El mexicano Jorge Volpi presentó en Montevideo Una novela criminal, Premio Alfaguara de Novela
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl caso del mexicano Israel Vallarta y de su exnovia francesa Florence Cassez, acusados de liderar en México una banda de secuestradores, estaba esperando que alguien la contara en todas sus aristas, que se metiera en su infernal entramado político, judicial y policial para llegar a algo parecido a la verdad de los hechos.
Fue el escritor Jorge Volpi (México, 1968) quien inició una meticulosa investigación de este caso. Durante tres años y medio hurgó en expedientes judiciales, leyó varios libros sobre el caso y realizó más de 40 entrevistas a los implicados. Así surgió Una novela criminal, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2018, sobre un proceso judicial kafkiano, plagado de irregularidades, que incluyó además un conflicto diplomático entre México y Francia. Un proceso que se inició en 2005 y que hoy, 13 años después, no se ha resuelto y tiene a Vallarta en prisión y sin sentencia.
“Es un caso tan enrevesado, tan lleno de contradicciones y de montajes de la policía que hubiera sido inverosímil contarlo como una novela de ficción, por eso opté por la novela documental o de ‘no ficción’. Aquí la ficción la puso la Agencia Federal de Investigaciones”, explicó Volpi a Búsqueda en su pasaje por Montevideo para presentar el libro.
En 2005, durante el gobierno de Vicente Fox, México vivía una ola de secuestro a empresarios, estudiantes, amas de casa o comerciantes. Entonces se creó la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), con el fin de sustituir a la vieja Policía Federal, corrupta y desprestigiada, que provenía del PRI, eterno partido en el poder. Pero lo único que cambió fue el nombre de la institución policial, porque los métodos de tortura, chantaje y alteración de la evidencia continuaron siendo los mismos.
Esos métodos los vivió, literalmente en carne propia, Israel Vallarta, cuando la policía lo detuvo el 9 de diciembre de 2005. Ese día, estaba ayudando a mudarse a su exnovia, Florence Cassez, de su rancho Las Chinitas a la capital. La pareja, él 35 años, ella 29, fue sorprendida por la policía en la carretera. Según los registros, luego de detenerlos entraron al rancho de Vallarta y encontraron a tres personas que estaban secuestradas desde hacía tiempo. Pero los acusados aseguran que los habían detenido un día antes y que después los trasladaron de nuevo al lugar para que la televisión filmara la liberación de los supuestos secuestrados.
Los mexicanos vieron “en vivo” el operativo, incluso cómo uno de los periodistas interrogaba a Vallarta. Lo que nadie supo en ese momento es que todo había sido un gran montaje orquestado por la policía y Televisa, un gran reality show que le daba prestigio a la AFI recién creada y a sus agentes.
“Hace 13 años en México vimos dos horas y media de transmisión televisiva en vivo que era falsa, aunque vendida como verdadera. Yo estaba en ese momento en España y no me di cuenta del montaje. Nadie se dio cuenta. Solo Yuli García, la periodista del programa Punto de Partida, que terminó revelándolo”, comenta Volpi.
En las fotos que circulan en Internet de ese día, se ve a Vallarta con la cara y los labios hinchados por los golpes y la mirada perdida. Las torturas comenzaron apenas lo apresaron, pero siguieron durante días para que se inculpara. Fueron tan brutales los métodos del interrogatorio que sus custodios lo trasladaban a rastras porque no se podía parar. Igual suerte tendrían después dos de sus sobrinos, acusados de integrar la banda de delincuentes.
Después de leer el libro de Volpi queda claro que este fue un caso creado y que Vallarta y otros miembros de su familia fueron inculpados por una mezcla de intereses: de la policía para mostrar sus logros, de grupos de verdaderos secuestradores y, sobre todo, del empresario Eduardo Margolis, que buscaba venganza contra un hermano de Cassez.
Terminó el gobierno de Fox en 2006 y llegó el de Felipe Calderón con su guerra contra el narcotráfico y sus cientos de miles de muertos, y el caso Vallarta-Cassez parecía archivado, aunque la francesa nunca se calló ni dejó de insistir sobre su inocencia. Era una figura familiar en los medios, mientras que Vallarta iba quedando en el olvido.
“Al final de su estadía en la cárcel ella se volvió muy famosa. La visitó Marion Cotillard, le escribió Alain Delon, la llamó muchas veces el presidente Nicolas Sarkozy y también su esposa Carla Bruni. Adquirió un estatuto mediático muy importante”.
En 2011, cuando se estaba organizando el año de México en Francia, Sarkozy pidió como condición para ese festejo el traslado de Florence a su país. El gobierno mexicano lo consideró una intromisión y las relaciones diplomáticas se tensaron.
“Los dos presidentes, muy parecidos en su formación y hasta casi físicamente, querían el protagonismo y salir victoriosos. Uno porque iba a rescatar a una francesa, aunque no le importaba mucho si era culpable o no. El otro, con el discurso nacionalista, de no permitir la intervención extranjera. Florence era una moneda de cambio”, dice el escritor.
Finalmente, luego de siete años encerrada, la francesa recobró la libertad por los vicios del proceso y volvió a su país. “La recibieron como una heroína”, dice el autor. “Tuvo un programa de televisión, dio muchas entrevistas, pero al cabo de un tiempo esa fama se acabó. Ahora se enfrenta a una vida normal”. Florence nunca pidió por la liberación de Vallarta ni habló de su inocencia.
Una novela criminal es un libro abrumador por la cantidad de datos, nombres, siglas y acontecimientos. La lectura por momentos se vuelve pesada, sobre todo porque Volpi se vuelca al estilo informativo de temas jurídicos, más que a la elaboración narrativa. Él mismo admite que extrajo fragmentos de los expedientes y los tuvo que adaptar por lo engorroso de la escritura judicial, a la que conoce muy bien porque es abogado y ejerció el derecho penal en su juventud.
Tal vez el momento más literario es el que alude a la novela Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, con el latiguillo, “Sostiene Florence” o “Sostiene Villalba”, cuando se relatan sus declaraciones hechas sin ninguna garantía. “Fui amigo de Tabucchi y quise hacerle un pequeño homenaje en mi novela”, dice el autor.
El libro también es abrumador por la desesperanza que genera. Todos quienes organizaron el engaño están libres, entre ellos, el jefe de Policía a cargo, que fue ascendido a secretario de Seguridad Pública y hoy vive su retiro en Miami. “Ojalá cambie la situación de Vallarta con López Obrador (presidente electo), es una urgencia y tiene que hacerlo. La mejor esperanza es que nombró como ministra del Interior a Olga Sánchez Cordero, la jueza que liberó a Florence”.
Volpi tiene una larga trayectoria como escritor: investigó sobre historia y política actual, sobre ciencia y psicoanálisis, y publicó varias novelas, entre otras, La paz de los sepulcros, El jardín devastado y la premiada En busca de Klingsor. A fines del siglo XX integró la llamada Generación del crack: “Fue nuestra forma de aprender a escribir, nuestra actividad literaria durante muchos años. También una manera de luchar contra los estereotipos que tenía la literatura latinoamericana”, explica con una respuesta parca, seria y sintética, como todas las que brindó en la entrevista.
Él asegura que durante la investigación de Una novela criminal nunca se sintió presionado ni tuvo miedo. “Sí tuve la extraña sensación de que el policía a cargo del caso era de las pocas personas que sabía la verdad completa, pero que no me la iba a decir”.
En la cárcel, Israel Vallarta leyó el libro y tiene sus discrepancias por cómo se presenta su imagen, pero Volpi piensa que lo favorece. “Al menos un sector influyente de la sociedad mexicana lo ha leído y ha cambiado un poco su punto de vista sobre su culpabilidad”.
Es que es difícil que esta novela, a pesar de sus altibajos narrativos, deje indiferente. Más bien deja muchas preguntas, muchas desconfianzas, muchos miedos.