Estamos en plena pandemia. Pico de incertidumbre y paranoia mundial. La gran mayoría de los uruguayos están encerrados en sus casas. Aislamiento voluntario, libertad responsable. La actividad económica y social con las luces bajas. No hay educación presencial. Es la época del Zoom y las conferencias de prensa diarias desde la Torre Ejecutiva a la hora de los informativos centrales. La gente reunida frente al televisor para enterarse de lo que está pasando. El coronavirus en prime time. Además del presidente de la República, Luis Lacalle Pou, que se estrena como un mandatario con un buen manejo de la comunicación en crisis, aparecen otros miembros del gabinete sumando minutos de pantalla como destacados actores de reparto. El secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, es uno de ellos. También el ministro de Salud, Daniel Salinas, que tras algún tropezón inicial comienza a ganar confianza y popularidad. Y el otro, sin discusión posible, es el canciller Ernesto Talvi.
Un ministro de Relaciones Exteriores con las fronteras cerradas. Uno que no podía viajar, y entonces se dedicó a repatriar uruguayos. En esa pandemia televisada minuto a minuto, el canciller ganó importancia. El representante de los colorados, uno de los principales líderes de la coalición, también se estrenó en un cargo al que supo sacarle jugo en medio de la adversidad más improbable. Fue, quizás, uno de los rostros más empáticos durante el momento de ebullición de las cuarentenas en el mundo. El ancla de los uruguayos varados en el exterior; el que se dejaba ver en el aeropuerto recibiendo a sus compatriotas que llegaban directamente a agradecerle, con el entusiasmo reprimido que generaba la distancia social, las gestiones diplomáticas realizadas para volver a casa. O el que ayudó a bajar de a uno a los pasajeros extranjeros del crucero turístico Greg Mortimer, que recaló en aguas uruguayas porque ningún otro país de la región se quiso hacer cargo de lo que ocurriera con gente infectada a la deriva. Todo en vivo y en directo. Bajo esos focos, con una exposición permanente, estuvo Talvi durante los primeros meses de gobierno. Es que no había mucho más para hacer. Los principales actores políticos de esta administración estuvieron bailando al ritmo que imponía la pandemia.
Casi a mediados del primer año de gobierno, cuando el presidente empezó a mover algunas de las perillas que manejaban la movilidad, a medida que Uruguay recobró algo más parecido a la normalidad y la política pura y dura ganó otro terreno, el canciller se fue desdibujando. Fue extraño. Primero hubo choques frontales con la cúpula presidencial, con el piso 11 de la Torre Ejecutiva. Discusiones sobre los roles y límites de cada uno. Era una cuestión que se arrastraba desde meses atrás y que emergió cuando se fue corriendo mínimamente el velo de la pandemia. Talvi reclamaba una mayor participación en la toma de algunas decisiones, sin tener en cuenta que integraba un gobierno absolutamente presidencialista. Antes incluso del 1o de marzo, cuando era canciller designado y hacía una ronda de entrevistas informales con embajadores, se molestaba cuando alguien hacía mención al gobierno de Lacalle Pou. “Es el gobierno de la coalición”, corregía Talvi en esas conversaciones.
Las diferencias se fueron haciendo visibles. No solo con la Torre Ejecutiva, también con su equipo en Cancillería. Hubo un cortocircuito sobre la mirada desde el gobierno a Venezuela. Talvi dijo a El Observador que como canciller no le correspondía calificar como dictadura al gobierno de Nicolás Maduro. Después todo fue rápido. Una reunión en el despacho de Lacalle Pou, rumores audibles sobre un posible paso al costado al finalizar el primer año de gobierno. En julio de 2020 le entregó la carta de renuncia al presidente. “Mi intención era seguir en la Cancillería hasta fin de año durante la presidencia pro témpore del Uruguay en el Mercosur”, escribió en un comunicado de despedida.
Talvi intentó mantenerse activo políticamente tras su salida de Cancillería, pero su participación se fue diluyendo. Su último tuit, relacionado con cuestiones de la pandemia, fue en noviembre de 2020. Después desapareció. Tras su renuncia, cortó todo tipo de comunicación con la Torre Ejecutiva. “Nunca más” hubo diálogo con el presidente Lacalle Pou ni con el secretario Álvaro Delgado, confirmaron a Búsqueda distintas fuentes políticas.
Una decisión de vida
¿Dónde está Talvi? La pregunta se hizo cada vez más frecuente en los corrillos políticos. Una interrogante que abarcaba a propios y extraños. Desde la gente que lo votó como candidato a presidente hasta técnicos y dirigentes que él mismo acercó al gobierno y que después quedaron en una situación de orfandad tras su imprevisto alejamiento. Talvi reparte su tiempo entre Madrid y Montevideo. Lo que lo ata a España, de forma temporal, son “problemas familiares”, dijeron a Búsqueda fuentes de su entorno. Alejado completamente de la actividad política, está dedicado a actividades académicas internacionales y trabajando como consultor independiente.
“Renuncié a la política como una decisión de vida, es una puerta que está definitivamente cerrada”, le transmitió a su entorno más cercano, según pudo saber Búsqueda.

Ernesto Talvo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
Salida en cuotas
No son pocos los dirigentes colorados que interpretan que en la salida de Talvi su problema familiar no fue determinante, sino que un “componente importante” fue la serie de desconexiones políticas no ya únicamente con el sistema, también con su partido e incluso con parte de su sector, Ciudadanos. De hecho, fuentes cercanas al excandidato sostienen que las cuestiones familiares a las que hoy Talvi está dedicado de lleno son incluso anteriores a sus épocas de ministro.
Como outsider, tuvo una relación inusual con Ciudadanos, diferente a la que otros líderes políticos suelen tener con sus sectores y sus partidos. Ciudadanos no fue construido principalmente por él sino alrededor de él, y eso también produjo desconexiones internas. Ya en campaña, varios dirigentes y legisladores de este grupo hablan de una fuerte separación entre la fila política del sector y los cuerpos técnicos. Talvi fue el coordinador principal de esta última columna, pero delegó el grueso de la tarea política en el hoy ministro de Ambiente, Adrián Peña, que era la principal referencia para muchos de los hoy legisladores.
“No era fácil llegar a Talvi”, dijo a Búsqueda un legislador oficialista. Desde la columna técnica reconocieron que había una “clara división” que los mantenía alejados de los dirigentes políticos. El “error” fue “no vincularnos más los unos con los otros”, señalaron.
Todavía en campaña, la decisión de Talvi de designar a su principal contrincante, el expresidente Julio María Sanguinetti, como secretario general del Partido Colorado fue entendida por la columna política de Ciudadanos como un gran error. La relación con el expresidente se deterioró rápidamente cuando el exmandatario decidió regalarle un cuadro de Alfredo Testoni a Lacalle Pou días antes de asumir. El hecho molestó a Talvi, que sentía que no era parte del diálogo entre partidos, y a partir de allí el diálogo se cortó. Siguieron diferencias sobre el destino del hijo del expresidente, Julio Luis Sanguinetti, cuyo nombre fue vetado por el líder de Ciudadanos para ocupar un lugar en la Comisión Administradora del Río Uruguay.
Una vez alejado de la Cancillería, los referentes más cercanos de Ciudadanos le sugirieron a Talvi que no renuncie a la banca en la Cámara Alta e incluso se tome un descanso hasta fin de año y asuma meses después. No hubo caso. “Tenía un temperamento muy particular, como una ira; a veces se enojaba muchísimo y luego daba marcha atrás”, relataron varios dirigentes del sector.
La decisión de abandonar la actividad política, dada a conocer el domingo 26 de julio, tuvo un condimento adicional en Ciudadanos: muchos dirigentes estaban ya en plena campaña de cara a las elecciones departamentales que tendrían lugar tan solo dos meses después.
Talvi no se desvinculó de su sector de la noche a la mañana. Tras su anuncio, el excanciller seguía yendo a la sede con frecuencia y desde allí se proponía contribuir con un perfil más técnico. “Él entendía que Ciudadanos había quedado a medio camino en su desarrollo y se puso a trabajar en eso”, dijo un integrante del sector, de perfil técnico. En paralelo, crecía la figura del entonces senador Adrián Peña, que había sido el principal negociador en la aprobación de la Ley de Urgente Consideración y que un mes después del alejamiento de Talvi se convertiría en el primer ministro de Ambiente. En los equipos técnicos de Ciudadanos que Talvi lideraba, sin embargo, Peña no era el candidato cantado a ese ministerio, sino el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina, ahora presidente de la Comisión del Plan de Fomento de la Agroecología y por entonces “referente” en temas ambientales en esos cuadros.
En octubre, algunos dirigentes como el abogado penalista Andrés Ojeda y el entonces ministro de Ganadería, Carlos María Uriarte, habían comenzado gestiones para el regreso del excanciller a la arena política. En los primeros días de noviembre, Talvi reactivó su cuenta de Twitter y comentó algunos anuncios del presidente del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública, Robert Silva, y algunas advertencias del Grupo Asesor Científico Honorario sobre la evolución de la pandemia, que por entonces comenzaba a complicarse. Estos movimientos generaron incertidumbre y curiosidad en Ciudadanos. Un dirigente que tenía contacto con él dijo que por esos días Talvi estaba dudando de su decisión inicial.
Cualquier amague a la vuelta quedó por el camino luego de una reunión de Ciudadanos el lunes 23 de noviembre, 11 días después de haber publicado su último tuit, en donde ratificó el retiro de la política a la dirigencia de su sector.
Mientras algunos dirigentes como el diputado Ope Pasquet cuestionaron a Uriarte y Ojeda por haber insistido en su vuelta, otros sostienen, por lo bajo, que al intimarlo a que diera un pronunciamiento los dirigentes de Ciudadanos en los hechos habían “echado” a Talvi del sector.
“Había dicho que se iba definitivamente y pocos meses después estaba llamando a dirigentes y viendo encuestas, entonces le pedimos que se decidiera”, relató otro legislador.
Lo cierto es que lo de esa noche fue la última expresión política que hizo. “Amagaba a volver y fue como un ‘estate quieto’. A partir de ahí sí se acabó la cosa”, dijo un dirigente que tenía contacto asiduo con él.
Hoy Talvi tiene un contacto muy esporádico con algunos legisladores, a quienes saluda en ocasiones puntuales. De política ya no habla con ninguno.
Contratapa
2022-05-19T00:25:00
2022-05-19T00:25:00