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El artista Pablo Uribe tomó por asalto el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) y fue dejando sus huellas, a veces visibles, a veces difusas, en el jardín, en la fachada y en cada rincón de las cinco salas. De esta forma, nada está en su lugar y todo adquiere una forma diferente.
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Como si fuera un alquimista, Uribe utilizó obras de su creación y varias del acervo del museo para convertirlas en otras, que son y no son suyas. Fue una apuesta audaz del MNAV que no solo le entregó el edificio a un artista, sino que lo “dejó hacer”, con el riesgo de que algo saliera mal. La muestra, que permanecerá hasta marzo de 2019, tiene la curaduría de Carlos Capelán y se llama Aquí soñó Blanes Viale, igual que el cuadro del mismo nombre que pintó Alberto Dura en 1939.
El óleo de Dura muestra en tonalidades de verde un bosque tupido con árboles altos, piedras y troncos. Ahora ubicado frente a la puerta de entrada del museo, produce un “contrapunto entre la representación del paisaje nativo y el paisaje artificial del jardín exterior”, dice el catálogo. No es la única relación del jardín con el edificio. El cuento Continuidad de los parques, de Julio Cortázar, sirve de símbolo para dos de las obras: en una se reproducen cuatro escalones del interior del museo en el jardín; en la otra, los cuadros de Gilberto Bellini y Carmelo Rivello se superponen y sus paisajes se continúan uno en el otro.
Otra intervención del edificio, tal vez la más notoria, está en su fachada, que ya no luce los colores primarios (amarillo, rojo, azul y blanco) que le dio el arquitecto Clorindo Testa en 1970, sino una paleta de grises, que se continúa en los cinco pilares de la planta baja.
En una visita guiada por la muestra, Uribe explicó la génesis de este proyecto, que empezó siendo una revisión de sus trabajos y después de cuatro años de investigación derivó en esta muestra que involucró a un equipo integrado por artistas, diseñadores, restauradores, actores y funcionarios del museo.
El color es uno de los protagonistas, y lo fue también en la calle el día de la inauguración, cuando en la cuadra del museo se estacionaron 18 autos de diferentes marcas, pintados con una estricta escala cromática. El color está en las obras llamadas Croma: paneles o plaquetas que reproducen los tonos de varias obras emblemáticas. El color está en el óleo pintado en la escalera que lleva de un piso a otro del museo, con los tonos del mural Pax in lucem de Torres García, una de las piezas quemadas en 1978 en el incendio del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.
Dentro de las vitrinas de planta baja, hay dibujos y bocetos de grandes artistas nacionales y, entre ellos, seis falsificaciones. “Hay una señal que indica cuál es falso y cuál verdadero. Cada uno tiene una identificación, pero no la voy a dar”, dice Uribe al público. Así plantea tal vez el tema central de la muestra: dónde está lo falso y dónde lo verdadero, cuál es el original y cuál su copia.
En una de las paredes de la sala mayor está la intervención Citas citables: más de 40 obras del acervo del museo, una al lado de la otra, sin importar estilos ni épocas. Esas obras sirven de referencia para el resto de la muestra, como la escultura Figura de joven, de Bernabé Michelena, que se reprodujo en seis copias de yeso (Hostesses) y parecen caminar por las salas del museo.
“Es imposible explicar todos los aspectos creativos con los que trabaja Pablo, las correlaciones de unas obras con otras. Pablo enseña con una mano y, como buen artista, oculta con la otra, e invita a que uno mismo siga averiguando”, dice en la visita guiada el curador Carlos Capelán.
Mientras habla, suena música de rock desde uno de los videos de la muestra. Pero el protagonista no es un rockero, sino el músico callejero Waldo Carrillo: el hombre orquesta. Él le da fuerte al bombo y los platillos y simula el solo de batería de John Bonham en Moby Dick, de Led Zeppelin. En otra sala está su opuesto: un video mudo. Allí aparecen cinco actores del teatro uruguayo que representan con gestos y mímica la proclama de Alberto Candeau del 27 de noviembre de 1983 en el Obelisco. El resultado es impactante.
Desde otro video salen sonidos de pájaros. Es un ornitólogo que imita el canto de los pájaros de día. Al lado, el mismo hombre imita los pájaros de la noche. Más abajo, el meteorólogo Núbel Cisneros está dando el pronóstico del tiempo, aunque en realidad describe con gran habilidad y gracia el cuadro Luna con dormilones de José Cuneo. “Les hago mucho caso a los videos de Pablo porque ninguno se parece al otro, aunque todos tienen que ver con la representación, unos tienen ritmo afiebrado y otros muy lento, como el de la vaca comiendo pasto, que busca la geometría en la propia naturaleza”, dice Capelán sobre las obras personales de Uribe en esta muestra.
Tal vez la intervención que más impacta es Círculo y cuadrado, que incluye diez cuadros con las lunas de Cuneo. Están seleccionados y ubicados de tal forma que siguen las diferentes fases de la luna: creciente, llena y menguante. “Pablo arregla y resignifica obras que ya están. Todos conocemos a Cuneo, todos queremos a Cuneo, todos pensamos que Cuneo miraba la luna. Bueno, ahora todos vemos las operaciones de la luna junto con la mirada de Pablo. La obra sigue siendo de Cuneo, pero la que vemos ahora es la de Pablo”, explica Capelán.
Hay piezas colgadas allá arriba, cerca del techo, y hay obras elaboradas con títulos de Borges, Onetti y de muchos escritores nativos. Hay representantes de la mejor pintura nacional, y hay un viaje desde el primer cuadro que entró al MNAV hasta las jóvenes de yeso que parecen mirar todo con asombro. Capelán da una explicación global: “En forma metafórica, Pablo afirma que todas las obras son una obra y todos los pintores son un pintor; así como todos los autores son un autor”.
Aquí soñó Blanes Viale desconcierta y deslumbra, todo al mismo tiempo. No es una muestra fácil, por eso son muy útiles los tres catálogos que ayudan a no perderse, a entender conceptualmente y a conocer a todo el “elenco” que acompaña al artista. Después del recorrido quedan varias preguntas sobre la autoría en el arte, sobre la función de los museos, sus archivos y sus exhibiciones. Y no es poca cosa que surjan en una sola muestra.