En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Habitualmente, ante la muerte de un artista relevante, se suele empezar contando quién era y a qué se dedicaba. La muerte de Scott Walker presenta un problema en ese sentido. Si comenzara diciendo que Walker era un cantautor, cualquiera que le diera por escuchar alguno de sus últimos tres discos llegaría a la conclusión de que bien miento o bien estoy sordo. Y, al revés, si dijera que Walker era un artista interesado en experimentar con los límites de lo que conocemos como música, cualquiera que escuchara sus trabajos hasta finales de los 70, pensaría que estoy loco.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La trayectoria de Scott Walker es uno de los ejemplos más fascinantes y radicales de cómo un artista puede ir desde la música más convencional de su momento, una suerte de variante pop del estilo de crooners como Frank Sinatra, hasta sus discos en solitario y sus colaboraciones con artistas de géneros extremos y, en apariencia, completamente ajenos a su estilo. Claro, a partir de cierto momento, su estilo fue el cambio, la búsqueda y el riesgo.
Wikipedia, por ejemplo, lo define como cantante. Y en cierta medida eso es cierto: dueño de una poderosa voz de barítono dotada de una expresividad única, Walker fue un cantante. El asunto es que, tras comenzar como intérprete de temas ajenos, el músico nacido en enero de 1943, en Ohio, EE.UU., pronto se adentró en tareas compositivas y en algo que se podría llamar sin problemas experimentación sonora. De hecho, antes de ser Scott Walker, llegó a ser una estrella adolescente como cantante del show de Eddie Fisher a finales de los 50.
Sin embargo, influido por el jazz progresivo, pronto se declararía “enemigo natural del surfista californiano en traje Continental” y llegaría a tocar como sesionista (siendo menor y usando documento falso) en el circuito de Los Ángeles. Para 1964 armaría el trío The Walker Brothers y con ellos viajaría al Reino Unido. El nombre Walker sería adoptado por Scott y lo usaría a lo largo de toda su carrera, salvo en su cuarto disco. Sin embargo, a la hora de firmar sus temas, usaría su nombre de nacimiento: Scott Engel.
Dentro de los Walker Brothers, Scott se ocupaba del bajo y de los coros, aunque pronto se convertiría en la voz líder. Para 1967, cuando el trío estrenaba Images, su cuarto disco en dos años, las tensiones internas resultaban palpables. A pesar del éxito instantáneo (o quizá debido al mismo éxito), la situación era bastante menos que satisfactoria. “Había mucha presión. Estaba creando todo el material para los chicos. Tenía que encontrar canciones y también organizar las sesiones. Todos confiaban en mí, y eso terminó cayéndome encima. Acabó irritándome por completo”, decía Walker en una entrevista de 2012. Allí decía también haber sido “un joven muy intenso”. Y agregaba: “Creo que en cierto momento me volví loco. Eso duró varios años, entre 1969 y 1975”.
Un poco antes de esas fechas, en 1967, Scott grabó su homónimo disco debut. El álbum, que sería un éxito de crítica y público, incluía temas de Jacques Brel y varios propios. Un año más tarde vendría Scott 2, que básicamente repetiría la exitosa fórmula de su predecesor, incluyendo temas de Brel, propios y de otros compositores. Ya entonces su música era definida como “pop barroco”, discos plenos de arreglos orquestales, dominados por su poderosa y grave voz.
El año 69 traería tres discos para Walker. Primero Scott 3, en donde ya comenzaba a aparecer su veta experimental y que, pese a ser aún fácilmente enmarcable dentro del pop (de cámara pero pop al fin), traía sus primeros coqueteos con la densidad y la disonancia. Scott Walker Sings Songs from his T.V. Series sería otro disco que saldría ese año y que no contendría composiciones originales de Walker. Finalmente, también en 1969, saldría Scott 4, que editó bajo su nombre real y que no alcanzó mucho impacto dentro del público pop.
Quizá como resultado de la “locura” que Walker decía haber sufrido entonces, a partir de 1970 y hasta 1974 editaría cinco discos, todos ellos unánimemente considerados de mala calidad por la crítica. Con el paso del tiempo algunos de ellos fueron vistos con ojos más benevolentes, dada la relevancia de su trayectoria. Sin embargo, aun críticos más recientes como Stephen Thomas Erlewine, siguen considerando la mayor parte de esos discos como “inofensivo pop convencional realizado sin demasiado cuidado”. “Estuve actuando de mala fe todo ese tiempo”, reconocía Walker en 2012. “Debería haber dicho ‘olvídense’ e irme. Pero no lo hice, seguí haciendo esos discos horribles”.
Tras editar tres álbumes en la reunión de los Walker Brothers, entre 1975 y 1978 (incluido el muy interesante y bastante experimental Night Flights), Walker regresaría a su carrera solista con Climate of Hunter en 1984. El disco mostró un compositor más arriesgado que nunca y eso, aunque aplaudido por la crítica, daría como resultado el disco menos vendido de la historia del sello Virgin Records. Climate of Hunter es considerado el trabajo que da inicio a la fase más experimental y contemporánea del compositor.
Luego de Climate of Hunter, deberían pasar diez años hasta una nueva entrega del radicalizado exartista pop. Tilt, editado en 1995, sería el disco número 12 de la carrera del cantautor y lo mostraría metido por completo en su nuevo mundo. Un mundo en donde el ruido y las melodías sirven para crear paisajes oscuros que van desde lo casi lírico al puro noise. Tilt sería descrito por la crítica como “el viento que golpea las catedrales góticas en las pesadillas favoritas de todos”: sombrío, con ecos de la música industrial de entonces, aires minimalistas y letras que más que cantadas parecen haber sido derramadas sobre la música.
El giro de la música de Walker a partir de aquí fue total y se vería confirmado con su siguiente disco, The Drift, editado once años más tarde, en 2006. Trabajando a partir de lo que el propio artista definió como “bloques de sonido”, apenas tiene rastros de rock y nada del pop que alguna vez caracterizara a Walker. El rumbo de Walker se reafirmaría con su último disco en solitario, Bish Bosh, caracterizado por sus melodías paranoicas, el uso extensivo de oscuros sintetizadores y un aire decididamente opresivo y abstracto.
Finalmente, y tras colaborar con artistas tan diversos como la banda de drone metal Sunn O))) en 2014 y realizar un soundtrack en 2016, Scott Walker falleció el viernes 22 de marzo. Su trayectoria artística resume uno de los giros más personales, extremos y arriesgados que jamás haya experimentado un artista pop.