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Las apariciones en público de Tom Cruise son escuetas. Sin contar la promoción de sus películas, el actor casi no se deja ver en público. El control que maneja de su figura es hoy tan riguroso como el de sus acrobacias frente a cámaras. En 2020 hubo dos momentos, sin embargo, en los que Cruise se dejó ver.
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Mientras filmaba una nueva Misión: Imposible, en plena crisis sanitaria, compartió un video de su ida a un cine en Londres a ver la película Tenet. En uno de los peores años para las salas, lo último de Christopher Nolan cargaba con la responsabilidad de revivir un vínculo comercial exitoso entre los cines y el público. Cruise también quería llevar esa bandera en alto. En el video se ve su periplo en tapabocas desde su auto hasta la butaca. Con los créditos aún corriendo, deja su escueta devolución sobre la película: “Gran pantalla. Gran película. Me encantó”. Hasta aquí, todo bajo control.
Unos meses después, en diciembre, un video filtrado del rodaje de Misión: Imposible-Sentencia mortal lo mostró como rara vez se lo ve: con la guardia baja. Furioso con integrantes del equipo de filmación que incumplieron con los protocolos de salud establecidos para el rodaje, amenazó, a gritos, con despedirlos. “Hablo cada noche por teléfono con todos los malditos estudios, las compañías de seguros, los productores”, exclamó. “Con eso duermo todas las noches: ¡el futuro de esta puta industria!”.
Cruise nunca se arrepintió por el exabrupto. “Dije lo que dije”, sentenció en mayo de 2021 en una entrevista. Un año después, la cruzada del actor por mantenerse en la cima como la última gran estrella del cine analógico continúa. Y lo hace ahora con aviones.
Top Gun: Maverick es la nueva película del actor y llegó a los cines uruguayos cuatro años después de su anterior trabajo, Misión: Imposible-Repercusión (2018). Nunca pasó tanto tiempo entre dos de sus estrenos.
La razón es simple e ilustrativa del poder que Cruise mantiene hoy en la industria y dentro del estudio Paramount, empresa responsable de la nueva película y de las de Misión: Imposible. Negándose a ajustarse a las nuevas reglas de la distribución cinematográfica, en la que la brecha entre el estreno en salas y el lanzamiento en plataformas se ha acortado, el actor pospuso el estreno de Top Gun: Maverick durante dos años. Finalmente, la película tuvo su estreno mundial en el lugar más rimbombante posible: el Festival de Cannes.
Llegó a la Costa Azul con bombos y platillos. Una agrupación de aviones militares sobrevoló mientras él y su reparto emprendían su camino hacia la entrada del Palacio de Festivales y Congresos de Cannes. Durante el evento, Cruise fue homenajeado con una Palma de Oro honoraria y hasta participó de un conversatorio con el público. En casi una hora de diálogo, Cruise mantuvo su discurso fijado en solo dos temas.
El primero, que llevó con orgullo y por el que recibió más aplausos, es su postura sobre el streaming. Al ser interrogado sobre la posibilidad de ver sus películas lanzadas en las plataformas, Cruise sonrió casi que de manera traviesa. “Eso no iba a pasar”, dijo en una referencia específica a la distribución de Top Gun: Maverick. “Mis películas nunca se estrenarán en las plataformas”, sentenció luego, ante un sinfín de aplausos.
En su oratoria, Cruise también se encargó de demostrar una devoción sin igual por todo lo que rodea al cine. Compartió su fascinación por los entretelones y sus cuestionamientos sobre el futuro de la disciplina artística. Dijo que quería hacer películas desde los cuatro años y que con la plata que ganaba vendiendo tarjetas puerta a puerta, iba al cine. También contó que a los 18 consiguió un pequeño papel y decidió estudiar todo lo relacionado al oficio, y así emprendió un camino autodidacta. Y que ha trabajado con técnicos y directores increíbles (es cierto) y que siempre va a las salas de cine cuando se estrena una película. Se pone una gorra y allá va, según dijo, a “empaparse del ambiente”.
El discurso presente de Cruise transcurre entre lo repetitivo, lo anodino y, por momentos, lo espiritual. Es incapaz de percibirse a sí mismo como un actor más allá de ese rol que se ha autoimpuesto como embajador de la “verdadera” experiencia cinematográfica. Sí hay que reconocerle, de cualquier manera, que esta nueva imagen solo ha dado frutos comerciales.
En su primera semana de estreno, Top Gun: Maverick superó todas las expectativas comerciales. Lleva recaudado más de US$ 300 millones en todo el mundo y se habla de que pueda superar los 1.000 millones sin problemas. Estas son cifras usualmente manejadas, durante la última década, por el cine de superhéroes o de franquicias longevas como Star Wars o las películas de Parque Jurásico.
Al igual que con el resurgimiento de esas franquicias rentables, la nueva Top Gun fue concebida como una “secuela de legado”. El término refiere a una tendencia en Hollywood de producir continuaciones de películas populares con una historia muy similar a la entrega original, cargarla de guiños reconocibles para la audiencia y presentar a una generación de actores mayores que le pasa la antorcha a la siguiente.
En esta última entrega, Cruise quiere todo el fuego para él. Más de 30 años al servicio de la Armada de los Estados Unidos, su personaje, Pete Maverick Mitchel, vive como un piloto que prueba aviones y se niega a avanzar de rango. El esperado llamado a la aventura lo obliga a convertirse en el instructor de una nueva camada de pilotos especializados, entre los que se encuentra el teniente Bradley Bradshaw, interpretado por Miles Teller, hijo del excompañero de Maverick, Nick Bradshaw, personaje fallecido en la película original.
Ahora hay una inyección de entretenimiento puro y eso se debe a dos reclutas de confianza de la órbita Cruise: Christopher McQuarrie (director de las últimas Misión: Imposible y aquí coguionista) y el director Joseph Kosinski, con quien hizo buenas migas en la olvidable Oblivion (2013).
Con intención de prescindir de la utilización de efectos especiales, cada escena con un avión en pantalla deja una experiencia de visionado visceral, en especial cuando el foco está en Cruise y en los nuevos pilotos, quienes debieron aprender a filmarse mientras se encontraban arriba de sus respectivos jets.
La distinción entre Tom Cruise la estrella y Tom Cruise el actor capaz de habitar un personaje ficticio es ínfima, al punto que cada diálogo dirigido a Maverick refleja un aspecto dentro de esta etapa profesional en su vida. En una de las primeras escenas un personaje dice que él es una “especie en extinción”, algo que Maverick/Cruise reniega con un simple “Quizás, pero no hoy”. Las hazañas que llevan su físico al límite siguen ahí, así como el morbo de continuar asombrándose por el peligro que este Buster Keaton moderno está dispuesto a someterse en pos de ser un gran héroe de acción.
El entretenimiento tiene sus costos, sin embargo. Para ser una película propulsada por el heroísmo, casi no existe el riesgo en toda la historia. Con un enemigo anónimo, Top Gun: Maverick es apolítica al extremo, lo que contrasta de sobremanera con el patriotismo exacerbado alrededor de la película. Sin poder escaparle a su vanidad, es curioso también cómo hay un montaje que entremezcla el buen físico de Cruise con los cuerpos esculpidos de sus jóvenes coprotagonistas. Por otro lado, la misión de entablar cierta química romántica con un personaje nuevo, interpretado por Jennifer Connelly, también queda trunca y deja, en su lugar, un encuentro romántico aunque asexual que parece salido directamente del cine más conservador de la era Reagan.
Puede que ningún tanque fílmico de este tamaño esté libre de puntualizaciones de este tipo, pero vale considerarlas para entender que esta película está lejos de ser la salvación que el cine necesitaba. Sí es un fiel testimonio de que Cruise, a sus 59 años, continúa en pleno control de su oficio, de su fama y de su peso en una industria cinematográfica que todavía depende de él.
Si el estrellato se pudiera definir en unas pocas palabras, estas, escuchadas recientemente en las salas de cine del Cultural Alfabeta, podrían ser un ejemplo. En el resguardo de una de las primeras noches otoñales de frío, un espectador respondió qué entrada quería para la velada. No dijo ni “Top Gun”, ni “Maverick”, sino solo cuatro palabras: “La de Tom Cruise”.