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Desde el martes 12 y hasta el domingo 17 se celebra en Washington DC la asamblea de primavera —boreal— del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), lo que pone a esos organismos en la agenda pública en estos días. Es tiempo de revisiones de políticas y también de las proyecciones que hacen para las distintas economías, incluida la uruguaya.
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El informe “Panorama Económico Mundial” del FMI tuvo su actualización el martes 12. El Producto Bruto Interno (PBI) del planeta crecerá 3,2% este año y 3,5% el próximo, más por el empuje de las economías emergentes y en desarrollo (4,1% y 4,6%) que aquellas avanzadas (1,9% y 2,0%).
En 2016, en conjunto América Latina y el Caribe estarán en recesión (–0,5%), por segundo año, y se reactivarán en 2017 (1,5%). Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela tiran abajo ese promedio, con descensos de 1%, 3,8%, 4,5% y 8%. De ese grupo, el próximo año solo crecerá la economía argentina.
Para Uruguay, el FMI incluyó en ese documento un pronóstico de expansión de 1,4% para 2016 y de 2,6% para 2017. Son cifras más modestas de las que el organismo había estimado seis meses atrás (2,2% y 3,1%).
De todos modos, los nuevos números van a tener otro ajuste. “Todavía no hemos terminado la revisión de nuestras proyecciones de crecimiento para tener en cuenta el menor crecimiento del año pasado” (de 1%) que fue informado por el Banco Central a fines de marzo, dijo a Búsqueda Jan Kees Martijn, el funcionario del FMI que está a cargo del monitoreo de la economía uruguaya.
La recuperación global continúa, pero con una perspectiva cada vez más “frágil”, marcó el organismo en su informe. Desde la anterior edición, en octubre, hubo una renovada volatilidad en los mercados financieros mundiales, una cierta pérdida de impulso de las economías avanzadas, así como persistentes vientos en contra de las emergentes y menos desarrolladas, indicó. A ello se suman tensiones no económicas originadas en planteos distribucionistas, el miedo al terrorismo y las políticas más nacionalistas, incluido el proteccionismo comercial, señaló.
El BM prevé que la economía de América Latina y el Caribe se contraiga 0,9% este año. “El espacio de maniobra se redujo marcadamente para los gestores de política” porque están obligados a gastar menos, dijo ayer miércoles 13 en Washington DC su economista jefe para la región, Augusto de la Torre.
El viernes 8 también la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) difundió sus estimaciones actualizadas. Ahora piensa que en 2016 la región se contraerá 0,6%.
El pronóstico para Uruguay es de un aumento de apenas 0,5%. Los otros países sudamericanos que crecerían son Bolivia (4,5%), Chile (1,6%), Colombia (2,9%), Paraguay (2,8%) y Perú (3,8%).
Estas nuevas proyecciones dan cuenta de un entorno global “difícil”, afirmó la Cepal: bajo crecimiento de los países desarrollados, una importante desaceleración en las economías emergentes —en especial China—; creciente volatilidad y costos en los mercados financieros, y bajos precios de las materias primas, en particular hidrocarburos y minerales. Además, dijo que se debilitó la demanda interna en la región.
Por estos días —del jueves 7 al domingo 10— también el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) celebró su asamblea anual, en Bahamas.
“La recuperación global ha vuelto a decepcionar. Los precios de las materias primas han caído y es probable que se mantengan cerca de los niveles actuales, y la normalización monetaria en Estados Unidos ha comenzado. (…) Se espera que el crecimiento en la región (por Latinoamérica) este año sea negativo y que luego se recupere con relativa lentitud. Previsiblemente, habrá que esperar hasta el año 2020 para que las tasas de crecimiento se acerquen a los niveles promedio que prevalecían desde 1980”, advirtió el economista jefe del organismo, José Juan Ruiz, en el documento titulado “Tiempo de decisiones: América Latina y el Caribe ante sus desafíos” presentado en ese foro.
Agregó que hay poco espacio para aplicar políticas monetarias y fiscales contracíclicas, y “el foco más bien se centra en cómo ajustarse de forma que se minimicen las consecuencias para la evolución del crecimiento y las condiciones de vida, sobre todo para los pobres y más vulnerables”. Para el BID, es imprescindible proponer políticas para impulsar el crecimiento potencial o a mediano plazo. Si bien los tipos de cambio nominales se han depreciado, esto se ha traducido en una mayor competitividad solo para unos pocos países; Uruguay no es uno de ellos.
A Bahamas fue el ministro Danilo Astori. Allí firmó un crédito con el BID por U$S 250 millones destinado a reformar el sistema financiero.