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    Tierra de paradojas

    Urugambia es un pequeño y pujante país ubicado en el Cono Sur africano.

    Su geografía suavemente ondulada y su clima templado y apacible han moldeado una población tranquila y amigable, que no pierde la calma casi que con nada.

    Por ejemplo su capital, Montevidembe, es una de las ciudades más peligrosas y sucias del continente africano. Por sus calles deambulan pandillas de violentos rapiñeros y agresivos ladrones, generalmente drogados con pasta base de cocaína, y sin embargo, cuando las autoridades decidieron dar la batalla contra la inseguridad, lo primero que propusieron fue legalizar y estatizar la marihuana.

    Lejos de rebelarse ante tamaño disparate, distintas personalidades urugambias de las más diversas tendencias políticas filmaron un video, que circuló por las redes sociales, en el que decían que no había nada mejor para luchar contra la inseguridad, que fumar marihuana. Y a nadie se le movió un pelo.

    Las calles de Montevidembe acumulan toneladas de basura y desperdicios, entre los que deambulan perros, ratas y alimañas de especies variadas, porque los recolectores de residuos se niegan a recoger la basura si cada dos meses no les aumentan el sueldo un 50%. La alcaldesa de Montevidembe, Anahelademba, dice a quien la quiera oír que todo funciona muy bien en su ciudad, y que antes de un año las cosas mejorarán más aún, razón por la cual tiene un 50% de aprobación a su gestión, mientras que el otro 50% “no sabe - no contesta”.

    El rey de Urugambia se llama Mujikamba. Es un anciano bastante despistado, que pretende hacerle creer a la población que es más despistado de lo que parece. Desprolijo y mal hablado, hace gala de su desparpajo insultando y desconcertando a cualquier interlocutor.

    Sus posiciones frecuentemente chocan con las del virrey Astorimbi, una persona mucho más educada y preparada, que le lleva la contra al rey cada vez que puede, aunque siempre termina perdiendo en sus enfrentamientos con el monarca.

    Hubo un tiempo en el que se solían reunir para aclarar sus discrepancias, pero últimamente se insultan por la prensa, lo cual, en vez de preocupar a los urugambios, simplemente los divierte, y los medios de comunicación suministran día a día la más variada selección de agresiones recíprocas entre ambos gobernantes.

    Todo esto ocurre en medio de las más extraordinarias e impensadas situaciones, que determinarían que cualquier otro pueblo reaccionara y sacudiera su modorra, mientras que a los urugambios se les pasea el alma por el cuerpo.

    Por ejemplo, días atrás, los brujos de la tribu, que manejan con absoluta discrecionalidad el sistema de salud urugambio, decidieron que los niños recién nacidos que pesen menos de un kilo, serán descartados por insuficientes, y enviados a la papelera de reciclaje orgánico. En cualquier otro país en el que los brujos hubieran decidido quién tiene derecho a vivir y quién no, se habría armado flor de toletole. En Urugambia, en cambio, en algún boliche que otro se escuchó algún intercambio entre parroquianos, discutiendo entre café y café si un kilo era suficiente, o si habría que tirar a la basura a los recién nacidos de menos de un kilo y medio.

    Hace poco, la aerolínea de bandera de Urugambia, PLUNA (Primeras Líneas Urugambias de Navegación Aérea) sucumbió en medio de una estrepitosa quiebra a consecuencia de un escandaloso vaciamiento a cargo de un grupo empresarial que poseía el 75% del capital de la empresa, aunque el gobierno urugambio era el garante del 100% del endeudamiento.

    Este grupo, encabezado por un antiguo cazador de búfalos devenido en empresario aeronáutico, llamado Matías Campiambi, había sido impulsado por Astorimbi, en épocas en las que era ministro de Economía de Urugambia. Le vendieron entonces varios millones de espejitos a los urugambios, diciéndoles que vendrían no sé cuantos aviones, que volarían a no sé cuántos destinos, que transportarían a no sé cuántos miles de pasajeros.

    El hecho fue que los “no sé cuántos” fueron los millones de dólares que Campiambi y sus socios se llevaron de la empresa, dejando el tendal de deudas, hipotecas, pasajeros varados y pasajes vendidos sin esperanza de recuperación.

    Claro, hay como un ruido de leve protesta en la calle, pero nada hace indicar que los urugambios sabrán algún día dónde fue a dar la fortuna que “se voló” en manos del avezado empresario arrimado al poder por el hoy virrey de Urugambia.

    Se supo que la audacia de Campiambi es tal, que una vez cerrada PLUNA se presentó ante el virrey Astorimbi y le propuso crear la SLUNA (Segundas Líneas Urugambias de Navegación Aérea) proponiéndole comprarle a PLUNA los aviones que ya no volaban a mitad de precio, con una cláusula de impunidad igual a la que le hizo firmar al gobierno urugambio antes de dejarle el muerto de la empresa fundida, pero Astorimbi le dijo que no creía muy viable la iniciativa.

    Tras el rechazo, Campiambi se lo fue a ver al ministro Pintambo, a cargo del transporte de Urugambia, y le propuso hacer una inversión en los ferrocarriles urugambios, con una fórmula similar a la de PLUNA, pero comprando los trenes en Venezuembia, un país del norte africano, dirigido por el coronel Chabombo, muy amigo de Mujikamba, dispuesto a darle más crédito a Urugambia con deuda a largo plazo y a bajo interés.

    Se dice que Pintambo está estudiando el plan, porque le parece interesante, y es probable que el proyecto tenga éxito, porque a los urugambios no les preocupa nada, y siempre opinan que todo está bien.

    Mientras Mujikamba y Astorimbi se pelean pero duermen juntos, los partidos de la oposición, que podrían disputarle el gobierno a la fuerza política reinante en las elecciones de 2014, se dedican a safaris electorales en los que cazan precandidatos, los ponen en una olla de agua tibia y los van hirviendo de a poquito para ablandarlos todavía más.

    El posible candidato a nuevo rey perteneciente al partido gobernante, el antiguo cacique Tabarembe, que ya supo reinar en Urugambia (tras haber sido alcalde de Montevidembe, tiempos en los que supo incorporar al paisaje urbano los carritos de hurgadores tirados por viejas cebras amaestradas que recogen residuos y los desparraman por doquier) no interviene en los debates entre Mujikamba y Astorimbi, les da la razón a los dos sin explicar por qué, y se pasea por el reino con cara de “yo no fui”.

    A juzgar por la falta de espíritu crítico de los urugambios, lo más probable es que gane las elecciones con la lanza abajo del brazo.

    ¿Seguirán sin reaccionar los urugambios?

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