a Campo que los productos de la oveja (carne y lana) fueron perdiendo valor y las tierras pasaron a utilizarse para el engorde de ganado vacuno.
Uno de los hechos que marcaron la historia de la agricultura de esa zona fue “la introducción del sistema de cero laboreo del suelo, que nació en Soriano”, resaltó González.
Al principio ese método de plantación se utlizó para la siembra de trigo, cebada y girasol y más adelante, alrededor de 2004, se masificó durante el auge de la soja.
Contó que el cero laboreo fue impulsado por un puñado de productores, específicamente de las familias Mazzilli, Carballal, Hareau, entre otros, que lo emplearon en sus campos cercanos a Mercedes, la capital departamental.
La primera máquina de siembra directa fue de origen brasileño, en 1994, contó el productor.
Paralelamente, con el uso de esa nueva tecnología, los agricultores incorporaron las aplicaciones del herbicida glifosato y las variedades de semillas resistentes a ese producto.
Un cultivo que tuvo un período de expansión, a fines de los noventa, fue el girasol, empleado para la producción aceitera. Pero debido a una enfermedad denominada phomopsis, que es provocada por un hongo, esa actividad fue decreciendo ininterrumpidamente en los años recientes.
La siembra de girasol llegó a 176.000 hectáreas en 2003, y luego entró en una caída persistente, para bajar a menos de 2.000 hectáreas, según datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Incluso, en la encuesta agrícola de 2014 los técnicos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias decidieron excluir ese cultivo de la medición, porque su importante disminución no permite estimar con precisión las variables registradas en el campo.
En un contexto de mayor puja de otros rubros por las tierras, sobre fines de los noventa los productores conformaron los primeros corrales para el engorde de ganado (feedlot), apoyándose en la oferta de granos proveniente de los predios agrícolas, recordó González, quien integra la directiva de la Asociación Rural de Soriano.
Pese a la tradición ganadera del departamento, nunca hubo un frigorífico en ese lugar, y el más cercano que operó en su momento fue el Anglo, instalado en Fray Bentos, en Río Negro.
Esa planta de faena fue una de las más grandes de la región y funcionó entre 1924 y 1967.
Sin dejar de desconocer el amplio predominio que ganó con el tiempo la agricultura, González valoró la persistencia de la ganadería en los diferentes rincones del departamento, donde los productores intensificaron su actividad, ya que con menos hectáreas igual mantuvieron su rodeo vacuno.
Una de las decisiones “más difíciles” para el ganadero fue “abandonar o reducir marcadamente” el stock ovejero de los predios de Soriano, dijo. En otros departamentos ubicados más al norte, como Artigas y Salto, algunos de esos productores encontraron las tierras donde continuar con la producción de bovinos y ovinos.
Actualmente, el productor agropecuario del litoral Oeste tiene un perfil de empresario agrícola, que gestiona su negocio de otra manera, utilizando otra tecnología, especialmente para el monitoreo de sus cultivos, además de maquinaria sofisticada para la siembra y la cosecha de los granos.
Esos productores individuales comparten la actividad con grandes compañías, principalmente procedentes de Argentina y otros países, dedicadas a la siembra de miles de hectáreas. Para el desarrollo de la agricultura es habitual la contratación de empresas que se encargan de las tareas de campo; entonces el productor provee la tierra y el financiamiento para que esas firmas trabajen el predio.
De las 839.682 hectáreas de tierras de uso agropecuario de Soriano, 459.802 están destinadas a la plantación de cereales y oleaginosos, 276.650 hectáreas se utilizan para la producción de vacunos, casi 50.000 están ocupadas en la lechería y el resto se distribuye en forestación, cría de ovinos y venta de servicios vinculados al agro, según datos del censo de 2011 del MGAP.
El agro de ese departamento cambió con el paso de los años y con las decisiones adoptadas por los productores, que ya no tienen el mismo perfil del ganadero tradicional uruguayo. Sin embargo, varios de los problemas que afectan a la agropecuaria no variaron a pesar del tiempo transcurrido, principalmente el costo de las rentas de campos, el impacto negativo de los fenómenos climáticos, algunas enfermedades e insectos y la puja por los precios que pagan a los productores las empresas que compran sus productos.
“Al arrendamiento elevado (quita del propietario de la tierra), a la pequeñez de la parcela cultivada, a la falta de crédito para tecnificarse, a las variaciones del clima y el azote de las plagas, a la carencia de conocimientos técnicos, debían sumarse todavía las quitas de industriales y comerciantes intermediarios”, señala el trabajo sobre la agricultura uruguaya entre 1911 y 1930.
Bertino y Bucheli, sus autores, advirtieron que “a pesar del auge ganadero en el período, de la dependencia de la economía en su conjunto de las divisas generadas por el sector ganadero exportador, del muy lento crecimiento del área agrícola, de la muy escasa competitividad de la producción agrícola en el mercado externo, el aumento de la producción agrícola muy por encima del crecimiento de la población, es una manifestación de un país diferente que se va formando en estos años y que se afirmará en las décadas siguientes”.