La evolución del salario real es objeto de discusión recurrente entre oficialismo y oposición. Su caída, más o menos generalizada desde principios de la pandemia, ha sido una de las banderas que más han hecho ondear desde filas frenteamplistas para criticar la acción del gobierno. De hecho, en medio de una nueva ronda de negociación colectiva, el empleado promedio ha perdido más de 2% de su nivel de compra respecto a diciembre de 2019, y desde las cámaras empresariales pretenden contratar nuevos trabajadores con sueldos por debajo de los laudos mínimos. Sin embargo, los obreros de la construcción y los empleados municipales perciben hoy un ingreso mayor.
El poder de los sueldos depende del monto nominal pagado y también de la inflación (el aumento sostenido y generalizado de los precios de bienes y servicios), que en junio se aceleró (7,3%), según datos del Instituto Nacional de Estadística. Descontando ese efecto inflacionario se llega al salario real o poder adquisitivo salarial.
Desde fines de 2019, los salarios que más cayeron fueron los del transporte (–4,8%), la enseñanza (–3,6%) y el comercio minorista (–3,4%). En cambio, la construcción registra una suba de 1,2%, aunque con menos trabajadores ocupados (1,5%), según la cámara sectorial.
Por el lado del sector público, los funcionarios del gobierno central y las empresas públicas perdieron 1,4% y 2,7%, respectivamente, mientras que los municipales ganaron 1,3%, superando incluso a los trabajadores de la construcción.
De hecho, si se considera la variación acumulada pero en promedio de los últimos 12 meses, fueron los únicos que percibieron un aumento real (0,5%).
Trayectoria
La primera caída se produjo en febrero de 2020. Entonces, incluso antes de la llegada del Covid-19 a Uruguay, el salario real había bajado levemente moderando la suba acumulada por el aumento decretado por el Poder Ejecutivo en aquel enero.
En marzo, con una economía que venía debilitada y un mercado laboral resentido, los primeros efectos de la pandemia comenzaron a verse: los empleados de todos los sectores vieron reducido su poder de compra por primera vez.
En abril, sin embargo, y pese a la entrada en vigencia del Impuesto Covid-19, los salarios municipales comenzaron su recuperación al permanecer prácticamente incambiados mientras en los demás sectores —incluidos el gobierno central y las empresas públicas— las pérdidas se acentuaban. Ese mes, para la mayoría de las ramas, se dieron las caídas más altas.
Dos meses más tarde, en tanto, pasado el confinamiento y retomando poco a poco la actividad, la construcción era la rama que acumulaba la mayor pérdida de poder adquisitivo (–5,6%). De hecho, y aunque los primeros indicios de estabilización se habían registrado en mayo, hubo que esperar hasta el aumento salarial de julio para identificar la primera recuperación. La variación mensual fue positiva (6,6%) y logró así revertir la caída acumulada hasta entonces. Ese mismo mes los empleados municipales anotaron su tercera suba consecutiva, consiguiendo a su vez dar vuelta la situación, algo que también habían logrado —al menos hasta ese momento— los empleados de actividades inmobiliarias.
Sin embargo, a la luz de los resultados, estos aumentos no respondieron a una recuperación de la actividad económica, sino al cumplimiento del acuerdo salarial entre empresarios y trabajadores. De hecho, durante los meses que siguieron —tercer trimestre de 2020— y pese a que el Producto Bruto Interno repuntó en ese período todas las ramas privadas tuvieron pérdidas de salario real.
Por el lado del sector público, la única suba se registró en el caso de los empleados municipales, en octubre. Diciembre fue un mes levemente positivo, aunque el resultado acumulado era negativo para todos los trabajadores, a excepción de los departamentales.
Nueva ola
El 2021 comenzó con expectativas e indicios de recuperación, con las previsiones de crecimiento que el Ministerio de Economía y Finanzas ubicaba en 3,5% o, en el mercado laboral, el aumento de los salarios en casi todos los grupos, aunque algunos —como la enseñanza y la construcción— se rezagaban.
Sin embargo, la llegada de una nueva ola de contagios volvió a afectar el nivel de actividad y generó una nueva caída generalizada. Entre enero y marzo, la gran mayoría de los sectores se vio afectada, con la excepción de la enseñanza, que tuvo un aumento de 1,3% en febrero.
Desde entonces, muchos sectores tuvieron, si no una recuperación, al menos pérdidas algo menores en abril —se destacaron nuevamente la construcción (5,2%) y los trabajadores municipales (0,8%)— y un leve retroceso en mayo.
Así, en el acumulado desde diciembre de 2019 y a la espera de los datos de cierre del segundo trimestre, las únicas dos ramas que hoy en día ofrecen mejores sueldos promedios son los municipios (1,3%) y la construcción (1,2%), aunque las trayectorias —al menos hasta ahora— parecen responder más a empujes puntuales producto de los aumentos fijados que a una mejora en la coyuntura económica. Así lo sugieren, por ejemplo, las variaciones acumuladas promedio: con esta metodología, los únicos que percibieron un aumento real mínimamente sostenido fueron los empleados municipales.

Negociación
A este respecto, el presidente de la Cámara de Industrias Alfredo Antía dijo el lunes 6 a Subrayado que “la recuperación no está dada”, por lo que los salarios tampoco pueden hacerlo aún. En la misma línea se había expresado días atrás el presidente de la Cámara de Comercio Daniel Sapelli: “En este contexto, me parece imposible pensar en un aumento de sueldo”, dijo en entrevista con El Observador.
Además, Antía indicó que en el marco de una nueva instancia de negociación tripartita las cámaras empresariales plantearán la posibilidad de habilitar la incorporación de nuevos trabajadores con salarios por debajo de los laudos acordados en instancias anteriores, que consideró “altos” y un “impedimento” a las contrataciones.
Por su parte, el secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala, dijo a la diaria que este planteo “no solamente es inaplicable”, sino también “ilegal”, y agregó que “no hay forma, no se puede acordar nada sobre esta base”.
Además, Abdala argumentó a favor de no contraponer trabajo y salario porque “en definitiva la depresión más grande” del mercado laboral responde a una crisis de “demanda interna. Es decir, aquí nadie ha parado de exportar, lo que se ha dañado con la pandemia es el consumo interno. Entonces, por el contrario, para nosotros, el trabajo genera salario y el salario genera trabajo”, razonó.
El miércoles 7 autoridades del Ministerio de Trabajo se reunieron por primera vez con los representantes de los sindicatos y las cámaras empresariales para presentar las pautas de cara a la novena ronda de negociación.
* El título original refería a "obreros" y fue modificado para precisar que se trata del personal de la industria de la construcción, y de todas las categorías de ocupación dentro de ese sector.