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    Tarantinolandia

    Obras maestras: Pulp Fiction
    Colaborador en la sección de Cultura

    Tarantinesco (en inglés, tarantinoesque): Caracterizado por una violencia gráfica y estilizada, historias no lineales, referencias cinematográficas y literarias, temáticas satíricas y diálogos filosos”.

    Oxford English Dictionary

    “Dirigir una película es parecido a grabar una cinta con una mezcla de canciones”, comentó Quentin Tarantino. “Hay que tener en cuenta el talento de unas cuantas personas y añadir una estética propia, que depende de lo que hayas seleccionado y de cómo ordenes el material seleccionado”. La imagen puede acercarse bastante a una definición de su cine, una temeraria mezcla de géneros donde la cita, el homenaje y el sampleado son parte de los rasgos distintivos de su originalidad.

    Para cuando la película llegó a las salas uruguayas, el 31 de marzo de 1995, Tarantino (Knoxville, Tennessee, 1963) era un joven director estadounidense que había logrado sorprender con Reservoir Dogs (1992), una sangrienta y shakespeariana muestra de cine negro de bajo presupuesto, deudora de The Killing, de Stanley Kubrick, y City on Fire, de Ringo Lam, y cuyo impacto trascendió las salas de cine y atravesó distintas capas de la cultura pop. Con Pulp Fiction fue un poco más lejos. El filme, que obtuvo siete nominaciones al Oscar, era en sí mismo un homenaje pop y todavía sigue siendo homenajeado en el cine, la música, la televisión y la literatura. Es lo que pasa con los clásicos.

    Tras el éxito de Reservoir Dogs, Tarantino se marchó a Ámsterdam, alquiló un apartamento, pasó un tiempo recorriendo la ciudad y luego compró un cuaderno de 250 hojas, tres marcadores de punta gruesa negros y tres rojos. También fue al videoclub más cercano y alquiló decenas de películas de gángsters. Y se puso a escribir.

    Lo que escribió fue un montón de escenas que estaban bastante vinculadas a una idea que había germinado tiempo atrás. En 1989 había pensado en narrar tres historias encadenadas, rodar primero una, hacerla circular, y si salía todo bien, filmar las otras dos. Aquella idea no prosperó. Al menos, no de ese modo. Sí se mantenía la intención de hacer algo antológico, con los mismos personajes entrando y saliendo de las distintas historias, que, a su vez, serían un homenaje a Black Mask, revista que entre la década de 1920 y 1930 publicaba aventuras, tramas detectivescas, historias románticas, de crimen y misterio. Fue la precursora de la novela negra y por sus páginas pasaron las firmas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Black Mask, como muchas de las de su género, estaban impresas en papel basto, de pulpa de celulosa sin refinar, de ahí que este material, cargado de sexo, drogas y violencia, era conocido como “pulp fiction”.

    Tarantino estudió detalladamente viejos números de la revista y recurrió a situaciones arquetípicas: un combate de boxeo arreglado, la relación entre un matón y la esposa de su jefe, un trabajo delictivo que no sale del todo bien. Junto a Roger Avary intentó incluir parte de Pandemonium Reigns, libreto que su amigo estaba trabajando entonces, del que sobrevivió la historia de Butch y el reloj de oro. El guion final nunca tuvo los rasgos de un guion prototípico y llegó a tener unas 500 páginas con anotaciones del tipo “el diálogo entre Pumpkin y Honey Bunny tiene que desarrollarse a un ritmo rápido, al estilo de Ayuno de amor” y descripciones más literarias que de puesta en escena (“Vincent saca un rollo de billetes capaz de atragantar a un caballo”) o que, en los hechos, no se ven ni se mencionan (“Lance lleva toda su vida de adulto dedicado a vender drogas, nunca ha tenido un trabajo regular, ni ha presentado una declaración de impuestos, y tampoco ha sido detenido nunca”).

    Con el guion terminado, el director tenía la intención de darle uno de los papales principales, el de Vincent Vega, a Michael Madsen, el Mr. Blonde de Reservoir Dogs. En paralelo, Tarantino consiguió que un agente le facilitara una reunión con John Travolta. Actor y director se encontraron en el apartamento de Tarantino en Crescent Heights, que resultó ser el mismo sitio en el que Travolta había vivido apenas llegó a Los Ángeles en 1974. La coincidencia aceleró la conexión entre ambos. Y la reunión, dicen, se extendió durante casi 12 horas, lo que en definitiva terminó siendo una suerte de casting camuflado. Tarantino lo veía bien para interpretar a uno de los ladrones de una película de horror con vampiros que estaba en desarrollo y había titulado From Dusk Till Dawn.

    El resto de la historia es relativamente conocida. Madsen estaba comprometido para rodar tres películas de manera casi consecutiva, una de ellas Wyatt Earp, y debió renunciar al papel. Así que Tarantino le envió una copia del libreto a Travolta junto con una nota: “Echale un vistazo a Vincent”. Al poco tiempo el actor le respondió: “Este es uno de los mejores papeles que he leído, uno de los mejores que me han ofrecido nunca, así que te deseo suerte, no creo que pueda hacerlo”. En Miramax tampoco creían y le habían presentado a Tarantino una generosa lista de posibles candidatos. Daniel Day-Lewis había manifestado su interés en interpretar a Vincent. Pero también estaban Gary Oldman, Sean Penn, Michael Keaton, Alec Baldwin, William Hurt, Denzel Washington y James Gandolfini.

    Rosanna Arquette audicionó para el papel de Mia Wallace (Uma Thurman), la esposa del jefe mafioso, pero al verla Tarantino se dio cuenta de que era la indicada para Jody, la novia/esposa de Lance, el dealer que encarna Eric Stoltz (en un momento el director imaginó que la pareja podía ser interpretada por Kurt Cobain y Courtney Love). También fueron consideradas Halle Berry, Meg Ryan, Daryl Hannah, Holly Hunter, Michelle Pfeiffer y Julia Louis-Dreyfus. Para Jules, papel de Samuel L. Jackson, estuvieron Paul Calderon, Lawrence Fishburne, Eddie Murphy y Tim Roth. Tarantino había pensado en Matt Dillon para Butch. Se lo quedó Bruce Willis por una razón sencilla: estaba alejado de los papeles que suele interpretar.

    El fenómeno de Pulp Fiction implicó la consagración de su director, le dio mayor proyección a Miramax de los hermanos Weinstein, rescató a un actor olvidado, Travolta, y a una pieza musical antiquísima, Missirlou (1927), versionada por Dick Dale, y además de generar legiones de fans, detractores e imitadores, sumó una nueva expresión cinematográfica al Diccionario de Oxford, tarantinesco.

    Recientemente, el director retomó un asunto al que vuelve cada tanto, su retirada. Supuestamente dejará el cine después de filmar 10 películas, pero aseguró que está pensando irse antes. “Creo que, cuando hablamos de películas, he llegado al final del camino. Me veo escribiendo libros y comenzando a escribir teatro, así que seguiré siendo creativo. Simplemente creo que he dado todo lo que tenía que dar al cine”, dijo. “Me gusta la idea de marcharme cuando todavía me quieran”.

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