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    Tenemos que hablar

    Gracias por compartir, de Stuart Blumberg

    Adam (Mark Ruffalo) sigue día a día, una rutina precisa, desde hace cinco años. Como un reloj. Y así se mantiene sobrio. “Recuerdo cuando no podía contar ni cinco días”, confiesa. Y, como la inmensa mayoría de las personas que viven en este siglo, cada jornada recibe una impresionante cantidad de estímulos sensuales con los que debe lidiar para no caer y romper su marca. También, como la inmensa mayoría de las personas, parte de su realidad mediatizada por la televisión, por eso su sistema de apoyo para mantenerse sobrio consiste en privaciones. Por ejemplo: en no tener televisor en su casa y en quitar el aparato de la habitación del hotel donde se encuentre de viaje por trabajo.

    Ruffalo es un adicto al sexo. Está en plena recuperación. Y estos últimos cinco años ha vivido en castidad. Mike (Tim Robbins), su tutor en el Programa de Recuperación de 12 pasos, le dice que ya es hora, que no es cuestión de vivir como un monje, y lo alienta a salir con Phoebe (Gwyneth Paltrow), la chica linda, deportista e independiente que conoció hace muy poco en una cena snob donde un chef preparó insectos y con la que tuvo una charla que solo se tienen guionadas. Phoebe viene de una mala experiencia con un alcohólico, así que no quiere saber de nada con adictos.

    Mike, adicto recuperado, está casado con su novia de la secundaria, y ha lidiado con otros vicios. “Esto es distinto al alcohol. Es como intentar dejar las drogas mientras tenés una pipa pegada al cuerpo”, le explica a Neil (Josh Gad), el gordito recién llegado al programa, y que será tutoreado por Adam. Al grupo, donde “compartir” quiere decir “hablar”, se integra Dede (Alecia Moore, la cantante conocida como Pink), que se define así: “Solo puedo relacionarme con los hombres a través del sexo”, lo cual le ha provocado algunos problemas, en especial cuando algún hombre era el novio de una amiga.

    Este reparto coral busca la sobriedad sexual, que es, básicamente, no hacer aquello que supuestamente en un comienzo era divertido, un estímulo vital: no masturbarse y no mantener relaciones sexuales fuera de la pareja con la que se está comprometido, tampoco realizar actividades semejantes en lugares públicos, además de un largo etcétera, que incluye no forzar a alguien a tener sexo ni usar cámaras ocultas para grabar imágenes debajo de las polleras de las compañeras de trabajo.

    La trama avanza mientras cada cual intenta hacer lo mejor que puede. Al principio, Adam intentará ocultar su condición a la rubia, Neil seguirá mintiéndose a él mismo, Dede peleará con sus tentaciones y sus presiones.

    Detrás de cámaras está el director y colibretista Stuart Blumberg, que participó en los guiones de Divinas tentaciones (la “comedia” con Ben Stiller como rabino y Edward Norton como sacerdote enamorándose de la misma mujer: Jenna Elfman) y la muy buena Mi familia, un drama con toques de comedia en la que Julianne Moore y Annette Bening son pareja, tienen una hija por inseminación que es Mia Wasikowska, y cuyo padre es Ruffalo.  

    Gracias por compartir no es una película moralista y condenatoria que juzga al sexo como una actividad sucia y perversa, sino una historia protagonizada por personajes vulnerables que encuentran en el sexo un modo aparentemente fácil y agradable de escape y de seguridad emocional. En la sociedad terapéutica, sobrediagnosticada y sobremedicada del siglo XXI, cualquier comportamiento o rasgo humano que no presente cierto nivel de concordia con las normas establecidas lleva nombre científico, es un trastorno, una enfermedad, un problema y debe ser tratado con terapia y/o medicación. Hay medicamentos y terapias para todo. Nadie (ni siquiera los que diagnostican) está a salvo.

    Y esta comedia, ligera, simpática y entretenida, está poblada de enfermos; de individuos propensos a las adicciones (al alcohol, a la comida, a las actividades físicas, a los analgésicos), adicciones que pueden convivir y que tal vez respondan a factores genéticos (ver Mike y su hijo), físicos (ver Katie, la esposa de Mike), psicológicos (ver Neil y la relación con su madre), o sean formas de mantener cierto poder (Mike parece ser adicto a los grupos de adicciones). Ellos, para mantenerse en armonía con sí mismos y con el entorno (trabajo, amigos, familia), deben hacer un enorme esfuerzo y controlar a la pequeña bestia, día a día, aprender a convivir con ella, aunque parezca imposible de saciar.

    Con actores que realmente son buenos en lo que hacen (Ruffalo y Robbins), más alguna sorpresa (lo de Pink está hecho a medida), siempre desde lo políticamente correcto, Gracias por compartir no tiene tiempo para ahondar en las complejidades de la mente y sexualidad humanas, no es su intención. Sí dispone de tiempo para algunas humoradas (la amistad entre Neil y Dede fue creada para eso), para ilustrar la dinámica de las relaciones (hay una amistad que nace, un noviazgo que puede nacer, un matrimonio que quizás empiece una nueva etapa) y, sobre todo, del valor de algo que parece simple: hablar. 

     Gracias por compartir(Thanks for sharing). Estados Unidos, 2012. Dirección: Stuart Blumberg. Con Mark Ruffalo, Tim Robbins, Gwyneth Paltrow, Josh Gad, Alecia Moore. Duración: 112 minutos.

    Vida Cultural
    2014-11-20T00:00:00